El pasado domingo 13 de marzo el escritor mexicano Juan Villoro,
ganador del premio Herralde 2004 por su novela El testigo, participó en
el foro “La ciudad postapolíptica. La crónica aérea”, que sobre el
género de la crónica organizaron la revista Plátanoverde y la Fundación para
la Cultura Urbana.
En la actividad, que se realizó en la sala de la
Cinemateca Nacional, ubicada en la Galería de Arte Nacional de Caracas, en el
marco de la exposición Caracas Cenital organizada por la fundación, Villoro
estuvo acompañado por los ponentes venezolanos Boris Muñoz, William Niño y
Tulio Hernández (moderador).
Villoro había presentado previamente El testigo
en la Bienal Mariano Picón Salas, en Mérida, ciudad a la que visita por
tercera vez y en cuya bienal ya había estado en su primera edición, en 1991.
“Ahí he conocido a algunos de los más estimulantes escritores del idioma
antes de que sean conocidos por el gran público”, explicó el autor en
entrevista con Ana María Hernández en el diario caraqueño El Universal.
Villoro dijo haber conocido, en aquella primera
edición de la bienal merideña, a autores venezolanos de la talla de Oswaldo
Trejo, Salvador Garmendia, José Balza, Juan Sánchez Peláez, Juan Nuño, Luis
Britto García, Victoria de Stefano y Eugenio Montejo, entre otros.
Acotó en la misma entrevista que los libros que
mayor éxito le han granjeado han sido los que ha escrito para niños de 10 a 13
años. “De modo que quizá ese sea mi horizonte intelectual más fecundo, lo
cual me llena de gusto porque se trata de lectores sumamente exigentes, que no
leen por esnobisno ni por moda y que te cambian por el Nintendo si no los
satisfaces. En cuanto a la competencia con otros medios, creo que los niños de
hoy pueden jugar con plastilina, computadoras y leer libros; se trata de
opciones creativas muy distintas. Hay menos propaganda para los libros, pero una
vez contraído el hábito descubres que nada se le parece”.
Sobre el tema de la piratería explicó que, aunque
las fotocopias, la edición ilegal y la consulta no remunerada de libros en las
bibliotecas lesionan los derechos de autor, “en la situación actual, para
miles de latinoamericanos, el acceso a los libros sólo es posible si no los
compran. Buena parte del trabajo que hago es gratuito precisamente por eso. No
se puede someter la cultura en América Latina a las leyes del mercado. Sólo
cuando los libros están al alcance de todos eso será posible”.