El investigador argentino Alejandro Vaccaro, biógrafo de Jorge
Luis Borges, estuvo en Madrid a mediados de este mes para presentar ante los
medios españoles su libro El señor Borges, que recoge quince años de
conversaciones con Epifanía Uveda de Robledo, la criada del genial escritor
durante treinta y cinco años y que es más conocida como “Fanny”.
Vaccaro insiste en que, a pesar de abordar temas de
la vida privada de Borges, el libro no accede a territorios escabrosos. “Es
Borges en pijama, pero no en ropa interior”, afirmó. Sobre Fanny, el
investigador dijo que “es una mujer iletrada, humilde, sencilla y honesta”
que “vive con poco, de lo que le dan los amigos de Borges, pero no le guarda
rencor a Kodama”, haciendo referencia a la alteración en el testamento de
Borges, ordenada según Vaccaro por Kodama, para excluir a Fanny de la herencia.
“Kodama vive ahora con mucha plata, tiene un piso en París, otro en Buenos
Aires y otro en Ginebra, y viaja por todo el mundo en primera clase”, denuncia
Vaccaro.
Sobre el premio Nobel, el libro revela que, pese a
que Borges solía declarar a los periodistas que no merecía el galardón,
íntimamente lo deseaba. “La última vez que, por supuesto, tampoco le dieron
el premio Nobel, se juntaron un montón de periodistas pensando que ese año sí
se lo iban a dar. Hacían guardia durante todo el día y entonces, cuando llegó
la noticia, empezaron a decir que no, que no se lo habían dado y el señor se
puso muy mal. Él pensaba que sí, porque sentía que él se merecía ese
premio... Pero había uno que mandaba más en esa parte del mundo y dijo: ‘Mientras
yo viva, Borges no va a ser el premio Nobel’. El señor se ponía muy triste”.
El libro abunda en descripciones de la relación
entre Borges y las mujeres que le rodeaban, y sugiere que el autor de El
Aleph sufría complejo de Edipo: muerta su madre, Leonor Rita Acevedo,
Borges seguía hablándole a los pies de su cama vacía. “ ‘Madre, ya estoy
de vuelta, hoy fuimos a cenar con Silvina y Adolfito, comí tal cosa, estoy bien’.
Y así hasta el último día que estuvo en Buenos Aires”, explica Fanny. “Porque
ésa era una costumbre que él tenía de toda la vida. Cuando volvía tarde la
señora estaba en la cama y él se paraba en la puerta y le contaba todo.
Después iba a su habitación, se ponía el pijama y estiraba la mano, ¿para
qué? Para que yo le diera caramelos, le ponía dos caramelos, todas las noches,
y un pañuelo arriba de la almohada mojado con colonia. Para mí era como un
bebé”.
Según el libro, doña Leonor habría alertado sobre
lo que consideraba las verdaderas intenciones de María Kodama respecto a su
hijo. “Un día María se quedó después que se fueron todos y se puso a
charlar con doña Leonor. La madre del señor Borges se daba cuenta de todo
cuanto acontecía a su alrededor. Entonces le preguntó: ‘¿Usted está
enamorada de Georgie?’. Kodama, tal vez un poco sorprendida por la pregunta,
le contestó que no, que ella estaba enamorada de la literatura de Borges pero
no del hombre. Cuando María Kodama se fue, doña Leonor dijo en voz alta, pero
como hablando para sí misma: ‘Esa piel amarilla se va a quedar con todo’
”.
Según Vaccaro, Borges “necesitaba mujeres
dominantes”, de ahí que se divorciara de su primera mujer y encontrara en su
amante Viviana Aguilar a la mujer intelectual perfecta para él. De María
Kodama, Vaccaro cuenta, según le relató Fanny, que nunca llegó a vivir con
ella y consideró “inverosímil” que fuera el amor lo que les uniera. “Borges
tuvo siempre relaciones amorosas no correspondidas”, precisó.
Revela también aspectos extraños de la
personalidad del escritor. “En una ocasión vinieron a verlo unas mujeres, que
tenían una entrevista con él (...). El señor se divirtió mucho con ellas y
estaba muy alegre. Cuando ellas se fueron vino la pregunta de rigor: “Fanny,
cómo eran estas mujeres que me vinieron a ver?’. ‘Eran negritas, tenían la
piel de color negro’. La cara del señor se fue transformando de a poco y se
enojó mucho conmigo, por no haberle avisado, antes de que entraran, de que las
alegres chicas que lo habían entretenido durante casi toda la tarde eran de
piel negra. Eran actitudes extrañas, casi incompresibles para mí”.
Vaccaro, presidente de la Asociación Borgeseana de
Buenos Aires, defiende su libro. “Se trata de un libro serio que hace una
clara línea divisoria entre las intimidades y la vida cotidiana del literato.
(...) Es un libro sobre la cotidianidad del hombre que creó algunas de las
mejores páginas de la literatura en español”, afirmó.
Fanny había reticente en otras ocasiones a hablar
de su “señor” pero con Vaccaro hubo una especial sintonía. “Fanny tuvo
más de 100 propuestas suculentas para hablar de Borges y no lo hizo. Siempre
las rechazó. En mí encontró otra voz diferente para dar sentido a sus
palabras”, matizó Vaccaro, quien contrastó todas las palabras de Fanny pese
a saber que ella “nunca miente”.
“Fanny es una mujer simple, humilde, que tuvo la
dicha de cruzarse con la familia Borges y le dedicó lo mejor de sus años. No
creo que nunca supiera la importancia que tuvo Borges”, agregó Vaccaro, quien
afirma tener aún muchas cosas que contar sobre el genio argentino, por lo que
ya anunció la publicación próxima de sus novelas El manuscrito Borges y
Leonor Acevedo pide la palabra.