Noticias
José Antonio Millán publica Perdón imposible,
libro sobre puntuación
¡Comparte este contenido! Compartir en Facebook Compartir en X Compartir en WhatsApp Enviar por correo

Perdón imposible, el más reciente libro del lingüista español José Antonio Millán (Madrid, 1954), y que llegó a las librerías el pasado 22 de marzo, es una “guía para una puntuación más rica y consciente”.

Su título alude a una historia que circula atribuida a Carlos V según la cual el monarca estaba a punto de firmar la confirmación de una sentencia, que decía: “Perdón imposible, que cumpla su condena”... Pero, movido por una magnanimidad repentina, decidió mover la coma de sitio: “Perdón, imposible que cumpla su condena”, salvando la vida del reo.

Anécdotas semejantes, referidas a todos los signos de puntuación, se encuentran a través de toda la obra. Millán explicó que, tras el éxito de la británica Eats, shoots & leaves, de Lynne Truss —un tratado de puntuación que ha vendido cientos de miles de ejemplares—, se planteó hacer algo similar pero, al ser diferentes las reglas del inglés y el castellano, una traducción “no era la mejor idea”, por lo que se decidió a “hacer una obra nueva pero conservando el tono, es decir, dirigiéndose a todo el mundo, y no sólo a los filólogos”.

Millán constata que, a diferencia de otras lenguas, en la puntuación española “no existe una norma culta tajante” y, así, en nuestros escritos reina una anarquía de criterios que “convierte puntuar en una actividad creativa más, seña de estilo”.

El libro repasa la historia de la puntuación, desde los tiempos en que todos los textos se escribían juntos —sin separación entre palabras— y en mayúsculas, por lo que había que ser un experto para descifrarlos enseguida. De ahí que en el Satiricón de Petronio, cuando el rico Trimalción es sorprendido besando a un joven, se justifique así: “No porque sea guapo, sino porque es excelente: sabe dividir por diez, lee a simple vista”.

El sistema de puntuación también es fruto de los azares de la historia. Borges se lamentó de que, junto a los signos de interrogación o admiración, tan aceptados, no se hubieran ensayado los “de indecisión, de conmiseración, de ternura”, matices que el lenguaje oral o gestual sí alcanzan a expresar. Millán añade otro vacío: “La exclamación indica un tono de voz elevado, pero no tenemos un signo para indicar el susurro”.

Perdón imposible contiene ejemplos extraídos de libros de cocina, leyes, manuales de instrucciones, diarios, poemas, enciclopedias... “Una receta mal puntuada puede conducirnos al desastre”, apunta el autor.

Las comas —“alegres, diversas, múltiples, minuciosas, salvadoras pero modestas”, en palabras de Guillermo Cabrera Infante— ocupan los primeros capítulos de la obra, seguidas por el punto y coma, los dos puntos, el punto y los puntos suspensivos; después vienen el paréntesis y las rayas, los signos de entonación, las comillas, el guión, el apóstrofo e incluso la ausencia de puntuación.

Hay, además, tres capítulos entre paréntesis —es decir, “de lectura optativa”—: uno sobre El Quijote, otro sobre las traducciones y un tercero sobre los signos en combinación.

La atención especial a El Quijote ha sido en virtud de que Cervantes —como casi todos los escritores del siglo XVII— escribía sin puntuación, que le era añadida por el impresor, quien, además, no ponía puntos y aparte; es decir, que “el 95% de la puntuación que conocemos del Quijote se la hemos añadido nosotros, o Paco Rico, para hacerlo más claro”.

Asimismo, los lectores que lo deseen pueden consultar en Internet un suplemento de la obra: ahí ha publicado Millán las notas, referencias exactas de las citas, bibliografía, fuentes, comentarios e ilustraciones que no aparecen en la manejable edición impresa del libro. También hay un concurso, que se renueva mensualmente, en el que se debe puntuar correctamente un texto, así como “ejemplos de puntuaciones raras, extrañas o malas”, donde abundan los titulares de periódicos.