Sala de ensayo
Ilustración: Rob ColvinLa televisión como parte de un proceso educativo

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Los medios de comunicación están presentes en nuestra vida diaria, forman parte de nuestra cultura y modifican, en ocasiones, nuestras formas de percepción. Es en este proceso en donde se manifiesta algún tipo de contacto con la realidad o, mejor dicho, se representa una forma de realidad. Sabemos, por experiencia propia, que los medios de comunicación informan, entretienen y, de algún modo, educan.

El contacto cotidiano con éstos ha transformado la cultura y la sociedad. No se puede hablar de un proceso corto, sino de una transformación lenta y dinámica; con esto me refiero a que está en constante cambio. Por eso se puede decir que vivimos inmersos en una cultura mediática, en donde “se nos presenta un flujo constante de palabras e imágenes, información e ideas, relacionados con los sucesos que ocurren más allá de nuestro medio social inmediato”.1

Los medios de comunicación son también medios de difusión de la cultura —en el sentido más amplio de la palabra— porque muestran lo que sucede en nuestra sociedad o en diversos países. Tienen diversas características dependiendo de su formación y, por lo tanto, diferentes públicos.

La idea que mueve a este trabajo es hacer una reflexión sobre los medios de comunicación, en especial la televisión, y el papel que ha jugado la educación en éste. Es de mi interés saber por qué la educación no es uno de los papeles importantes de la televisión; con esto no quiero decir que descarto de antemano la idea de que no existen programas educativos, sino que no existe una fuerte inversión en este tipo de programas. Me inquieta creer que la televisión se ha ido desarrollando dentro de un modelo comercial y que, en ocasiones, no se centra en aprovechar sus recursos para tener una mayor difusión cultural. Es cierto que esto radica en la función del Estado, pero considero que la televisión podría tener un mayor alcance de educación por las características de inmediatez y continuidad; es decir, si aprovechamos el alcance que tiene actualmente la televisión y fomentamos la programación de otros contenidos, quisiera pensar que podemos llegar a tener un nivel más alto de educación en la sociedad.

No rechazo la idea de tener programas de entretenimiento, sino de elevar la calidad de los proyectos. Al referirme a educación quiero decir que es necesario que los programas tengan una función social. Podrían decirme que un talk show o un reality show, como es Big Brother, tiene una posible función social porque refleja la convivencia de doce personas desconocidas, en una realidad diferente a la que vivía cada uno de ellos y los problemas que se pueden llegar a dar entre los seres humanos. Esto es cierto, pero para que el espectador interprete o esté consciente del tipo de programa que está viendo, es necesario educarlo antes.

“Quien hace televisión debe saber que toma parte en la educación de los unos y de los otros”2 y por tanto, tiene la capacidad de enseñanza. Es claro que actualmente la televisión educa; se preguntarán cómo, y educa en el sentido de que la percepción del individuo cambia, la actitud y también la relación entre los demás sujetos y su realidad. El problema radica en cómo está educando, es decir, los contenidos de los programas, quisiera excluir, un poco de esta reflexión, el canal once y el veintidós, ya que tienen programas de mayor carácter social, ético, cultural y por tanto educativo.

“Actualmente coexiste (...) el hábito de señalar la escuela como correctora necesaria de todos los vicios e insuficiencias culturales”,3 pero qué papel juegan los medios de comunicación, y en este caso la televisión, en la formación de individuos educados y conscientes. “Cualquiera diría por lo tanto que los encargados de esa primera enseñanza de tan radical importancia son los profesionales”,4 esto es los que han estudiado para hacerlo; pero no es así, cualquiera de nosotros tiene la capacidad y el compromiso social de educar, en muchas ocasiones, a partir de la experiencia. Y entonces, ¿por qué la televisión no tiene en su mayoría programas educativos? Esto corresponde analizarlo también desde la función del Estado, porque es obligación de éste contar con la capacidad de producción e inversión en programas de este tipo y así hacer valer su 12,5% del tiempo oficial de las televisoras que han sido concesionadas a particulares. En gran medida este hueco en la programación considero que se debe a la falta de continuidad de los proyectos que se dan en cada sexenio y a la poca inversión o recursos en materia de educación. Si bien es cierto que han existido propuestas por parte del Estado, también lo es que se han quedado sólo en buenos deseos y no se han retomado en los gobiernos posteriores.

Pero, ¿qué pasa con la función social que debería tener la televisión?, ¿por qué los dueños de estos medios no invierten en productos educativos?

Esto se debe en su mayoría a los intereses económicos de los empresarios. Aprecio, como juicio a priori, que estos intereses se verían afectados con una programación cultural y educativa, ya que no les comprarían espacios para publicidad porque el programa no tendría mucha audiencia. Entonces, también estoy estableciendo que el público no está acostumbrado a ver este tipo de contenidos y es cierto, la mayoría no lo está, pero cómo estarlo si están en gran contacto con programas comerciales. Uso la categoría de comerciales, no como programas malos sino como programas que tienen un interés lucrativo de por medio. Aquí se abre otra pregunta: ¿quién ha dicho que es malo lucrar o tener ganancias de los proyectos? No lo considero malo, sólo establezco la necesidad de abrir más espacios educativos y de elevar la calidad de los productos televisivos.

“En el campo educativo (...) poco se habrá avanzado mientras la enseñanza (...) no sea prioritaria en inversión de recursos, en atención institucional y también como centro del interés público”,5 pero ¿qué entendemos por enseñar?, según Poper “significa influir (...) [en el] ambiente [de cada sujeto] de tal manera que puedan prepararse para sus futuras tareas: la tarea de convertirse en ciudadanos, la tarea de ganar dinero, la tarea de convertirse en padres y madres para una nueva generación (...)”.6 La televisión ayudaría con estas tareas que tiene obligación de cumplir el Estado.

Entonces, estoy mencionando una relación entre el Estado y los medios de comunicación, y así es, el Estado debe mantener informados a los miembros de su sociedad y tiene la obligación de darle educación a cada uno de ellos, y la televisión puede ser un instrumento para lograrlo. Por eso Castoriadis le da un papel fundamental a la educación al decir que es el centro de una sociedad democrática, “porque una sociedad democrática, en tanto sociedad reflexiva, debe apelar constantemente a la actividad lúcida y a la opinión ilustrada de todos los ciudadanos”,7“deben aprender que la educación es necesaria en cualquier sociedad civilizada”.8 Según Savater “lo primero que la educación transmite a cada uno de los seres pensantes es que no somos únicos, que nuestra condición implica el intercambio significativo con otros (...)”.9 La educación nos da el valor de intercambio y de tolerancia, al reconocer nuestras deficiencias y al saber que estamos en contacto con un medio social y que nosotros no somos los únicos que formamos parte de él; tenemos la posibilidad de llegar a una sociedad democrática, más igualitaria y más tolerante. Tal vez estos planteamientos sean un poco idealistas, pero considero que si empezamos a darle importancia al papel que los medios de comunicación están teniendo actualmente, podrían ser instrumentos para ir lográndolos.

Hemos visto que la televisión es el contacto que se tiene con la posible realidad, desde los niños hasta los ancianos, es por eso que es un punto central de partida. Los niños se educan con lo que ven y no tienen todavía la capacidad de decidir si es bueno o no, si les deja algo o por qué lo están viendo, es por eso que planteo la necesidad de atacar esos huecos educativos a los que se enfrentan, es decir aprender y educar de una manera entretenida y lúdica, porque si los sujetos ven televisión es porque les entretiene, la propuesta está en hacer programas educativos con carácter lúdico. Es por esto que se dice que “no es necesario apagar el aparato del televisor, sino prender el aparato de la razón”, porque al tener un nivel más alto de educación se puede ver un programa con responsabilidad y con el conocimiento previo de por qué se está viendo y qué es lo que nos interesa del programa. “En líneas generales la educación, orientada a la formación del alma y el cultivo respetuoso de los valores morales y patrióticos, siempre ha sido considerada de más alto rango que la instrucción, que da a conocer destrezas técnicas o teorías científicas”,10 porque la educación parte de la experiencia que el sujeto tiene con relación a un acontecimiento.

Al principio mencioné que el contacto diario con los medios de comunicación ha transformado la cultura y la sociedad, pero específicamente, ¿de qué manera se ha logrado esta transformación con la televisión? Aquí hay varios puntos importantes, pero uno de ellos es el que más me interesa, antes de mencionarlo quiero decir que la forma de percibir la imagen ha cambiado y se ha redefinido la concepción de mirada. Esto ha ayudado a que los contenidos sean cada vez más específicos y así llegar al punto que me inquietaba, que es la fragmentación. El surgimiento de nuevos medios de comunicación ha hecho que cada uno tenga su público y características específicas, en el caso de la televisión se ha intentado mantener la mayor parte del público que puede estar en contacto con otros medios, esto a través de la segmentación de sus contenidos.

Al fragmentar el tema de su programación, fragmenta también al público manteniéndolo sólo en un tipo específico de interés. Desde mi perspectiva es en este punto donde radica uno de los problemas de la carencia de programas educativos dentro de la televisión, porque al dividir los gustos se dividen también las formas de identificación, esto conlleva a que el público sólo busque contenidos con los que se identifica y por tanto no le interesen las demás opciones. Entonces, si de por sí no hay una gran variedad de programas culturales y educativos con los que los sujetos empiecen a formar parte, de antemano rechazan la opción que esté fuera de sus gustos. Es preciso, como ya he dicho, que la televisión ofrezca mayores espacios para la educación, porque sólo así se constituirá como una opción para el espectador.

El papel de la educación no ha tenido gran alcance en la televisión por estos factores, así como por la falta de un compromiso real entre el Estado, las televisoras y la sociedad. El nivel de educación, no sólo en los medios, nos dará la posibilidad de escoger y elegir la información, ya sea visual o auditiva, que nosotros queramos, de lo contrario al no abrirse el papel de la educación dentro de los medios y de la televisión, no seremos conscientes de lo que se nos presenta y por tanto nuestra libertad y realidad estarán determinadas desde la mirada de otros.

Planteo llenar los vacíos de la educación, al considerar que la televisión puede ser uno de los instrumentos que el Estado puede utilizar para hacer crecer el nivel de educación en México. Este medio puede abrirse a diferentes posibilidades que integren programas educativos y mejores opciones para el espectador. Como ya dije este receptor no sabe exigir mejor contenido, porque no está a su alcance, pero en la medida que se vayan consolidando proyectos educativos, la televisión alcanzará una de sus funciones principales: la social.

Es necesaria una mayor inversión en programas educativos y una mayor apertura de productos televisivos, para que se puedan insertar en la sociedad como una propuesta real en los medios de comunicación. También es necesario que el Estado aporte más recursos económicos en materia de educación y que destine un por ciento a la creación de proyectos educativos y culturales que se puedan proyectar en televisoras fuertes, como Televisa, y que el espectador empiece a tener más contacto con este tipo de programación, así cumplirá su función social y a la vez se educará al espectador y podrá elegir libremente qué es lo que ve y por qué lo hace.

El papel de la educación no es sólo importante en los medios de comunicación, sino que es un parte aguas a nivel social, político y económico, que deberíamos tomar más en cuenta en proyectos nacionales. Es necesario que este tema esté presente en muchas discusiones y que se trate de resolver de la mejor manera posible. Aquí sólo planteo una de las posibilidades de llegar a la educación que es por medio de la televisión, como uno de los instrumentos posibles dentro de los medios de comunicación. La televisión educa, eso lo hemos visto, no valdría la pena decir si ha sido bien o mal, pero nos hemos dado cuenta de que es real, sólo quisiera creer que se puede utilizar de una manera continua y con una función social y un compromiso real.

Es necesario tener una programación con mayor calidad y de contenido cultural y educativo, que se instale dentro de esta sociedad mediática como una posibilidad de elección.

 

Notas

  1. Thompson, John B. Ideología y cultura moderna. México: UAM, 1993. p. 241.
  2. Poper, Kart R. “Cabos sueltos”. Medios de comunicación y sistemas informativos en México. México: Alianza-CNCA, 1994. p. 29.
  3. Savater, Fernando. El valor de educar. México: Ariel, 1997. p. 8.
  4. Id.
  5. Savater, Fernando. Op. Cit., p. 10.
  6. Poper, Kart R. Op. Cit. p. 27.
  7. Castoriadis, Cornelius. “El deterioro de Occidente” en Revista Vuelta No. 184., mar. 1992. p. 16-23.
  8. Poper, Kart R. Op. Cit. p. 29.
  9. Savater, Fernando. Op. Cit., p. 38.
  10. Ibid., p. 46.

 

Bibliografía

  • Castoriadis, Cornelius. “El deterioro de Occidente” en Revista Vuelta, Nº 184, mar. 1992. pp. 16 - 23.
  • Poper, Kart R. “Cabos sueltos”. Medios de comunicación y sistemas informativos en México. México: Alianza-CNCA, 1994. p. 29.
  • Savater, Fernando. El valor de educar. México: Ariel, 1997. p. 224.
  • Thompson, John B. Ideología y cultura moderna. México: UAM, 1993. p. 482.