Al menos 120 piezas entre fotografías, cartas, portadas de sus libros más representativos, recortes periodísticos y acuarelas, conforman la exposición “Jaime Sabines a 80 años de su nacimiento”, inaugurada el pasado martes 28 en el patio central de la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes.
A la puesta en marcha de la muestra que recoge pasajes de la vida personal y creativa del autor de poemas como “Los amorosos”, “Tarumba” y “Yo no lo sé de cierto...”, asistió la familia del poeta chiapaneco, nacido el 25 de marzo de 1926.
La escritora Mónica Mansour aseguró que Sabines vive en la memoria y en los corazones de los mexicanos, pues su obra, que posee características muy cercanas a la gente, es muy personal y nada artificiosa, está escrita con un lenguaje coloquial.
“El gran amigo y poeta Jaime se fue hace algunos años de este mundo que está cada vez más enfermo, y se llevó consigo algunas cosas que nos hacen mucha falta, como esa capacidad de asombro que siempre superaba a la amargura cuando se trataba de juzgar el planeta en el que vivimos, su sentido del humor y su manera de ayudarnos a entender nuestros días, nuestros amores y nuestros miedos”, señaló Mansour.
La narradora y poeta destacó que en su poesía, Sabines dejó claro muchas veces que la vida es tiempo y por lo tanto movimiento y que “morir es retirarse, hacerse a un lado, ocultarse un momento, estarse quieto”.
“También nos dijo muchas veces que el ser humano para defenderse tiene el tiempo que es memoria y olvido, tiene el amor, tiene la palabra; él lo sabía y eso hizo durante toda su vida, seguramente lo sigue haciendo todavía”, acotó la poeta.
Destacó que Sabines se parecía mucho a sus poemas, lo que no es muy común entre los vates, por lo que no cabe duda de que esas composiciones se han incrustado en la vida de sus lectores y se han quedado con ellos para siempre.
Mansour recordó que el poeta, también autor de “Horal” y “Uno es el hombre”, rompió con las convenciones poéticas de su época, y no sólo al abordar temas que antes no se consideraban adecuados para la poesía, sino también con la violencia y la ternura tan corpórea de su lenguaje, en el vigor y la hondura de sus metáforas.
“Desde sus primeros libros, la poesía de Sabines planteó una revaloración del uso de nuestra lengua, de manera que se borraron muchos límites antes acostumbrados entre el lenguaje coloquial y la poesía”, puntualizó.
Añadió que “para él todo vale, siempre y cuando sea eficaz en el poema, además la música de su verso incluía una gran cantidad de formas, desde las tradicionales hasta el verso libre, con la única condición de que sus ritmos reflejaran las tonalidades de cada época”.
Dijo incluso que Sabines consideró la poesía como un vehículo que le permitía un monólogo reflexivo y un diálogo consigo mismo, pero también con la vida, la muerte, Dios, el hombre y la mujer, la naturaleza, los animales y los objetos, todos como entidades temporales.
“El mayor misterio que se cuestiona y se revela en su poesía es el tiempo, la intensidad de sus poemas es el reflejo de la amargura y la ternura, la alegría y la bonhomía, el dolor y el placer que provoca la relación inevitable y constante con el tiempo”, expresó.
Mansour recordó también que Sabines fue un cantor del cuerpo, no sólo poeta del cuerpo erótico, sino de cada parte del cuerpo, cada órgano, como instrumentos para vivir y captar la vida.
Daniel Leyva, subdirector del Instituto Nacional de Bellas Artes, fue muy breve, pero emotivo al recordar a Sabines a 80 años de su nacimiento. Comentó que “todos tenemos a un Jaime Sabines dentro, que nunca se irá, siempre estará aquí, entre nosotros”.
La esposición “Jaime Sabines a 80 años de su nacimiento” cuenta entre las piezas más importantes sus manuscritos de “Tarumba” y “Adán y Eva”, además de las portadas de las primeras ediciones de sus libros y una colección de fotografías del poeta, casi todas en blanco y negro, desde su época de juventud, hasta poco antes de su muerte.
La muestra conmemorativa del poeta, que se ocupó de la vida cotidiana, la angustia, la soledad, el amor y la muerte, incluye también imágenes familiares, la invitación de la boda con su esposa Chepita, las ceremonias en las que fue reconocida su labor literaria y una reproducción en gran formato de su famoso poema “Los amorosos”.
Fuente: El Universal (México)