El escritor Salvador Elizondo falleció este miércoles 29 de marzo a los 73 años de edad en su domicilio de Coyoacán, tras sufrir un coma hepático y respiratorio, según informó su viuda, la fotógrafa Paulina Lavista, quien acompañó al autor en sus últimos momentos, junto con sus hijas Mariana y Pía. Pablo, otro de los hijos de Elizondo, viajó desde Nueva York para asistir a los funerales de su padre.
La viuda dijo a la prensa que el 28 había hablado con el escritor “y estaba muy bien, muy contento”. Lavista estuvo casada 38 años con el autor de Farabeuf, una de las novelas fundamentales de la literatura mexicana.
“Se pasó del sueño a la muerte sin que nos diéramos cuenta, con una gran elegancia, sin ningún estertor. Ahora descansa en paz, sufrió mucho, luchó contra una enfermedad y jamás se quejó, fue muy valiente. Creo que fue un gentleman de las letras”, informó Paulina Lavista.
“Es una gran pérdida personal, pero ahí está la literatura que lo rescata y la imagen de un personaje inigualable”, comentó el escritor Carlos Monsiváis. El también escritor Gonzalo Velorio, por su parte, declaró que “la escritura fue su obsesión fundamental, es decir, escribe que escribe, escribe sobre la literatura, escribe sobre la palabra”.
Contemporáneo de José Emilio Pacheco, Juan García Ponce y Carlos Fuentes la obra de Elizondo navega entre la literatura, la crítica, la traducción y la documentación cinematográfica, por lo que a su partida deja obras pendientes en el tintero.
“Hay un inédito que va a salir en el Fondo de Cultura Económica que se llama Pasado anterior, que son sus artículos de Uno más Uno que nunca se habían recopilado y vamos a hacer un libro de artes, todos sus libros de artes plásticas que él escribió”, informó. En cuanto a su archivo personal, pasará en comodato al Colegio Nacional, y su familia publicará lo que considere necesario.
Igualmente, se tiene previsto publicar los 83 cuadernos del diario de Salvador Elizondo, aunque esto se realizará dentro de 25 años, tal como lo decidió el escritor para no ofender a las personas incluidas en sus anécdotas.
Lavista comentó que uno de los errores del premio Juan Rulfo fue no haber galardonado a Elizondo; además, ninguna universidad mexicana le dio un doctorado honoris causa “ni por la Unam fue hecho profesor emérito”, se quejó.
“Murió mi esposo y mi compañero de 38 años, y lo único que quiero decir es que yo no hubiera cambiado la aventura que tuve con él por nada”, dijo Lavista. “Fue un hombre que me llevó a lo más profundo del conocimiento y lo que admiro de él es su legado: nos ha dejado 83 diarios soberbios, en los que se manifiesta su espíritu, su inquietud y sus dibujos”.
Elizondo recibió un homenaje de cuerpo presente, rodeado de escritores, de su familia y de funcionarios culturales, en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes de México. Asistieron entre otros, la presidenta del Conaculta, Sari Bermúdez, el subdirector del INBA, Daniel Leyva, y la directora del Museo de Bellas Artes, Mercedes Iturbe.
También hicieron acto de presencia Alejandro Rossi, Enrique Krauze, José de la Colina, Enrique Lizalde, Emmanuel Carballo, Beatriz Espejo, Gonzalo Celorio, Daniel Sada, Carlos Monsiváis, Adolfo Castañón, José G. Moreno de Alba, Silvia Molina, Hernán Lara Zavala, Gerardo Estrada, María Luisa, La China Mendoza, Federico Campbell y Teodoro González de León; entre muchos otros intelectuales que guardaban un respetuoso silencio.
El féretro fue llevado del Palacio a la Agencia Gayosso de Félix Cuevas, donde lo cremaron horas más tarde. Las cenizas de Elizondo fueron dejadas en el Panteón Español.
Desde hacía algún tiempo el autor había decidido encerrarse en su casa y dedicar sus horas a escribir. En enero de 2004 le fue quitado el peroné para sustituir el maxilar, lo que anuló su contacto con el mundo.
Elizondo nació en Ciudad de México el 19 de diciembre de 1932. Desde muy joven se interesó por las artes plásticas, aunque posteriormente optó por la carrera literaria. En 1960 publicó su primer libro de poesía, y en 1965 presentó Farabeuf o la crónica de un instante, de cuya publicación se celebraron en noviembre pasado 40 años.
Miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua desde octubre de 1980, se desempeñó como docente en la Unam y como asesor del Centro Mexicano de Escritores. Fue becario de la fundación Ford y de la Fundación Guggenheim. Sus obras fueron traducidas al francés, al alemán, al italiano e incluso al polaco. Sus textos también fueron incluidos en antologías estadounidenses e italianas.
Fuentes: EFE, Once Noticias, Crónica, Milenio, BBC