Resucitado por la película La fiesta del Chivo, el fantasma del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo volvió a asomarse en este país caribeño, casi al cumplirse 45 años de su muerte. La versión fílmica de la conocida novela del escritor peruano Mario Vargas Llosa describe la dictadura de Trujillo, una de las más sangrientas de América Latina, que se extendió desde 1930 hasta la noche del 31 de mayo de 1961.
La película del director Luis Llosa fue estrenada el martes 11 de abril en medio de una férrea oposición de escritores, historiadores y políticos que no comparten el tratamiento que le dio Vargas Llosa en la novela a ese período histórico, o con la manera en que reflejó algunos sucesos.
El guión del filme transcurre a través de los ojos de un personaje ficticio, Urania Cabral, que interpreta la italiana Isabella Rossellini, mientras el cubano Tomas Milián interpreta al general Trujillo. Se utilizó como escenario principal el Palacio donde Trujillo gobernó y en el que es vox populi que su fantasma aún sale a deambular por sus pasillos.
El tema Trujillo es uno de los más sensibles en el país, pues involucra a familias que fueron beneficiadas por el régimen y a otras que sufrieron sus consecuencias. “Yo creo que, en lo esencial, tanto la película como la novela, respetan la historia, pero no en las apariencias en las que tanto la película como la novela se toman libertades”, dijo el lunes Vargas Llosa en declaraciones a la emisora local Z-101. Sin embargo, el historiador dominicano Ramón Font Bernard opina que en la obra “hay fabulaciones” y que “el Trujillo que yo conocí no está reflejado en esa novela”.
La polémica existe desde abril de 2000, cuando Vargas Llosa presentó su novela y el gobierno tuvo que aumentar las medidas de seguridad a su alrededor. “Es que a pesar de que ha pasado tanto tiempo de la muerte de Trujillo, el espíritu de la dictadura todavía está presente”, comentó el dirigente político Rafael Fafa Taveras, quien sufrió torturas en una cárcel durante la dictadura.
El director de la cinta dijo que se sintió impactado por la huella que dejó el régimen trujillista en el pueblo. “Aun hoy, me da la impresión de que su presencia está permanentemente en las noticias, en los pensamientos de la gente”, comentó.
Hasta la interpretación en radio o en una fiesta de un contagioso merengue que evoque la época de Trujillo tiende a provocar comentarios enfrentados, en este país caribeño de 8,8 millones de habitantes.
En septiembre de 2002, el director del canal televisivo estatal, Ramón Colombo, sorprendió al país al llevar al edificio exorcistas para ahuyentar el fantasma de José Arismendi Trujillo (Petán), hermano del dictador, que supuestamente pernoctaba en el lugar. En junio de 2005, el fantasma recobró vida cuando un funcionario de la provincia San Cristóbal, donde nació el dictador, abrió una exposición de fotos de la obra del gobierno dictatorial. La iniciativa levantó otra ola de comentarios y le costo el cargo a Ramón Mesa, que todavía hoy sostiene que su exposición sólo tenía un objetivo educativo.
Trujillo, que se incorporó a la Guardia Nacional a los 18 años, fue ascendiendo de forma vertiginosa en la sociedad hasta que en 1930 fue elegido presidente en elecciones fraudulentas. Durante 30 años, “El benefactor”, como le gustaba que lo llamaran, usó la Guardia Nacional y su policía secreta para torturar y matar a miles de opositores.
La creciente ola de delincuencia que vive ahora la sociedad dominicana ha provocado que comentaristas acuñen la usual frase: “Aquí hace falta un Trujillo”, que suele escucharse en la radio y la televisión cuando la Policía no da respuestas rápidas y contundentes a sonados casos de asesinatos, atracos y secuestros.
Para el cineasta, la evocación de una dictadura se debe en gran parte a que “los latinoamericanos se sienten frustrados con sus sistemas democráticos porque están plagados de males como asaltos, robos, delincuencia”.
Según Llosa, cuando los sistemas democráticos no funcionan con eficacia, “algunos piensan que un gobierno autoritario puede resolver los problemas que existen y no es así”.
Fuente: El Nuevo Herald