El escritor José Manuel Caballero Bonald recibió el pasado 8 de mayo el Premio Nacional de las Letras Españolas, un galardón con el que se reconoce toda una trayectoria dedicada a la literatura y que está considerado como el más importante de este género después del Premio Cervantes.
La ministra española de Cultura, Carmen Calvo, presidió en Santander el acto de entrega de los Premios Nacionales de Literatura 2005, que concede su departamento y que en esta edición fueron dedicados a la novelista cántabra Concha Espina, con motivo del 50 aniversario de su muerte.
El acto de entrega, que también estuvo presidido por el jefe del Ejecutivo regional, Miguel Ángel Revilla, se realizó en el Paraninfo del Palacio de la Magdalena. Los premios se fallaron a finales de 2005 y reconocen una trayectoria o una obra concreta, publicada el año anterior.
Además de una rica trayectoria literaria, Bonald ha sido profesor de literatura en la Universidad de Columbia, director de una editorial y subdirector de una revista literaria.
En su discurso de aceptación, el escritor reivindicó la literatura como un “buen sistema para defendernos de todo lo que nos impide ser más libres y más felices”. La concesión de este galardón, dijo Caballero Bonald, es “una de las más gratas satisfacciones” que le ha dado su “oficio de escribir” al que, recordó, ha dedicado unos sesenta años.
“Al menos puedo alardear de perseverancia”, dijo el autor jerezano y agregó que su “palabra escrita”, además de reproducir sus ideas estéticas, refleja su “pensamiento moral” y su “manera de intervenir en la historia”. También opinó que en un “mundo asediado de violencia y tribulaciones, de guerras inicuas y menosprecios a los derechos humanos” es necesario reivindicar las “soluciones justicieras de la inteligencia y los viejos métodos humanísticos de la razón”.
Caballero Bonald ejerció de portavoz de los galardonados con los Premios Nacionales de Literatura 2005, sin encontrar otra “justificación” para hablar en su nombre, a no ser que le avale “la devoción y la amistad hacia quienes forman parte de mis predilecciones en los distintos campos de la vida española”.
El escritor recordó a los fallecidos Alberto Méndez (Premio de Narrativa) y Alberto Miralles (Premio de Literatura Dramática), cuyas respectivas obras Los girasoles ciegos y Metempsícosis son “ejemplos notables” en el terreno de la narrativa y el teatro contemporáneo. Alabó la “hermosa y sabia expresión” del autor de El don de la ignorancia, José Corredor-Matheos (Premio de Poesía); el rigor y la lucidez de José Luis Pardo, Premio de Ensayo por La regla del juego; y la “visión ejemplar” de Santos Juliá (Premio de Historia) por Historia de las dos Españas.
También se congratuló de que el Premio a la Obra de un Traductor haya recaído en Francisco Rodríguez Adrados por ser su labor “ciertamente excepcional”; así como de que la Mejor Traducción sea la realizada por Luisa Fernández Garrido con El Kapo, de Aleksandar Tisma. Para Caballero Bonald, con el Premio de Literatura Infantil y Juvenil se ha reafirmado la “condición de maestros” de Antonio Rodríguez Almodóvar, autor de El bosque de los sueños; y celebró que el Premio a la Mejor Labor Editorial haya recaído en Ediciones Sígueme.
En sus respectivas intervenciones, tanto la ministra Carmen Calvo como el jefe del Ejecutivo cántabro, Miguel Ángel Revilla, recordaron las figuras de ilustres literatos, “sin los cuales la literatura y las letras españolas no serían lo que son”, dijo la ministra durante su intervención.
Así, ambos recordaron que en 2006 se celebra el centenario de la muerte de José María de Pereda y que el pasado año se conmemoró el cincuentenario de la desaparición de Concha Espina; y también aludieron a otros escritores cántabros como Marcelino Menéndez Pelayo, Gerardo Diego y Manuel Llano.
Especial mención se hizo también de la celebración en 2006 del Año Jubilar Lebaniego, recordando Revilla que el Beato de Liébana fue el “líder ideológico de la Reconquista”.
Fuentes: Diario de Cádiz, Diario de León, EFE