Editorial
Mapamundi de bolsillo
de la estafa literaria

El pasado 22 de mayo, tomando como base información que habíamos recibido por diversas vías, publicamos en nuestra bitácora personal el artículo “Tres casos de estafa con concursos y antologías”, en el que describimos algunas de las prácticas habituales en quienes, tras convocar un concurso literario, pretenden cobrar a los supuestos escritores ganadores una especie de matrícula para incluirlos en una antología.

A raíz de la publicación de este artículo recibimos una andanada de denuncias de autores que han sido engañados por algunos de estos personajes. Escritores que, de buena fe, han accedido a participar en “antologías cooperativas” y que, pasado cierto tiempo, se dan cuenta de que han sido timados pues la antología no llega a publicarse, se publica con demora o las ediciones resultantes son deficientes.

A continuación les ofrecemos un resumen con las denuncias recibidas. Un material que esperamos sea de utilidad para quienes con honestidad y verdadera vocación literaria empiezan a explorar los diversos caminos que existen para la promoción de su trabajo.

 

Anuncio en PowerPoint

La escritora argentina María Mercedes Jiménez nos cuenta cómo desconfió de una editorial que trataba de atraerla para participar en una antología: “No guardé el nombre de la fulana editorial, aunque sí sé que es argentina, y en la que me avisaban que mi cuento había sido seleccionado entre ciento cincuenta para participar en una antología. Me pedían 60 dólares. El correo era una presentación en Power Point de lo más cursi y definitivamente, no me convenció. Pensé: ‘Esto me huele a engaño’. Pensé también en escribirle que fuese más cuidadoso con lo que me enviaba, porque usted es la única fuente de información sobre concursos con la que cuento, pero también concluí que era imposible tener un filtro tan exacto que detectara los engaños. Qué bueno que publicó eso. Me reivindica un poco”.

Al pedirnos mayor cuidado en la información que difundimos, Jiménez se refiere a las bases de un concurso que publicamos en nuestro boletín y que terminó siendo un anuncio de Editorial Nuevo Ser, del que ya hablaremos más adelante, hábilmente camuflado. En su momento, y también a través del boletín, alertamos a nuestros suscriptores sobre el engaño.

 

Argentina y España

Desde Argentina nos dice, con una buena dosis de ironía, el escritor Oscar Puente: “Amigo Jorge, soy un principiante en esto. Pero, a juzgar por la cantidad de concursos en que resulté finalista, y por ende fui tentado para participar en las consabidas antologías, debo ser muy bueno. Gracias. Si es por mí no me van a sacar ni un peso, euro o lo que sea. Ah, me pasó no sólo aquí en Argentina, sino también en España”.

 

El Centro de Estudios Poéticos

Luis Álvarez nos recuerda el caso del Centro de Estudios Poéticos, que ha recibido cientos de quejas y hasta originó la creación de (al menos) una página en la que se recogen los comentarios de los afectados. Al respecto nos escribe Álvarez: “Yo aparecí en el concurso del Centro de Estudios Poéticos. El siguiente año envié otro poema y la respuesta fue exactamente la misma, quitando el título. No envié nada más. Inclusive el primer resultado lo metí en un currículo, de lo cual me he arrepentido”.

 

Entradas para un “evento”

La escritora Daniela Laura González agrega otra práctica que ella define como “todavía más pretenciosa”: “Nominan gente y ‘prometen’ dar el ganador en un acto público; llegado el momento, y si has sido nominado, los ‘chantas’ te llaman y te dicen que por un costo (que puede ir de 20 a 40 pesos) tenés a tu disposición las 2 o 3 entradas, en el mejor de los casos, para participar del evento en el que tenés que estar presente. Claro que, si son más de familia, muy amablemente te ofrecen más entradas a otro precio. Terrible, la última vez que fui timada hace por lo menos 3 o 4 años, me dejó un sabor amargo, pero... de todo se aprende. Pueden nublarnos la ilusión, pero nunca podrán robarnos la imaginación y la palabra”.

 

Invertir en ustedes

Daniel Gaitán cuenta su experiencia, muy parecida a algunas ya mencionadas en este reporte, y agrega su consejo a los escritores que pudieran ser contactados por una de estas editoriales: “Respecto a esta manga de ‘chorros’, te comento que a mí me ocurrió ser ‘uno de los mejores’ y por ese motivo me daban lugar en una antología. He preguntado qué pasaba si no cooperaba y la respuesta fue: si no entrás quedás fuera de concurso. Lógicamente no entré. Me importó muy poco una antología deshonesta. Algunos de mis cuentos ya figuran en seis antologías que me han publicado gratis. Mi mensaje es: no pongan un peso para los ‘chorros’; junten el dinero y autoedítense, yo lo hice con La laguna de los muertos / El ciruja y lo fui vendiendo de boca en boca. Si van a invertir, inviertan para ustedes”.

 

Argenta

Un escritor argentino que pidió mantenerse en el anonimato nos cuenta otro caso: “Muy buena esa nota, Jorge; hay otro caso, de una editorial llamada Argenta, que proponían premios asombrosos (US$15.000 antes de la devaluación argentina), pero era la misma farsa de siempre, salvo que cara. Los descarados estos hasta te hacían enviar libros ‘para donar a bibliotecas’, después ni notificaban de los ganadores”.

También desde Argentina, la escritora Mónica Sacco no sólo amplía la información relacionada con este caso y con Editorial Nuevo Ser, sino que lanza algunas interesantes ideas sobre las causas de este fenómeno. Escribe Sacco: “Sigo su site desde hace varios años y estoy entre los muchísimos escritores que reciben su newsletter (y lo leen). El cuento del tío de las editoriales es, desgraciadamente, moneda corriente. Inclusive, publican en los diarios más serios del país, supuestas convocatorias a autores noveles. Para ello, vaya una muestrita de la Editorial Argenta-Sarlep, que dos veces al año al menos, publica convocatorias a autores de poesía, narrativa breve y novela a ‘prestigioso concurso’ o terminología similar. Después de un tiempito de presentadas las obras, el escritor es citado a la editorial, en la que se le informa que su obra ha despertado enorme interés, tiene muchísimo potencial, se le puede dar amplia difusión, te entrevistan con el director de la editorial, cuyo estudio está tapizado de libros (clásicos, modernos y etcéteras), donde, al final de una charla emocionante sobre la obra presentada, inicia el trabajito de inducción. ¿A qué? A pagarse la edición, ¡qué otra cosa! Ojo que esto no termina ahí, porque en cuantito se lee el contrato con la editorial, se descubre que ésta se ocupa únicamente de la impresión de la obra. La parte de distribución (la más importante del negocio editorial), requiere de otro contrato (oneroso, por supuesto), con una distribuidora (Distribuidora Cruz del Sur), que además, tampoco garantiza la promoción: únicamente la hace si se pagan los materiales, léase señaladores, páginas en un catálogo, figuración en el mismo catálogo de la distribuidora...

”En fin, todo un magistral cuento del tío, cuyo final es tan previsible como el que narra Umberto Eco en El péndulo de Foucault, cuando habla de los Autores AutoFinanciados (Autori a Proprie Spese), que resulta genial cuando una lee la novela pero dramático cuando se cae en la misma trampa.

”Con la Editorial Nuevo Ser tuve el placer de ser citada como seleccionada para una antología (eligieron cinco de mis cuentos), y para participar de la publicación de la misma, debía doblar un valor por página de extensión de cada cuento. Conclusión: les agradecí el haberse molestado en leer mis obras, pero lamentablemente debía participar de concursos cuyo único premio era la publicación porque carecía de los medios económicos para autofinanciarme. Ni siquiera respondieron mi e-mail.

”El negocio de las editoriales ‘por cuenta de terceros’ es floreciente en Argentina. Algunas editoriales son lo suficientemente honestas como para ofrecer ‘ediciones de autor a precios adecuados’; no se venden a través de falsos premios y al menos una sabe lo que está comprando: una tirada bonita que terminará regalando a sus amigos y parientes. Obvio que estas editoriales no entran en el circuito comercial importante: tienen sus propias librerías, en las que venden exclusivamente las obras que les encargan. Podría ser peor.

”El problema de fondo con todo esto lo constituyen los criterios de las grandes editoriales, que hoy en día se interesan únicamente por el valor comercial de una obra, antes que el literario, además de menospreciar a los autores locales cuando se dedican a géneros que se suponen sólo pueden ser desarrollados por escritores internacionales (mi caso particular: escribo policiales negros. Varias editoriales serias de Argentina han considerado mi trabajo como muy interesante, con calificación literaria de 7 y comercial de 9. Sin embargo, no me publican porque ‘no soy una autora conocida’ —gracias, por eso trato de publicar—, escribo un género que pertenece a los escritores europeos o yanquis —bueno, ¿no sería hora de inaugurar el sector local de la biblioteca?-- y no tengo un estilo ‘latinoamericano’ —lo lamento, soy primera generación de inmigrantes italianos y españoles—).

”Por otra parte, los premios locales, que aceptan en las convocatorias a autores noveles, terminan premiando a escritores largamente consagrados (de hecho, muchos parecen adjudicados antes de lanzar la convocatoria). No me parece en absoluto criticable premiar a un escritor consagrado por una obra en particular o por toda ella, pero, ¿no es un poquitín injusto invitar a ilustres desconocidos —entre los que me honro contar— para que intenten competir con un nombre reconocido? ¿Quién se molestará en leer esos trabajos, frente a una garantía de buenas ventas como lo son los autores con muchas publicaciones a cuestas? ¿No sería más honesto hacer convocatorias para noveles, con premios más modestos pero con garantía de tenerlos en cuenta a la hora de calificar? En Argentina, hasta ahora, los concursos más resonantes han sido ganados por escritores con trayectoria (sea en letras, o periodística o ensayística). ¿Qué pasa con los que intentan surgir, son buenos, pero no consiguen ‘audiencia’? ¿Qué pueden esperar los que no se dedican a escribir el tema literario de moda?

”Me despido con una sola reflexión: best-seller no equivale a best-writer”.

 

Nuevo Ser

Sobre el caso particular de Editorial Nuevo Ser recibimos varias cartas dando cuenta de sus estrategias, que de alguna manera forman un oscuro paradigma de este tipo de prácticas. Teresa Drubé Laumann nos escribe desde Argentina: “Lo de las estafas es tan real como viejo, particularmente aquí, en Argentina. Hace unos seis años, tendría que buscar las cartas ya que las conservo debidamente archivadas para darte la fecha exacta, ‘gané’ un concurso de cuento corto en la Editorial Nuevo Ser y otro de la Editorial Daga. Ambos me pedían $60 para participar en una antología y no pagué ‘un mango’, como decimos en mi país y, por supuesto, quedé fuera de concurso. No me trataron de manera descortés ni mucho menos, incluso de Daga se me invitó a una reunión literaria donde se presentó la antología. Asistí, pues justo había ganado un honrosísimo segundo lugar en el Concurso de Cuentos Fantásticos organizado por el CFI (Concejo Federal de Inversiones), Sade (Sociedad Argentina de Escritores), Unesco, Sadaic (Sociedad Argentina de Autores y Compositores), Lapa (Líneas Aéreas Privadas Argentinas), Salas Federales de Cultura, creo que son todos, y tenía que asistir a la entrega de los premios —todo pagado por los organizadores, así como cursillos de perfeccionamiento posteriores—; entonces me dejé caer por allí, junto con mi marido que me acompañó. Pude tener en mis manos, incluso me regalaron ejemplares, de la famosa edición, ordinaria como la peor: cada participante tenía un par de páginas —de acuerdo con lo que pagó— en medio de unos setenta u ochenta escritores más, de la más variada calidad: algunos verdaderamente una lágrima de tan malos. Y, sin embargo, siguen existiendo por la falta de cautela de la gente que no tiene cuidado al momento de participar. Si nos informamos y nadie paga, esto desaparece”.

La carta de Drubé explica, digamos, el procedimiento común. Pero, ya con varios años en esto, Nuevo Ser ha empezado a afinar estos procedimientos. El más reciente conocido por nosotros es el de haces pasar por otra entidad, como ocurrió con un concurso anunciado por un “centro de jubilados” argentino. Sobre el caso nos alertó en su momento el escritor Vicente Ulive-Schnell, quien participó en el certamen y recibió una carta sin otra identificación que “La Editora” en la que se le conminaba a pagar 80 euros para ser incluido en una antología.

“Obvio que no pagaré”, explica Ulive-Schnell, “primero porque no tengo la plata y segundo porque mi cuento es suficientemente bueno como para ganar concursos sin pagar absolutamente nada”.

La carta de “La Editora” sigue, al pie de la letra, los mismos lineamientos hechos tradicionales por Nuevo Ser: “Tenemos el agrado de dirigirnos a Usted con el fin de informarle las novedades referidas a nuestro Certamen Literario Internacional. A este respecto le comunicamos en primer lugar que ya se ha realizado una pre-selección, eligiendo a los 165 autores más meritorios sobre un total de 800 participantes (...). La calidad de los trabajos seleccionados nos permitió decidir la publicación de la antología cooperativa tal y como fuese informado a ustedes en las bases del Certamen. Se tratará de un libro de excelente calidad, con tapas a todo color y encuadernación cosida, laminado mate o brillante, registro en el ISBN, interiores de papel obra 90 gr. (...) Su obra ocupará CUATRO páginas dentro del libro; tratándose como ya se ha dicho, de una edición cooperativa para que ningún autor se quede sin participar en la edición de su obra, hemos fijado un costo de 20 euros por cada página que Ud. publique, en su caso son 80 euros”.

Y, aunque en la carta que recibió Ulive-Schnell se aduce que la publicación de la “antología cooperativa” había sido informada en las bases del certamen, esto no es cierto. Es, ni más ni menos, otra triquiñuela para cazar incautos. Igualmente, el mismo concurso fue anunciado en otras publicaciones literarias como auspiciado por una “Editorial Rome” — aún se puede leer en línea ese anuncio—, anuncio que sólo difiere del anterior en una cosa: el de “Rome” sí habla de una “antología cooperativa”. Es decir: Nuevo Ser envía anuncios firmados por otras entidades, y obvia mención a sus “antologías cooperativas”, cuando detecta que el medio al que se dirige evita publicar anuncios con estas características.

Es el mismo caso denunciado por Raúl Lilloy, y al que también hicimos referencia en el artículo que publicamos en nuestra bitácora. Lilloy recibió exactamente la misma carta que Ulive-Schnell (firmada, también por “La Editora”), y respondió, parco y preciso: “Me parece que son unos charlatanes. Saludos”. Entonces se produjo este intercambio epistolar de frases breves:

“La Editora”: —Ud. no está obligado a participar. La agresión está demás.

Lilloy: —Tendrían que sacarle dinero a otra gente, no a los escritores.

“La Editora”: —bueno llevale tu “obra de arte” a Hachette a ver si te publican.

 

Nuevo Ser se defiende

Una escritora argentina nos escribe solicitándonos información precisa sobre los desafueros cometidos por Nuevo Ser. Nos cuenta su caso, que agrega un punto más: ella participó en una antología de una “Editorial Nubla” hace varios años y jamás recibió los ejemplares a los que creía tener derecho. El director de la editorial era el mismo Gabriel Martín que figura en la actualidad como director de Nuevo Ser. La escritora que nos informa de este caso pide explicaciones sobre su participación en aquella antología y recibe una carta donde Martín explica lo ocurrido en aquel caso en particular: “Sucedió que justamente a fines de 1999, comienzos del 2000, Nubla, como tantas otras empresas, quebró —eran épocas de De la Rúa— y quedaron muchas entregas pendientes de las cuales muchas pudieron hacerse unos meses después, pero entonces quebré personalmente y no sólo perdí el negocio —la librería de Avda Córdoba 1400— sino mi casa y absolutamente todos mis bienes y ya no pude cumplir con ningún compromiso adquirido. Dos años después, en 2002, comencé de nuevo con esta actividad y con el tiempo, así como sucede ahora, me he encontrado con aquellas personas que participaron en proyectos de Nubla, y hemos ido ‘pagando deudas’. De modo que, por supuesto, los $150 le serán reconocidos. Por lo cual si desea participar con sus 4 páginas, sólo deberá abonar $90. Éstos, puede abonarlos cuando retire sus libros, dentro de algunos meses”.

Es decir, la editorial no se compromete a devolver el dinero, sino a “reconocerlo” como un “abono” de la escritora para su participación ulterior en una nueva antología.

 

¿Dónde está la estafa?

Existen diversos niveles de estafa en estos casos. El más leve desde el punto de vista legal es el más grave desde el punto de vista ético: se convoca a un concurso y, en lugar de premiar a los escritores ganadores, se les exige una suma de dinero para que sus textos sean incluidos en un libro. Este libro es anunciado como un producto de altísima calidad y realmente nunca es así. Se incluyen textos sin evaluación alguna, pues sólo es necesario desembolsar la cantidad propuesta y dará igual si lo que se publica es un poema quevediano o una receta para hacer buñuelos.

A partir de allí, los estafadores se pasean por toda la gama posible de situaciones. Se ofrece un libro que nunca llega a las manos de los autores participantes, quienes al cabo de un tiempo, por cansancio, dejan de reclamar los ejemplares por los que han pagado. Entidades fraudulentas se desdoblan en la forma de tantas editoriales como sea necesario y difunden las convocatorias de sus concursos con cambios sutiles —evitando, como ya vimos en casos anteriores, mencionar la edición posterior de una “antología cooperativa”— para obtener promoción gratuita de sus bajezas. Cuando los escritores exigen la compensación a la que creen tener derecho, llegan a proferir insultos y agresiones, sin más ni más.

Para evitar situaciones molestas, es preciso que se tome conciencia en relación con un aspecto básico de la literatura: cuando son organizados por entidades honestas, los concursos y las antologías no exigen compensación económica a los escritores que participan en ellos. Un consejo que será particularmente útil para los escritores noveles, aquellos que aún son desconocidos y luchan a diario por encontrarse con lo que, en definitiva, es el fin último de un escritor: lectores.