Cientos de reclusos mexicanos han recurrido a la poesía y a los cuentos que les permiten soportar sus condenas de forma distinta, aseguraron los organizadores de un concurso anual de estas narrativas, cuyos mejores trabajos, escogidos entre 300 cuentos y 650 poemas, fueron compilados en el libro El vuelo de la palabra, presentado a mediados de junio.
“Lo más importante de estos certámenes es que, en el acto de la escritura, los presos tienen la libertad interior y tienen la posibilidad de cambiar su mundo, ya que se reinventan y ven sus vida de manera distinta”, dijo la escritora Silvia Molina, coordinadora de la obra.
Convocado por la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), el libro agrupa creaciones del XI Concurso Nacional de Cuento José Revueltas y el décimo de Poesía Salvador Díaz Mirón.
“La lluvia”, que habla del paso del tiempo, de Claudio Valentín López, fue la ganadora del concurso de poesía, entre varias narraciones que sobre todo aludieron al amor. En el concurso de cuento, el ganador fue Rigoberto Silva Ortega por “La gota de la llave”, que el escritor Luis Felipe Hernández, miembro del jurado, definió como “un texto inquietante, que te quita el sueño”. Hernández afirmó que se sintió algo deprimido y sufrió pesadillas tras repasar los cuentos.
Narrado en primera persona, el cuento de Silva Ortega se inspira en el goteo de un grifo que hay en su celda, que le sirve como un metrónomo que mide cada segundo de su vida. “El personaje de su historia dice que es homicida pero que no se siente así. Un día le ponen a un compañero de celda y cierra la llave. Al día siguiente amanece muerto y él dice que no sabe si lo mató”, recuerda Hernández. Tiempo después le llevan a otro compañero y pasa lo mismo.
Hernández dijo que en los textos abundan las referencias a quienes cuentan su historia y razonan sobre su libertad o sobre qué harían si estuvieran fuera de las cárceles. Otros presentan imágenes oníricas maravillosas y algunos son divertidos, como “Para qué te cuento”, de Sara Aldrate, sobre una presidiaria que trata de conseguir una libreta para escribir un cuento. “Es muy divertido dentro de lo sórdido y dramático que puede ser ese mundo, donde una libreta es muy valiosa”, agrega el escritor.
Fuente: EFE