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Fracasa iniciativa
para cambiarle el nombre
al pueblo natal del Gabo
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Los habitantes de Aracataca votaron el pasado domingo 25 de junio en un referendo para decidir el cambio de nombre a “Aracataca-Macondo”, en recuerdo del pueblo en el que se desarrolla la novela Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, nativo de la localidad.

Aunque el alcalde, Pedro Sánchez Rueda, tiene la facultad de cambiar el nombre por decreto, prefirió apelar a la decisión popular y someter a referendo el nuevo nombre. Para el referendo se habilitaron 47 mesas de votación, que abrieron puntualmente de las 8 de la mañana a las 4 de la tarde, pero la propuesta se hundió cuando menos de una tercera parte de las 22.000 personas habilitadas para votar acudieron a las urnas.

En efecto, pese a que sólo 250 votantes estuvieron en contra de cambiarle el nombre al pueblo, el índice de abstención anuló el acto electoral. De los 22.000 votantes del pueblo, se requería la participación de cerca de 7.500, pero sólo votaron 3.270.

“Queremos exaltar el apelativo ‘Macondo’, porque en las páginas de Cien años de soledad aparece una descripción de Aracataca y concluye ‘Así era Macondo’. Esto nos confirma que Aracataca es Macondo como escenario de su creación”, explicó el alcalde Sánchez Rueda al hablar de la intención de su propuesta.

La economía actual de Aracataca, además del banano y la ganadería reflejados en Cien años de soledad, se ha diversificado con la producción de aceite de palma. No existe hospital, agua potable ni suficientes escuelas. Más de 2.000 niños están sin estudios y cerca de 1.500 desplazados duermen en las calles.

El alcalde reconoció el endeudamiento de la localidad, pero dijo “la estamos pagando. Hemos hecho un buen ejercicio con mucha seriedad”. Para Sánchez Rueda, “sólo con el plebiscito estamos ganando al proyectar al municipio a nivel internacional. Aracataca debe tener otra entrada como seguramente será el turismo”.

“Aracataca es un diamante en bruto”, añadió el mandatario local tras anunciar que promete exoneración de impuestos a cualquier inversionista que quiera promover su desarrollo.

Los críticos de la propuesta dicen que Aracataca es realidad y Macondo ficción, por lo que no hay que mezclar ambos. Quienes promovieron la abstención, como Álvaro Saade, lucían una camiseta con el lema “Aracataca y punto”, en alusión a la famosa frase del escritor: “No joda, alcalde, yo nací en Aracataca y punto”.

El nombre del pueblo se compone de Cataca, por el cacique de ese nombre, y Ara, que significa agua clara, como explicó Kathy Mendoza, de la Casa-Museo García Márquez. Ubicado a 90 kilómetros de Santa Marta, una de las ciudades más turísticas del Caribe, Aracataca sigue siendo un pueblo con dos calles polvorientas junto al puente de los desempleados, icono de la novela donde se sentaban los jornaleros a esperar ser contratados por la bananera United Fruit Company.

La Casa-Museo donde nació el Nobel y la Casa del Telegrafista, en la que trabajaba su padre, se caen a pedazos. “Soy testigo”, explicó Rafael Jiménez, director de la Casa-Museo, “y llevo un listado de visitantes extranjeros que hacen esfuerzos para visitar lo que ellos consideran Macondo, así que mejor sería ofrecerles tours y visitas guiadas y que el lugar aparezca en los catálogos de viajes. Por eso estuve a favor de la consulta. El año pasado visitaron esta casa 30.000 personas”.

En varias ocasiones a García Márquez le han criticado duramente por no preocuparse por el lugar donde nació y que le inspiró. Otras personalidades colombianas como el escultor Fernando Botero o los cantantes Juanes y Shakira han invertido buena parte de sus ganancias en proyectos sociales.

Botero, por ejemplo, donó cientos de sus obras a varios museos. Shakira creó la Fundación Pies Descalzos, a través de la cual financia la educación de miles de niños desplazados, muchos en Colombia, segundo país con mayor desplazamiento después de Sudán. Juanes, por su parte, trabaja sin tregua por las víctimas de las minas antipersona en este país andino que lleva más de cuatro décadas en conflicto armado.

Y, aunque Gabo, como le llaman cariñosamente al Nobel, no va desde 1983, el alcalde lo justifica: “La responsabilidad de sacar el municipio adelante es de los mandatarios locales y lo único que podemos hacer es usar en el buen sentido el nombre del Nobel”.

El resultado del referendo deja sin efecto el proyecto de ordenanza que el alcalde Sánchez Rueda había introducido en la Asamblea Departamental, y que esperaba fuera sancionado por la mayoría de los diputados.

Fuentes: ABCBBCRadio Caracol