Sala de ensayo
Raíces coloniales del subdesarrollo en México

Codex San Pedro Atlapolco (siglo XVIII)

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Es bien sabido que durante el periodo colonial en América Latina el control que la Corona mantiene respecto a la prosperidad de las actividades económicas de sus colonias se basaba en el principio de proteger aquellas actividades exitosas que prosperan en la península, dejando que otras actividades que no representaran riesgo o problema alguno para un español se desarrollen en sus provincias coloniales.

Con ello, el desarrollo económico de la Nueva España, como de otras colonias hispanas, queda recluido desde su origen a prosperar al margen de los intereses de los peninsulares, donde las iniciativas constantemente eran frustradas ante el temor o riesgo de que éstas perjudiquen a algún ibérico (STEIN, 1970a).1

No obstante lo anterior, con todo, existieron actividades locales de alta prosperidad de donde destacan las primarias tales como la agricultura, la ganadería y la minería en el medio rural, mientras que en las ciudades prosperan las actividades manufactureras de tipo artesanal. Las haciendas agrícolas, ganaderas y mineras de hecho son el fundamento principal de la economía colonial en la región latinoamericana. Crean un circuito económico cerrado de autoconsumo, no obstante la expoliación de la plusvalía minera por parte de la Corona española.

La gran hecatombe demográfica del siglo XVI que vive fuertes epidemias y hambrunas (1521 cocoliztli, 1546 matlazáhuatl y 1576 sequía y crisis agrícola), son causa del despoblamiento de población indígena que causa que de 1519 a 1600 la población residente en el área mesoamericana caiga de 21 millones de indígenas a 1 millón 200 mil aproximadamente. Cuestión que marca para el siglo XVII que deba existir una organización de la producción y el trabajo basado en el reparto del territorio en unidades productivas basadas en haciendas agrícolas y ganaderas, como en haciendas mineras. Las mercedes reales que establecen esquemas de producción ampliada, que dan usufructo de los terrenos reales a criollos y peninsulares, fundan la forma de expoliación colonial que convive con las cementeras indígenas, propiedades comunitarias basadas en esquemas de producción simple.

La organización del territorio obedece por tanto a la lógica de acumulación basada en el desarrollo de las actividades primarias, de tipo campesino, rural y artesanal. La prominencia de las economías españolas de carácter ampliado subordina desde el inicio a las economías indígenas, que con su depresión económica presenta un avío a las economías de los españoles al trasladar mediante términos de intercambio comercial desproporcionados e injustos plusvalía a los señores hacendados.

De 1550 a 1630 la Iglesia acumula grandes capitales principalmente por efecto del impuesto basado en el diezmo y por las llamadas “manos muertas”.

Ya en el siglo XVII la prosperidad colonial es el avío de un desarrollo de industrialización manufacturero incipiente, dominantemente como parte de una economía urbana naciente, donde el comercio urbano inicia las principales capitalizaciones para conformar un sistema financiero nacional.

El comercio regional, principalmente de tipo urbano, viene a fortalecer y generar la acumulación capitalista necesaria para ir conformando un sistema financiero propio, autónomo, con capacidad de avío para fomentar el surgimiento de industrias con mayor envergadura que la de los mercados locales, propiamente dirigida a lograr abarcar mercados regionales o bien nacionales.

Por efecto de la sujeción de España por Francia, de 1640 a 1740 se tiene un periodo de depresión económica donde propiamente la crisis se genera por la depresión del comercio entre la metrópoli y sus colonias (Florescano y Gil, 1976).2 La metrópoli crea desde mediados del siglo XVI una grave dependencia de sus colonias por ser éstas proveedoras principalmente de bienes minerales y especies de gran valor para la economía peninsular. Con el decaimiento de los flujos comerciales, España vive un periodo de estancamiento y depresión económica, que bajo el régimen de los Borbones se profundiza más ante la expoliación de las riquezas llegadas de América a España para amparar a Francia en sus guerras imperialistas contra Inglaterra.

El carácter ampliado de la producción de las haciendas hace que continuamente procuren ampliar sus extensiones territoriales hasta encontrarse con los límites de las cementeras indígenas, razón que causa continuas invasiones a estas últimas y por tanto conflictos entre indígenas y españoles. El resentimiento indígena será una patente de la vida colonial ante el sistemático despojo de sus propiedades ante la incontenible expansión de las economías agrícolas criollas.

El comercio de arrieros es la economía de corte más capitalista que para entonces se tiene puesto que después de la Iglesia, representan los capitales más fuertes. El comercio interurbano es la fuente de los nacientes capitales nacionales que se tiene en la Nueva España como fórmulas de capital financiero y avío de otras actividades tales como la minería. Los comerciantes condicionan a los productores bajo fórmulas de monopsonio y se vuelven los prestamistas, junto con la Iglesia católica, de la sociedad colonial.

La traza de caminos reales viene desde los minerales del norte del país hasta el puerto de Veracruz donde se embarcan los productos minerales y las especies rumbo al puerto de Cádiz. Por ello, los caminos unen los centros metropolitanos de los que depende la economía colonial, como fundamento de una organización del territorio basada en la extracción del bimetálico y las especias, así como del comercio regional intrazonal entre los centros mineros y los de producción agrícola.

El régimen de control y fiscalización establecido por los Habsburgo en la Nueva España, ya con una tradición de 2 siglos, da ciertas exenciones tributarias como canonjías, a actividades económicas, como bien, a clases sociales donde destaca la clase que realmente es tributaria en la sociedad novohispana: los criollos.

Con la dominación francesa sobre España, la nueva casa imperial de los Borbones, en amparo de ser una potencia militar, urgida de recursos financieros, extrema las cargas fiscales en las colonias españolas y en especial a los criollos.

Entre las reformas borbónicas en las colonias españolas se tiene la supresión de los privilegios que España había concedido a Inglaterra mediante el tratado de Utrecht, cuestión que incomoda a esta última por lo que el interés de promover el pensamiento liberal y propiamente librecambista será uno de sus principales recursos para pugnar, desde dentro de las colonias, por la apertura comercial contra el control fiscal primero español y posteriormente de Francia mediante los controles de los Borbones.

Las reformas borbónicas restan poder a las oligarquías de la Nueva España, especialmente a la Iglesia y a comerciantes. En 1760 José Galvez promueve algunas iniciativas que vienen en perjuicio de la Iglesia como es la cédula de desamortización de bienes que viene a perjudicar las canonjías de ésta como de otras clases oligárquicas. Asimismo, las reformas borbónicas benefician bien a unos como los mineros y los comerciantes, pero perjudican a otros desmantelando las relaciones establecidas durante la administración de los Habsburgo, restándoles poder y canonjías.

Con estas reformas aumenta la expoliación de la Nueva España por parte de la Corona española al grado que es la colonia que más aportaba a los erarios reales. La extracción minera es el fundamento clave de las economías novohispánicas como de la propia España, su producción es tal que para entonces 2 terceras partes de la plata que circulaba en el mundo provenía de la Nueva España.

Las reformas borbónicas causan un reacomodo de la configuración en la organización social del trabajo y la producción dentro de la sociedad novohispana, reforzando las medidas de sujeción colonial como de expoliación, esta última que recae con mayor fuerza en los criollos y los clérigos. De alguna forma resulta en el reforzamiento del régimen anterior de los Habsburgo. Pero sobre todo, propicia el surgimiento de una economía industrial urbana que engendra en su seno la nueva clase de la burguesía naciente con aspiraciones independentistas como libertarias.

La economía novohispana aportaba al comercio internacional productos de gran valor tales como azúcar, grana, cacao, algodón, café, trigo, cáñamo, lino, seda, aceites, vinos, minerales y mercurio (Stein, 1979b).3 En el siglo XIX Alexander von Humboldt, en su Ensayo político sobre el reino de la Nueva España, publicado en 1822, presenta un territorio diverso y rico en potencialidades naturales para el comercio intercontinental.

Es en el siglo XVIII que el sistema metropolitano del país está consolidado y el sistema de comunicaciones logra integrar el territorio (al menos el de interés bajo la lógica de la expoliación colonial), como una unidad productiva. Existen algunos lugares desarticulados del centro metropolitano de la ciudad de México, el caso más grave es el de Mérida en Yucatán, cuyo aislamiento le hacen una isla autónoma del resto del país. Regiones dependientes de áreas metropolitanas como Puebla, Guadalajara y Oaxaca operan con cierta autonomía del centro y las divergencias regionales son notorias por la especialización de la producción. Por decir, mientras en el Bajío la agricultura adquiere un fin comercial gracias a la seguridad del mercado agrícola, en Puebla los hacendados arriendan sus tierras a terceros o medieros por los riesgos que corren en un mercado más débil.

Es a inicios del siglo XIX que se inicia una serie de exploraciones en todo el globo terráqueo por parte de las potencias europeas, cuya finalidad es identificar las potencialidades naturales existentes en las distintas geografías, y con ello establecer un inventario de recursos explotables para sus economías, so pretexto de un interés cientista. La decimonovena centuria es de exploración y parte de un interés meramente económico por descubrir oportunidades y potenciales mercados internacionales.

La economía urbana pasa a ser prominente a partir de 1790 y 1800, donde se consolida en pleno el esquema de producción artesanal, cuyas características son las siguientes:

  • Dominadas por la empresa:
    Se trata de una producción manufacturera, con un producto heterogéneo durable, mano de obra altamente calificada, donde la empresa trabaja al ritmo del trabajador, con técnicas de producción diferenciadas según artesano, instrumentos de trabado rudimentarios, jornada de trabajo extensiva, insumos principales en la producción: carbón y acero, las condiciones de trabajo son precarias, se trata de manualidades o manufacturas, donde el trabajador es libre formalmente pero realmente cautivo del empleador ya sea por convencionalismos bajo acuerdos, compromisos, chantajes o endeudamiento. Hay inmovilidad laboral y existe un concepto objetivo del trabajo, el contrato laboral es de palabra, convencional, basado en el honor, moral. Se trata de economías primarias donde el sector primario domina las actividades económicas, las cuales son caza, pesca, recolección, ganadería, agricultura, minería y actividades extractivas, por citar las principales. La mayor parte de los asentamientos humanos son de tipo rural, pero ya existe un desarrollo urbano incipiente. No hay garantías laborales, a veces concedidas por razones de consanguinidad o compadrazgo. Una baja escala de producción, la cual resulta muy onerosa. No obstante existe un alto reconocimiento al valor del trabajo especializado, el cual es dignificado al reconocérsele como maestranza o maestro artesano. Las relaciones industriales, de tipo convencional, no obstante están bien definidas entre obrero y patrón. Se trata de una producción artesanal o manufacturada. El proceso de producción subsume al proceso de circulación, no hay intervención estatal alguna. Se trata de procesos productivos simples con técnicas que se habilitan según artesano, tradicionales o de costumbre. Contrato laboral informal pero de largo plazo, a veces de por vida. Factores productivos monovalentes y básicos. Mano de obra de oficios integrales. Procesos productivos desarticulados. Producción desorganizada puesto que se trata de empresas pequeñas, micro o familiares. Es la era de la destreza y el talento. No existen seguros de retiro ni desempleo. La capacitación se da en el taller con el aprendizaje meritorio de oficios. Peón libre bajo proletarización: salarios a destajo o por jornada. Producción a una escala local.
  • Dominada por el Estado:
    La organización obrera que es incipiente o prácticamente inexistente. El estado es liberal. No existe previsión social, ni asistencia social, ni seguridad social. El derecho es normativo, idealista, teológico y moral. Nula intervención estatal y nula regulación.
  • Dominada por el mercado:
    Los mercados son locales, muy concurridos con algunas formaciones oligopólicas. Domina el trabajo doméstico y a domicilio y se trata de una economía objetiva.

Se trata de una economía urbana manufacturera donde la industria es incipiente pero inicia el ascenso de talleres y telares pequeños pero con escalas productivas que rebasan el autoconsumo. El régimen de producción artesanal tiene dos fases, la primera implementada con base al esquema europeo basada en economías domésticas de autoconsumo con esquemas de producción simple y sobre todo de tipo rural. La segunda correspondiente al finales del siglo XVIII e inicios del XIX de tipo ampliado, destinada al mercado local, de tipo industrial urbano incipiente.

El desarrollo del régimen de producción artesanal urbano se da principalmente en Ciudad de México, Puebla, Guadalajara, Morelia y el Bajío. La aparición de este régimen de 1770 a 1800 se crean fuerzas desestabilizadoras entre las economías artesanales domésticas rurales y las ampliadas urbanas semiindustriales. Se tienen fuerzas tendientes a la divergencia entre lo rural y lo urbano. La desigualdad social crece y se marca la diferencia de clases entre poseedores y trabajadores.

El encasillamiento que crean las haciendas rurales de la mano de obra a través de un sistema de deudas heredables, el ascenso artesanal industrial urbano que se vive, que pide la liberalización de mano de obra, su prosperidad en el ámbito de las ciudades, genera fuerzas a favor del liberalismo y la libertad, no sólo de la independencia de España, sino de la libre movilidad de la mano de obra trabajadora. El peonaje se vuelve una rémora ante la creciente proletarización urbana, y el salario urbano es una instancia más legítima y remunerativa que el pago por servidumbre en las haciendas basado en el sistema de raya.

Según se aprecia en las rentas de alcabalas de 1792, las principales ciudades de la Nueva España son Ciudad de México, Puebla, Guadalajara, Veracruz, Orizaba, Córdoba, Oaxaca, Mérida, Valladolid y el Bajío (Moreno, 1974).4 Ciudades que se desarrollan dentro de la óptica del desarrollo exogenista, donde la extracción de la plusvalía delinea el entramado de comunicaciones y sistemas metropolitanos de la Nueva España.

Las logias masónicas yorkinas serán una estrategia de penetrar e influir a los intelectuales iberoamericanos para con ello promover el liberalismo económico como fundamento del desarrollo nacionalista e independiente durante el siglo XVII y posteriores centurias.

En su trabajo este visitador y cronista de las tierras americanas evalúa el uso y aprovechamiento de las potencialidades naturales del nuevo continente, y afirma que sus prósperas economías pronto vuelcan a una fase de independencia económica, especialmente la Nueva España.

Por otra parte, debe considerarse que los conflictos entre Inglaterra y Francia en 1793 favorecen para lograr una mayor autonomía de la economía estadounidense y a su vez, lograr una mayor ingerencia en las naciones latinoamericanas, cuando España se ve envuelta en dicho conflicto, vencida por Inglaterra y postrada ante Francia. Esta relevancia norteamericana explica en qué momento se vuelve líder de las economías latinoamericanas.

Las guerras de independencia en la región son promovidas bajo inspiración liberal, que se encunan principalmente en las logias masónicas yorkinas, las cuales promueve desde la clase criolla las aspiraciones tanto independentistas como libertarias en Latinoamérica. El ideal como economía ex colonial independiente es la nación norteamericana que sirve de marco de referencia y guía para trazar el camino del desarrollo económico independiente.

América Latina se resiente fuertemente con respecto a Europa a quien ve como avasalladora y culpable de tres siglos de opresión y explotación colonial. En esto, es Norteamérica quien gana puesto que las naciones latinoamericanas evitan comercio y trato directo con las potencias europeas, por lo cual como intermediaria aparece la nación del norte. Si Latinoamérica vende algo a Europa lo hace mediante Norteamérica y viceversa. Si se desea algo de Europa se adquiere mediante la intermediación estadounidense. Su papel de intermediario comercial le pone en una posición privilegiada en el comercio intercontinental, creando una tradición que a la fecha persiste en la región puesto que el 90% del comercio internacional de las naciones iberoamericanas lo hacen con América del Norte, y el resto se reparte en un comercio interregional como a otras naciones fuera del continente americano.

Al parecer esta es una de las razones del sesgo hasta la fecha mantenido del comercio continental y la grave dependencia comercial y financiera mantenida de las naciones del sur respecto a la del norte. La postración latinoamericana está en la capacidad de condicionamiento monopsónico que pudo imponer Estados Unidos de América a las naciones latinoamericanas gracias a su distanciamiento con Europa desde inicios de su independencia.

En los conflictos de las guerras napoleónicas europeas, Norteamérica fortalece su fuerza marítima con la creación de nuevas rutas y aumento de su marina mercante al pertrechar a Inglaterra y en parte a Europa durante esta fase. Los recursos económicos obtenidos por esta causa generan capitales muy significativos para proyectar a esta nación como una nueva potencia económica tan fuerte como su metrópoli en Inglaterra.

Por su parte, las naciones latinoamericanas profundizan sus conflictos de inclusión —exclusión por la descomposición de su sociedad estamentaria y el surgimiento de una nueva era de pretensiones liberales y democráticas. Los criollos y clérigos a inicios del periodo independiente, no desean perder los privilegios tenidos durante el periodo colonial, como a su vez, los mestizos e indígenas luchan por adquirir un estatus de ciudadanía democrática.

A su vez, el exacerbado centralismo colonial ocasiona que regiones distantes como las del sur del país se independicen del ahora México independiente, como es el caso de Guatemala, Honduras y Nicaragua. Así también se pierden grandes extensiones del territorio nacional en el norte. Yucatán se independiza aunque posteriormente se le reintegra a la República naciente.

El decreto de expulsión de españoles de 1824 es uno de los grandes errores cometidos durante el inicio del periodo independiente pues en sólo un año la nación pierde importantes capitales que avían la hasta entonces fuerte economía novohispana. La falta de capitales nacionales obliga a la nación a solicitar continuamente préstamos a naciones como Inglaterra y Francia y caer en un excesivo y persistente endeudamiento.

La economía de la nueva nación se sostiene principalmente por la producción de sus haciendas en lo rural. En el ámbito urbano los obrajes y el comercio con el campo son la base de la principal columna de la economía. La minería quiebra y cierra por la carencia de capitales como por el abandono de sus antiguos propietarios. La tenencia de la tierra basada en el latifundio ocasiona que en el campo el cautiverio de peones y trabajadores agrarios observen un empeoramiento de sus condiciones de vida. La parcelación de la tierra no existe lo cual será un polvorín que explota a inicios del siglo XX con la revolución mexicana. Se afirma que el 3% de los propietarios de la tierra controlan el 58% de la tierra arable del país.

Tanto Norteamérica como Inglaterra derriban (en gran medida), el imperialismo hispano y construyen las bases de un nuevo colonialismo liderado por estas dos naciones, y por el cual se explica el posterior desenvolvimiento económico de América Latina hasta la actualidad.

 

Conclusión

Desde su inicio, las economías coloniales en Hispanoamérica respaldan los intereses de la metrópoli en su desarrollo, por lo que lo que prospera en las colonias, es necesariamente aquello que fomenta, protege y respalda el desarrollo de las industriales de España. Por ello, la economía colonial, centralista, de tipo primario extractivo exportador de bimetálico, se desenvuelve truncadamente, parcialmente, desarticuladamente en razón de no atentar contra los intereses de la metrópoli hispana.

Los anhelos independentistas a nivel popular en Hispanoamérica, y en especial en Nueva España, son efecto de las reformas borbónicas que extreman las regulaciones, especialmente tributarias en prejuicio de los criollos. Pero sobre todo, implementan nuevas instituciones de corte liberal, que atentan contra el orden estamentario virreinal, y los intereses de la Iglesia católica.

La Iglesia católica es finalmente quien da el golpe que termina con la sujeción de la Nueva España con su metrópoli, puesto que en 1821 en España, bajo la sujeción francesa impuesta por Napoleón III, se impone la constitución de Cádiz, de abierto sesgo ideológico liberal y jacobino. Por tanto, el clero promoverá mediante Agustín de Iturbide la independencia de la nación mexicana, y la procuración de un Imperio que restaure el orden estamentario, donde se ratifiquen los títulos de nobleza a sus leales, como se dé castigo a quienes atentan contra sus intereses.

La herencia colonial de América Latina y México condiciona su ulterior desarrollo como naciones independientes. De tal manera que, en la búsqueda de implementar un proyecto de nación, se enfrentan intereses entre los grupos que durante el virreinato son dominantes, y aquellos que son sujetos a expoliación. Unos de corte conservador, renuentes al cambio liberal, y otros en pro de implementar el capitalismo a la usanza inglesa o estadounidense.

 

Fuentes

  • Florescano, Enrique y Gil Sánchez, Isabel (1976). “La época de las reformas borbónicas y el crecimiento económico, 1750-1808”. En: Historia general de México. El Colegio de México. Vol. 2. Capítulo III. México. pp. 183-301.
  • Moreno Toscano, Alejandra (1974). “Economía regional y urbanización: tres ejemplos de relación entre ciudades y regiones en Nueva España a fines del siglo XVIII”. En: Ensayo sobre el desarrollo urbano en México. Secretaría de Educación Pública (Colección Sep-setenta. Núm. 143. Capítulo III). México. pp. 95-130.
  • Stein, Stanley y Barbara H. (1970a). “Capítulo IV: El siglo XVIII”. En: La herencia colonial de América Latina. Siglo XXI Editores, S.A. México. pp. 83-117.
  • Stein, Stanley y Barbara H. (1970b). “Capítulo V: Las bases económicas del neocolonialismo”. En: La herencia colonial de América Latina. Siglo XXI Editores, S.A. México. pp. 121.153.

 

Notas

  1. Stein, Stanley y Barbara H. (1970a). “Capítulo IV: El siglo XVIII”. En: La herencia colonial de América Latina. Siglo XXI Editores, S.A. México. pp. 83-117.
  2. Florescano, Enrique y Gil Sánchez, Isabel (1976). “La época de las reformas borbónicas y el crecimiento económico, 1750-1808”. En: Historia general de México. El Colegio de México. Vol. 2. Capítulo III. México. pp. 183-301.
  3. Stein, Stanley y Barbara H. (1970b). “Capítulo V: Las bases económicas del neocolonialismo”. En: La herencia colonial de América Latina. Siglo XXI Editores, S.A. México. pp. 121.153.
  4. Moreno Toscano, Alejandra (1974). “Economía regional y urbanización: tres ejemplos de relación entre ciudades y regiones en Nueva España a fines del siglo XVIII”. En: Ensayo sobre el desarrollo urbano en México. Secretaría de Educación Pública (Colección Sep-setenta. Núm. 143. Capítulo III). México. pp. 95-130.