El sello uruguayo Ediciones de la Banda Oriental, que dirige Heber Raviolo, arriba a sus cuarenta años. También se cumplen treinta de su serie Lectores de la Banda Oriental, que viene publicando libros de calidad, sobre todo de narrativa, ininterrumpidamente a razón de un libro por mes. Como parte de la celebración de estos hitos, el sello acaba de publicar Aimarte. El globo de Garibaldi, novela con la que el uruguayo Leonardo Rossiello obtuvo en 2003 el premio Álvaro Cepeda Samudio, en Colombia, y que hasta ahora no había aparecido en su país. Con su libro de relatos La sombra del guerrero, a la sazón, Rossiello fue el primer ganador del premio anual Lolita Rubial, que convoca la editorial desde 1993. Hoy publicamos, para disfrute de quienes habitan la Tierra de Letras, el prólogo con el que el investigador Gerardo Ciancio presenta Aimarte, en su primera edición uruguaya.
“Los lectores de hoy acaso deseen leer historias intensas y breves”, ha escrito Leonardo Rossiello (Montevideo, 1953). Esta nouvelle o novela breve que el lector tiene hoy entre manos, responde a esa suerte de premisa del autor uruguayo que reside, desde hace treinta años, en Suecia. Aimarte es la culminación de ese axioma rosselliano: una historia tan intensa como breve, o mejor, condensada en las secuencias narrativas que apelan al lector con mayor potencia sugestiva y fuerte sostenimiento de la expectativa; un relato apuntalado en una discursividad llana, confortable para el receptor, pero muy cuidada técnicamente. Hoy por hoy, escribir una historia “entretenida” sin caer en la literatura bestsellerista y olvidable, implica un dominio del oficio de narrar, un temple escritural, que no es común, ni es norma. De ahí que este relato confirma la destreza narrativa y la ductilidad en el manejo de un gran repertorio, dentro de las posibles “retóricas” del relato, por parte de la pluma de Leonardo Rossiello. Ya en el prólogo a La sombra y su guerrero, primer trabajo del autor publicado por esta editorial, Heber Raviolo observaba agudamente esta condición poligráfica de Rossiello, el “carácter proteico” de su escritura, la apertura de recursos y las posibilidades que éstos otorgaban a su “variada serie de tesituras narrativas”, en donde “lo realista y lo fantástico, la experimentación con el idioma y el lenguaje llano, el monólogo interior y el apólogo clásico, coexisten y se alternan”.1 Debido a ello, y a la confirmación de estos rasgos en su último libro de relatos Gente rara2 (estupendo friso de cuentos de un autor maduro que nos avisa de la potencia “proteica” del género de mayor tradición y arraigo en nuestra historia literaria), Leonardo Rossiello se nos presenta en el horizonte de experiencias lectoras, como el mejor narrador de su promoción. Me refiero, para acotar este juicio de valor en sus justos términos, a ese contingente de escritores que cuando ocurrió el golpe de Estado de 1973 (Rossiello ya no estaba en Uruguay, pero eso hoy es anecdótico), frisaba la edad de veinte años. Grupo, o conjunto, o configuración de narradores que puedo denominar, provisoriamente, como generación escindida. Algunos integrantes de esa generación escindida quedaron escribiendo, con las cotas y límites del caso, en lo que se denominó “insilio”, otros, “insiliados” por fuerza en las cárceles, insistieron, en medio de las condiciones más adversas, en la pasión y el compromiso con la escritura literaria, otros (dentro de los que ubico a nuestro autor), desde el afuera que supone todo exilio, fueron formándose, escribiendo, publicando, arrojados a otras culturas, a otras lenguas, a otras cotidianeidades.
II.
Lo cierto es que la firma autoral “Rossiello” se instala en el campo literario uruguayo contemporáneo (campo desparramado, topográficamente, por la faz del planeta) con nitidez, con una voz y un perfil reconocibles a lo largo y ancho de su producción: cinco volúmenes de cuentos3 (cincuenta relatos incluyen en total esos libros); un corpus de otros cuentos aparecidos en revistas y antologías de Uruguay y otras partes del mundo;4 un volumen de poemas en los que el autor decide ponerse a lidiar con el haikú, la tradicional forma japonesa recepcionada en nuestro continente desde los estertores del Modernismo histórico, y de la que Rossiello sale muy bien parado; una serie de poemas inéditos, de los que afloran algunos en una ya clásica antología de poesía uruguaya en Suecia;5 un caudal de artículos y ensayos de investigación literaria, particularmente en el ámbito del relato decimonónico uruguayo, zona en la que nuestro autor se ha especializado con rigor,6 y especialmente, destaco, una novela que consagra definitivamente a Rossiello en su búsqueda e indagación escritural: La mercadera.
Recuerdo haber leído esta novela de Rossiello (la única novela “extensa” que el autor ha publicado) en el invierno del año 2000. En ese entonces, la novela de marras era un mamotreto mecanografiado y encuadernado con un rulo plástico. Estaba ubicada entre más de un centenar y medio de textos narrativos que concursaban por los Premios Anuales en el género, categoría inéditos, que otorga el Ministerio de Educación y Cultura. Luego de leer todos los trabajos, no dudé en apartar uno: La mercadera, de autor inidentificable detrás de su seudónimo.
Quedé maravillado, encantado, por la magia destilada en el discurrir narrado, discurrir que acompañé en el viaje de las tres camelleras (en realidad, montan dromedarios) a través del desierto; por la intriga alternada con extensos y ágiles diálogos sobre una gama de temas muy variados; por la austeridad de la prosa y el sesgo de humor que la habita (sesgo, que, por otra parte, está siempre presente en la narrativa rosselliana); por la humana condición de esas mujeres, en un mundo gobernado y estructurado en torno al género femenino; por la ternura que el autor iba mostrando hacia sus criaturas en la estela arenosa de su escritura, esa empatía por sus personajes (otra constante en la producción narrativa del autor de Aimarte), así como por la capacidad sintética del escritor para “maquetear” grandes tópicos en breves líneas: “en el desierto, el tiempo y la distancia no eran magnitudes en el papel sino, ante todo, estados de ánimo, actitudes mentales”, reflexiona uno de los personajes.7
III.
Luego de más de veinticinco años de praxis en el oficio de relatar historias, Leonardo Rossiello nos ofrece Aimarte.8 Para llegar a esta escritura narrativa despojada, atrapante, cuasi cinematográfica, pulida en sus dispositivos técnicos y en el fluir “natural” de su prosa, el autor asumió su dominio poliforme de la metodología del cuento, su depurada narratividad a la hora de encarar la novela (me refiero a la ya mencionada La mercadera), y, particularmente, llevó una historia posible a cuestas durante años, macerándola, rumiándola con paciencia (otra invariante en la historia de los pre-textos rossellianos).
Este proceso, que se dispara a partir de la lectura de una noticia en un viejo periódico, recorre un extenso camino para transformarse en la saga de Volterra atravesando literalmente el mundo para “venderle” una idea, quizá no tan descabellada, pero sí una idea y un destino que lo obsesionan (más allá de intentar convencer a su “cliente” y compatriota, de que un globo aerostático es lo mejor “para fines militares”), al guerrillero y legendario soldado al servicio del gobierno, instalado en la Troya montevideana, José Garibaldi (“el renombrado jefe”, se lo califica en la obra).
En la nota que prosigue a la novela, el autor recrea algunos momentos de su búsqueda, de su indagación en las diferentes versiones de la historia, en la prensa, en las tecnologías de un siglo que apostó al “progreso” y a la invención. Destaco, y reproduzco aquí, el hallazgo de lo que podría ser la proto-nouvelle, o, por lo menos, su representación embrional:
Uno de los semanarios de esa época es La Mariposa. Periódico semanal de literatura, costumbres, teatros, modas, noticias, crónica interior y variedades. En el número 37, del 23 de noviembre de 1851, en la columna de Variedades, encontré una noticia titulada “Muerte de un aeronauta”. Se contaba allí el fin de un Giuseppe Tardini en las afueras de Copenhague. El italiano había desaparecido en el viento, aferrado a su globo, pero no sin antes haber dejado a salvo a “su hijo de once años, y una joven artista dramática”.
IV.
Los personajes de Aimarte se mueven en un mundo que se está haciendo, que está construyéndose en torno a una Modernidad incipiente, a una voluntad tecnológica y libertaria muy marcadas, a un algoritmo no resuelto en el imaginario de muchos, tensado entre las polos sarmientinos de “civilización y barbarie”. Logias, asociaciones secretas, reuniones para conspirar e imaginar otras realidades políticas y sociales, guerras civiles cuasi globalizadas (como lo fue, por ejemplo, el conflicto bélico desarrollado en el Río de la Plata entre 1839 y 1851, al que se le llamó “Guerra grande”, pero en nuestra escala, podría haberse llamado “Gran Guerra”). No obstante, estas criaturas rossellianas arrastran su pathos amoroso, familiar, sus ideas de realización personal, sus obsesiones más acuciantes, por la faz del planeta (literalmente, la familia de Volterra viaja desde el extremo norte al extremo sur del mundo). El ejemplo más claro, visto en las siguientes palabras desde la perspectiva de su hijo Franco (quizás compatible con el foco del propio lector), es el de Luciano Volterra, “un visionario empecinado que ha cruzado el Atlántico hasta Montevideo, en busca de Garibaldi y de este momento”. El protagonista vive y sueña en función de concretar la construcción de su globo y la puesta en práctica de sus ventajas comparativas en un mundo donde la carrera por mejorar los transportes venía in crescendo:
Lo cierto es que los vuelos en globo exaltaban su imaginación de niño y soñó con ser aeronauta desde que tuvo edad para ayudar a mis abuelos con la cosecha de aceitunas. “Algún día yo mismo me haré un globo”, decía.
Me interesa, además, destacar otro sesgo de la escritura de Rossiello, en cuanto a una de sus preocupaciones (y pasiones) como lo es la temática del mar (que desborda la cuentística vinculada a Cabo Frío, esa pequeña ciudad balnearia en la ficción rosselliana). Incluye este extremo, los motivos de la navegación, de los relatos de naufragios, de los diversos tipos de embarcaciones y sus detalles técnicos, de la historia náutica. En esta nouvelle, la minuciosa descripción y las peripecias (no siempre auspiciosas) del viaje entre Copenhague y Montevideo (contemplando la cotidiana vida de la gente embarcada así como los sinsabores y riesgos de los navegantes), vertebran una gran zona del relato que, no me cabe la menor duda, captará al lector hasta trasladarlo al interior de este mundo de ficción que no descuida la configuración, a la interna del relato, de sus referentes históricos.
V.
Luciano Volterra, es, ante todo, un solitario, ya que un hombre atado a una verdadera pasión, la vive, irremediablemente, en soledad. Más allá de sus compañeros de ruta, de su familia, de sus amores, de su propio hijo, Luciano tiene un norte que busca desde una profunda soledad: la comprensión del otro, por más esforzada y empática que sea, no llega a dimensionar un estado de cosas que es intransferible. Como el mitológico Ícaro, como en 1851 le ocurrió a “Giuseppe Tardini en las afueras de Copenhague”, como sucedió con el religioso brasilero que se perdió en la inmensidad del mar no hace muchos meses, el héroe narrativo de Aimarte recorre el via crucis de su propia hibrys, de su aspiración a la desmesura, a la medida que desborda lo humano.
Notas
La sombra y su guerrero, Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 1993, p. 6. Este volumen de cuentos ganó el Premio Nacional de Narrativa “Narradores de Banda Oriental 1992”.
Gente rara, Montevideo, Torre del Vigía Ediciones, 2006. La polifonía, la poligrafía y la ductilidad de recursos de Rossiello, destacan en este libro de un cuentista en su apogeo. Me interesa, especialmente, atender a su trabajo con la metanarrativa, “Eclipses (edición anotada)”, al formidable relato “La leña no se termina”, contado en dos tiempos narrativos muy bien ensamblados, al “emailero” cuento “La dama ubicua”, a la contundencia alucinada de “El campanero” que abre el volumen, en fin, al ya conocido “La casa de Rasmussen” que apareciera seleccionado en el volumen Cuentos de inmigrantes, Montevideo, Trilce, 1997, pp. 99-119.
Solos en la fuente y otros cuentos, Montevideo, Vintén Editor, 1990; La horrorosa tragedia de Reinaldo y otros cuentos, Montevideo, Arca, 1993; La sombra y su guerrero, Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 1993; Incertidumbre de la proa, Editorial Graffiti, 1997 y una versión online en Editorial Letralia, 1998 (donde no aparece el cuento “Cruces zoológicos”, pero en cambio se incluye “La casa de Rasmussen”); Gente rara, Montevideo, Torre del Vigía Ediciones, 2006.
Por ejemplo, señalo, los cuentos “Estado de siglo” y “Cuento para vos” aparecidos en el volumen colectivo como resultado de un concurso literario (junto a un texto de Hebert Abimorad y tres de María España Corrado) intitulado Desde el exilio, Gotemburgo, Casa del Uruguay, 1984. Curiosamente, en el primero de los dos cuentos citados ya hallamos una breve referencia a Cabo Frío, su balneario inventado como referente topográfico de algunas de sus ficciones.
Asimismo, en el volumen Contando historia, Montevideo, Cal y Canto, 1995, se registra el cuento de Rossiello “Sangre rota (apuntes para una historia de Santiago)”, pp. 105-122; y en Cuentos fantásticos del Uruguay, Buenos Aires, Colihue Sepé Edicones, 1999, se incluye “Casi todos los juegos”, pp. 231-240, originalmente en La sombra y su guerrero, 1993, cuento que funciona como una poética afantasmada de su obra.
Me refiero a 8 antologías personales. Poesía uruguaya en Suecia, Montevideo-Estocolmo, Vintén Editor, 1992. Figura aquí una serie de poemas del autor de marras escritos en la década del ‘80, pp. 131-145. Señalo, incluso, el importante trabajo poético que siguen haciendo en Suecia otros dos poetas que figuran en esta antología, y viven desde hace más de 30 años en Gotemburgo y Estocolmo, respectivamente: Hebert Abimorad y Juan Carlos Piñeyro.
Se destacan su tesis doctoral La narrativa breve uruguaya. 1830-1880. Formas y direcciones, Gotemburgo, 1990; Narraciones breves uruguayas (1830-1880), recopilación, prólogo y notas de Leonardo Rossiello, Montevideo, TAE, 1990; Las otras letras: literatura uruguaya del siglo XIX (compilación de L. R.), Montevideo, Graffiti, 1990. Amén de su trabajo sobre narrativa vareliana y sus artículos sobre temas vinculados a la prensa, la literatura, la retórica y algunos personajes paradigmáticos en las narrativas decimonónicas.
La mercadera, Sydney-Montevideo, Cervantes Publishing, 2001, p. 37. Hay otra edición en Torre del Vigía, 2004. La novela ganó el Primer Premio (categoría narrativa inédita) en el referido concurso del MEC en el año 2000.
En 2003 la nouvelle obtuvo en Colombia el premio de Novela Corta Álvaro Cepeda Samudio, y fue publicada ese año en dicho país.