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Falleció el poeta venezolano Darío Lancini, maestro del palíndromo
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Durante la madrugada del pasado sábado 19 de junio y tras luchar contra una prolongada dolencia respiratoria, falleció el poeta venezolano Darío Lancini, especialista en la creación de palíndromos, poemas simétricos que pueden leerse igual de izquierda a derecha y viceversa.

Pintor y poeta, Lancini había nacido en Caracas en 1932. Durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1952-1958), y acusado de intento de magnicidio, sufrió el rigor de la prisión en la isla de Guasina, que funcionaba como campo de concentración del perezjimenismo y a donde iban a parar los militantes del partido Acción Democrática y del Partido Comunista de Venezuela.

Fue integrante, a finales de los años 50 y principios de los 60, de los grupos El Techo de la Ballena y Tabla Redonda, de cuya revista —también llamada Tabla Redonda— fue colaborador, junto con figuras de la literatura y el arte de Venezuela como Rafael Cadenas, Manuel Caballero, Jesús Sanoja Hernández y Jacobo Borges, entre otros.

Lancini abandonaría Venezuela a mediados de los años 60 para vivir un exilio de varios años en Polonia. A su regreso publicaría, con prólogo de Salvador Garmendia y bajo el sello Monte Ávila, el libro Oír a Darío (1975), que reúne treinta de sus palíndromos de extensiones variables, desde una frase hasta una sorprendente versión de la obra Ubú rey, de Alfred Jarry, reconocida como el mayor palíndromo jamás escrito.

Así lo comentaba en 2009 Manuel Caballero, su amigo y colega —y con quien compartiera tiempo en la prisión junto, también, con Rafael Cadenas—: “En los mil años de la lengua española, sólo el venezolano Darío Lancini ha logrado construir un palíndromo de 750 palabras: nada menos que una obra de teatro basada en aquel Ubú rey del icono de los surrealistas Alfred Jarry”.

Casado desde finales de los años 70 con la escritora Antonieta Madrid, Lancini solía frecuentar en Sabana Grande la Librería Suma y sus alrededores junto a un grupo de amigos que hicieron de esto una rutina, y entre los que se encontraban Héctor Malavé Mata, Oswaldo Trejo, Hanni Ossot y Arlette Machado, entre otros.

En Oír a Darío es posible leer textos breves, de aparente simpleza, como: “Abanico con amoníaco / cocainómano cocinaba”, u otros más extensos y complejos como este: “Amor azul. / Ramera, de todo te di. / Mariposa colosal, sí, / yo de todo te di. / Poda la rosa, Venus. / El átomo como tal / es un evasor alado. / Pide, todo te doy: isla, / sol, ocaso, pirámide. / Todo te daré: mar, luz, aroma”.

Pero Lancini escribió también muchos bifrónticos, textos de naturaleza homófona que cambian de sentido al modificarse la estructura de las sílabas: “Amo el mar y no su eco / Amo el marino sueco”. En un libro que deja inédito, y quizás inconcluso, titulado Logodédalo —presentado en el número 3 de la revista de poesía El Salmón—, incluye textos bifrónticos como este: “El mar y no tu telar. / El mar y no el ejido, el mar y no su eco. / Su cumbia y no su fría razón ando / buscando. Su eco sensual malográndose oí. / Oí el mar y no su cítara. Oh, Dios, ¿si / con su sal forja cien aguas / el mar y no tu telar, / se asea la mariposa encubierta?”.

Que se lee igual, pero adquiere otro significado, de esta forma: “El marino tutelar. / El marino elegido, el marino sueco. / Sucumbía y no sufría razonando. / Buscan dos huecos en su alma logran doce, oh. / Y hoy el marino sucitará odios, ¿si / con sus alforjas y enaguas / el marino tutelar / se hace a la mar y posa en cubierta?”.

Uno de los mayores exponentes de este género, la destreza de Lancini fue alabada por autores como el guatemalteco Augusto Monterroso o el argentino Julio Cortázar, quien el 13 de marzo de 1977 le decía en una carta, al agradecerle el envío del libro a través del escritor mexicano Sergio Pitol: “Gracias, muchas gracias por estas horas fascinantes que he pasado con su libro, un libro interminable porque se vuelve a él una y otra vez, a solas y con los amigos, en plena calle, en pleno sueño. Me ha hecho usted un regalo que no olvidaré nunca. Al mostrarnos así las dos caras del espejo, nos enriquece en poesía, nos entraña aun más en el vértigo de la palabra”. Esta carta sería incluida como apéndice en la reedición del libro publicada por el mismo sello en 1996.

Fuentes: Bitácora para lugares reencontradosEl UniversalMartha ColmenaresTal CualVasco Szinetar