¡Comparte este contenido! Compartir en Facebook Compartir en X Compartir en WhatsApp Enviar por correo
Letralia, Tierra de Letras - Edición Nº 34, del 20 de octubre de 1997

Artículos y Reportajes


Entre Borges y Piazzola

Eddy Chacón

Borges y Piazzola Por allí por los años sesenta, créalo o no, un evento único unió a Astor Piazzolla y Jorge Luis Borges en una obra evidentemente musical que se llamó "El tango", donde por razones obvias la letra corresponde a Borges y la música a Piazzolla.

Anoche presenciamos una reproducción de ese acontecimiento, con la suerte de que en estas obras uno se entera de las cosas que, si no fuera por estas reconstrucciones, quedarían para siempre secretas en los recuerdos de sus allegados y en la memoria hecha polvo de los ídolos muertos.

Astor ya para entonces se antepuso al Buenos Aires que es hoy, ruidoso, febril, insolente y perturbador. Su música para entonces fue toda una transgresión a lo que fuera el tango como se le venía escuchando. Sus mediotonos, sus notas atrevidas, sus raras melodías que parecen tango, un tango diferente, uno controversial... pero al final era como él lo llamó: el nuevo tango...

Borges, apegado a la poesía que recreaba la vida del gaucho citadino, de aquél que conoció en su barrio de Palermo viejo. Su prosa tanguera, que él mismo no entendía por qué le hacía sacar lagrimones, representaba la vida, el amor, los celos, la rabia, pero especialmente la muerte...

La obra revive esas anecdóticas conversaciones telefónicas entre Borges y Astor, que ocurrían en esas noches dobles de Borges, donde le comenzaban transnochadas dudas sobre algunas "palabritas" que mejor sería cambiarlas por otras que él creía más convenientes para los propósitos del sentimiento.

—¿Astor?, hmm... Discúlpeme la hora, pero he estado pensando que en esa frase donde dice "oscuros callejones", creo que deberíamos cambiarlo por "polvorientos callejones"..., aunque a decir verdad creo que lo más apropiado es decir "turbios callejones"; sí, sí, así será, cambiémoslo por "turbios callejones".

—Bueno, maestro, como a usted le parezca...

—¿Astor?, discúlpeme la hora, pero he estado pensando...

—Bueno, maestro, ¡pero grabamos mañana..!

Y es que para Borges todo era un ensayo, la obra más terminada era la que no había escrito. Todo era susceptible de ser corregido una y otra vez. Piazzolla, por el contrario, cada vez que escribía la última nota, así quedaría para la posteridad...

Desde la butaca los pies se mueven para un lado y para el otro en una suerte de reflejo melódico que proporcionan esas imágenes danzantes de las parejas que levitan al ritmo de los tangos interpretados por el propio Astor y su bandoneón...

Así transcurre la obra, entre baile y baile, entre tango y tango, con las reflexiones y las poesías de Borges, cantadas en forma de milongas que estrujan el corazón.

Después de dos horas uno le agradece a la vida el chance de estar allí, admirando a dos grandes que ahora he visto más de cerca...

Entre las melodías de Piazzolla, Borges se despide como renegando y previniéndonos de la admiración cuando dice... "No hay nada que mejore tanto al hombre como la muerte...".

Eddy Chacón. Este artículo nos fue suministrado por Alejandro Luy.