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Letralia, Tierra de Letras Año VIII • Nº 95
7 de julio de 2003
Cagua, Venezuela

Depósito Legal:
pp199602AR26
ISSN: 1856-7983

La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
Letras
Algunas cartas perdidas
Guzmán Bañales

Real Sitio y Villa de Aranjuez, 19 de junio

Entrañable amigo, el recibir noticias tuyas tras tan largo silencio me ha dejado muy feliz, ya que en numerosas oportunidades me pregunté qué habría sido de tu vida en estos tiempos tan cambiantes e inestables.

Pero debo confesarte que al leer tus palabras, tras la primera emoción caí, por decirlo de algún modo, en el abismo que acompañaba tu saludo, abismo que como ya sabes no estaba en orden, y mucho esfuerzo me ha requerido interpretarlo, comprender su lógica y por fin traducir el paquete de notas que lo componen.

En compensación por el trabajo que te devuelvo espero que por un tiempo olvides mi afición por los dialectos regionales, además de invitarme con una cena digna de la fama de chef que acompaña tu presencia por esas tierras.

Los papeles en cuestión están muy deteriorados, manchas oscuras ocultan la cerrada escritura en varias partes, y en otras simplemente nada queda de ella.

Recurrí a luz UV e IR y poco más obtuve, existe bastante discontinuidad, pero más no pude hacer.

Según me cuentas, encontraste este material intercalado entre las páginas de un viejo libro de cocina en la Très Grande Bibliothèque; por ello, a fin de no perder el espíritu original dejé sin traducir algunas palabras reconocibles.

Cuando terminé y leí de una vez el resultado me asombró el profundo e intangible paralelismo existente entre lo que podemos esperar del mundo actual y lo que esas tenues palabras describen.

Investigué un poco y creo intuir de qué se trata, lo cual aumentó la tristeza que aún me invade mientras te escribo esto; pero te regalo el disfrute, si se le puede llamar así, de descubrirlo tú mismo.

No más preámbulos, amigo mío; aunque sí sugiero que te sientes en el cómodo sillón de tu biblioteca, con bastante tabaco para tu pipa, una taza de café con cognac y el teléfono desconectado.

Ya comprenderás el motivo.

Un fuerte abrazo.

Sebastién

p.d. Que Dios guíe nuestros pasos en los difíciles tiempos que se avecinan, porque hace más de dos años que estoy en el paro y "el estar así en silencio, sin rumbo, se parece tanto a la nada"...

"[...]

...y aún flota en el aire el perfume a muerte, a miedo y a delación. Ha pasado tiempo desde el final de la locura, pero el hombre es como una bestia salvaje: el sabor de la sangre lo transforma.

Como ya dije, amigo, apenas pueda iré donde estás, porque deseo terminar mis días en paz, con la seguridad de lo establecido. Pero no es el momento, los caminos esconden peores amenazas que los lobos y los asaltantes; con la excusa de la fidelidad o no-fidelidad tu cuello vale menos que un hierbajo. Asesinos con gorros y escarapelas ajustician a gusto cuando ven alforjas llenas.

Nadie habla en voz alta, se murmura más de lo que se piensa.

Cuando encuentre un viajero osado que se anime a cruzar la frontera, enviaré todas las cartas que he escrito para que sepas que estoy bien...

[...]

A cambio de techo y comida acepté cuidar al prisionero custodiado por las dos mujeres. Quien estaba en este lugar antes que yo, partió en busca de alimentos y no regresó. El bosque...

[...]

...las monjas cocinan. Si supieras lo que ha pasado por mi plato en estos tiempos no lo creerías, el hambre no tiene paladar.

Yo soy el responsable de que el prisionero no escape.

Aún no lo he visto, las dos mujeres me lo impiden. Mientras una entra en la habitación con el pote de comida y la jarra de agua, la otra en la puerta me impide mirar, siquiera un momento, hacia el interior.

Conversamos poco.

Estos no son tiempos de palabras gratuitas, ni de sonrisas. [...] la herida me robó la espalda vertical, he quedado cojo, con una pierna inútil. Cuando llegan las lluvias un dolor terrible atenaza mi rodilla como si la muerte me aprisionara sin piedad, reclamándome como soldado de sus huestes, pero lejos me siento aún de su mudo existir.

[...]

...pareció la voz de un niño. Le pregunté a Henriette sobre el prisionero y me respondió que Dios nos hace conocer las cosas que corresponde y las otras pertenecen al misterio Divino.

Estas dos mujeres son como oficiales jóvenes: cumplen las órdenes sin el menor desvío.

[...]

...no tuve dudas, su voz era clara, pedía algo a gritos. Fui en busca de las mujeres y les exigí que me dejaran verlo porque todo guardián debe conocer el rostro de su prisionero. [...] un pequeño muy delgado, en un camastro peor que el mío; había restos de comida esparcidos por la habitación. Al verme se acurrucó y empezó a llorar.

Nunca me gustaron los niños, pero creo que toda la muerte que se ha cruzado en mi camino ha cambiado algo en mi espíritu.

Tomé el pote de sopa que traía Marie, lo puse en el piso cerca del niño y las eché del cuarto. Luego me senté en el suelo con la puerta abierta y estuve así, [...] lloró un rato, después quedó silencioso. Le pregunté si tenía frío pero no me contestó. A media tarde Henriette apareció con dos tazones más de sopa. Los puse junto al camastro y tomé para mí el que ya estaba frío.

El pequeño se abalanzó como un cachorro...

[...]

...hace semanas que el pêre Bernard no llega con su caballo flaco cargado con alimentos, quizás esté muerto al costado de un camino. El invierno se acerca. Para poder comer carne tendré que reparar las viejas trampas que vi en l’etable .

[...]

...no debo saber quién es el prisionero, pero no comprendo cómo dos religiosas se convierten en carceleras de un niño; mas no es tiempo de hacer preguntas.

[...]

...ayer Marie y Henriette le dieron permiso para que me acompañara a revisar las trampas. Aún no hace mucho frío.

Anduvimos callados un buen trecho [...] al bosque, le hablé de mi infancia, de los pájaros que cazaba en las ramas del viejo castaño. Él no parecía escuchar, pero cuando acabé con un gesto impaciente me indicó que prosiguiera. Un puente entre ambos se ha tendido.

Al volver a la ferme el perfume a marronniers asados le iluminó la mirada y apresuró el paso.

[...]

...anoche tuvo calentura y habló en sueños, pronunció varias veces el nombre de Isabelle. Hoy salimos de nuevo, el frío ha comenzado pero no parece molestarle. Cuando estuvimos cerca del arroyo pensé preguntarle quién era Isabelle, pero un violento ataque de tos lo dejó agotado.

Volví con él en brazos, oprimiéndolo contra mi pecho para calentarlo; su respiración [...] ahora duerme frente al fuego. Descansa tranquilo pero no está bien.

[...]

Las mujeres nos sirvieron sopa de hierbas como almuerzo.

[...]

...el frío es terrible, hace días que el cielo no termina de aclararse y ya es de nuevo la noche.

Ayer lo traje dormido a mi habitación que es más pequeña que su prisión nocturna; y además hay un brasero donde mantengo un buen fuego.

[...]

duerme en mi cama y yo lo hago sentado en la silla cuando me vence el cansancio. La pierna duele mucho estos días.

[...]

...el invierno llegó antes este año, la nieve cae sin descanso y eso hace más difícil revisar las trampas.

[...]

...tose cada vez más, aun dormido. El humo del candil estropea mi visión pero me pidió que lo dejara encendido toda la noche.

[...]

...y hace días que comemos sopa de nabos. Paró de nevar, conseguí algunas palomas. Esta noche el pequeño dormirá satisfecho.

[...]

...si tengo hermanos y dónde están mis padres. Inventé una historia llena de niños, sirvientas y amas de leche. No me creyó pero no siguió preguntando. No quise contarle de mis dos hermanos muertos cuando yo apenas caminaba, al caer un puente viejo que estaban reparando en cumplimiento de la odiada corvée, ni de mi padre colgado por ir ante el Seigneur acusándolo de asesino. Tampoco mencioné a [...] que tomó a su cargo mi educación para [...] preferí no remover esos recuerdos polvorientos.

[...]

...afuera el viento cruel quiebra gajos jóvenes y derriba viejos troncos podridos. Se durmió hace muy poco, la calentura ha cedido. Escucho su respiración, el crepitar de los carbones ardiendo y el rasguido de mi pluma sobre el papel. [...] la tinta es un problema; estoy ensayando una mezcla de aceite quemado, carbón molido y resina.

[...]

...está tranquilo, juega en el piso con un caballito de madera que le hice anoche mientras dormía.

A menudo me pregunta a quién le escribo. Le digo que a un amigo, [...] es un alivio.

[...]

...nieva de nuevo. El viento aúlla desde hace días. Ya no podemos hacer nuestros paseos.

Su tos aumenta; cuando le viene un ataque lo abrazo, lo sostengo contra mí y canto lo poco que recuerdo de mi niñez, hasta que todo pasa y se queda dormido sin fuerzas.

[...]

...lejos está el château con sus caballerizas, sus sirvientes, sus soldados y aquella tranquilidad ordenada. Nada queda en mí del Mentor de los hijos del Seigneur, ni del famoso escriba reclamado desde otra Cour para registrar las gloriosas memorias de [...] Todo murió con la primera descarga de fusilería que sonó en algún lugar del Reino contra los paysans armados con hoces y azadas.

[...]

A menudo escucho algún disparo lejano, en el atardecer. No quiero saber qué sucede. No quiero más cambios. Temo por el niño y las mujeres...

[...]

...tanta debilidad me mantiene despierto a su lado. Le doy mi comida, antes desmenuzo todo con mis dedos para que lo trague.

Henriette ha soñado algo terrible, pero sólo se lo contó a Marie. Las dos lloran mucho y vienen a ver al niño varias veces por día para asegurarse que está bien...

[...]

Hoy le bajó la calentura y me preguntó cómo era el mar. Le hablé de mis años mozos en la costa. No sé cómo pero terminé contándole de Sophie y aquellos tiempos lejanos. Cuando callé me miró un momento, sacudió la cabeza y volvió a recostarse.

[...]

...cocinan y callan. Son tan diferentes a las religiosas que conocí durante mi infancia.

[...]

...lloró mientras dormía y no aceptó que lo tomara en brazos. Avivé el fuego, me senté a su lado, le acaricié la cabeza y le dije, durante horas, que todo estaba bien.

Con un nudo en la garganta espero que amanezca.

[...]

Hace algunas jornadas un jinete agotado detuvo su marcha llamando a gritos a Marie y a Henriette. Las mujeres me ordenaron esperar dentro de la casa. El hombre no desmontó y pude ver cómo negaba con la cabeza todo lo que las monjas decían.

A partir de entonces mucho cambió, cada vez que la carrera de un caballo se oye a lo lejos cierran presurosas los postigos, apagan el fuego y comienzan a rezar.

No dejo solo al niño en ningún momento, ni siquiera...

[...]

Ya no las siento como celadoras, ahora son...

[...]

Esta mañana desperté creyendo que estaba en el château, por un momento me sentí feliz y confortado hasta que la tos del pequeño me trajo de regreso a la locura que une, en una ferme derruida, a un niño sin nombre, a dos monjas silenciosas y a este escriba sin fuerzas, credo ni Rey.

[...]

...el pequeño brasero no alcanzaba, le di mi abrigo para que se cubriera. Más tarde Marie y Henriette hicieron lo mismo.

Parecemos tres espectros de un mundo perdido.

¿Dónde ha quedado la risa de este niño? ¿Dónde ha quedado mi fe?

[...]

Mientras escribo esto habla dormido, llama a Isabelle y la invita a jugar en el gran salon des miroirs, a contar cuántos niños se reflejan.

[...]

En los últimos tiempos tengo dos sueños que se repiten: en uno estoy en medio de una turba, frente a mí hay tropas uniformadas y a mi alrededor corren hombres, mujeres y niños. Suenan gritos terribles, hay olor a sangre y a pólvora. No puedo moverme, todos van cayendo hasta que soy el único de pie en ese campo de muerte. [...] el silencio y el miedo. [...] lejos, lenguas de fuego devoran grandes châteaux y bosques antiguos se sumergen en mares cenicientos.

En el otro sueño aún estoy en el château, los demás han muerto. De pronto las paredes estallan y regimientos de hombres con cabeza de buey irrumpen en los pisos brillantes con una furia incontenible. Sin prestarme atención pasan a través de los salones vomitando fango entre nubes de humo rojizo mientras rasgan los tapices con sus pezuñas metálicas.

[...]

La vida retoma su ritmo, árboles, animales y flores recomponen la belleza de la campiña, pero todo ocurre fuera de estas cuatro paredes.

[...]

...las mujeres y yo nos turnamos para sostenerle la cabeza en nuestro regazo, porque sólo así parece descansar.

Con mucho esfuerzo anoche logré que bebiera un poco de agua. [...] no puedo conciliar el sueño y por eso escribo, para conjurar los fantasmas agazapados en los rincones de mi memoria y para olvidar el miedo a...

[...]

Miro a este niño luchando por respirar, acurrucado en mi cama, cubierto con harapos; recuerdo mi primera infancia y por primera vez siento que todo debía cambiar.

[...]

...delira y habla de inmensos parques, de juegos de agua, de estatuas, [...] este niño, [...] temor.

[...]

...quedé y perplejo sigo. El pequeño gorrión me preguntó por qué existe la muerte y qué hay detrás de ella. ¿Cómo este niño se plantea esta eterna interrogante? ¿Qué habrán visto esos ojos que tan poco guardan del candor infantil?

[...]

¿Acaso la sangre derramada se ha convertido en un argumento válido? [...] siento solo y no quiero estar así. ¿Se hará costumbre esta orfandad?

[...]

...temo a la muerte y por ello escapé del château poco antes de que la locura atravesara los grandes ventanales del Salón Personal del Seigneur, [...] pero el estar así en silencio, sin rumbo, se parece tanto a la nada que a menudo...

[...]

El mundo que conocí ha desaparecido, tan sólo cenizas y el eco apagado de gritos habitan en mi mente. Al nuevo Orden lo respeto por miedo, aunque no lo comprendo. Mis manos están ensangrentadas. He perdido todo...

[...]

El pequeño parece mejorar día a día, pero no abrigo esperanzas, conozco la traición a la vida oculta en [...] mas callo.

El sol entra por la ventana e ilumina su rostro dormido. Quisiera poder detener para siempre este momento de calma.

[...]

La calentura regresó. Delira una vez más: juega con otros niños.

Un ataque de tos modificó su rumbo, ahora menciona nuevamente espejos, candiles y música.

¿Ya nunca más oiré mi partitura favorita?

[...]

¿Será Dios quien [...] al Rey?

He perdido la certeza de lo inamovible, amigo mío. He caído del barco y no veo la orilla [...] ¿Qué suerte habrán corrido todos aquellos que vivían en el château? Lo imagino y me espanta.

También extraño a Friedrich, el perro preferido de [...] Dios mío, qué absurdo.

[...]

...está débil, me preocupa mucho.

Esta mañana Henriette se acercó sin ruido hasta el pequeño y acarició su rostro sin despertarlo. Pensó que yo dormía. [...] estamos más delgados.

Sin conversarlo, los tres hacemos lo mismo para que él tenga un poco más de alimento...

[...]

...los dos solos, su cabeza en mi regazo, el aire negándose a entrar en su pecho de gorrión cuando un violento ataque de tos lo estremeció como nunca. Desesperado lo abracé rogando a Dios [...] abrió los ojos, me miró sonriendo con una lucidez extraña, y luego murió.

Marie y Henriette regresaron [...] derramó el agua y bajó corriendo las escaleras, en cambio Henriette se acercó al camastro y de rodillas, muy despacio besó el dorso de la mano del pequeño; luego la abracé y por primera vez desde niño lloré, lloramos por todo lo que había terminado, nos había abandonado y jamás regresaría.

[...]

Marie se marchó unas horas y regresó con unos jinetes y un pequeño carro. Llegaron sin ruido. [...] supe que eran clérigos.

Uno de ellos [...] nos miramos largo rato sin hablar. ¿Qué íbamos a decir? Era el antiguo Confesor del Seigneur. Alguna vez nos cruzamos en [...] huyó como yo, mezclándose con los revoltosos para salvar su vida. Nada había de la vanidad anterior. Frente a mí un joven con ojos de anciano masticaba tabaco, más muerto que vivo, quizás por ver tanta sangre derramada sin sentido.

Somos apenas mascotas sin dueño destinados a morir en silencio, de hambre y soledad.

[...]

...sin hablar lo cubrieron cuidadosamente con una raída bandera blanca que Marie sacó de un baúl con doble fondo. Estaba muy estropeada pero aún se distinguían las tres flores de lis doradas. Mientras decían el responso, ninguno dentro de la habitación llevaba la escarapela tricolor entre sus ropas.

[...]

...las mujeres quemaban la bandera, lo cargaron silenciosos en el carro. Ellas partirán con el cuerpo del pequeño...

[...]

Fuera la campiña rebosa de vida y colores, pero yo estoy vacío por dentro. Con el niño murió lo último que restaba en mí de aquel hombre que conociste hace años, amigo mío.

Sé que jamás te llegarán estas cartas, pero no las destruiré, [...] en el interior de un libro que tomé del château y que me acompañó siempre, aun cuando la baïonnette se enterró en mi pierna [...] se lo daré a Henriette porque ella me vio escribir muchas veces y no preguntó nada, y además fue quien más...

[...]

El camino que me resta lo adivino corto. Me duele respirar y toso mucho, a veces con sangre.

La muerte me llama y hacia ella voy para olvidarme lo poco...

[...]

Votre ami, Jean".

(Nota del autor: el presente relato se basa en la presunción histórica de que el niño encerrado en la Prisión de Temple de París entre 1791 y 1795 no fue el verdadero Delfín, sino un mero sustituto a fin de evitar la Coronación de Luis XVII por parte de los monárquicos si estos llegaban a realizar una acción de fuerza para liberar a la familia real del poder republicano).

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Creada el 20 de mayo de 1996 • Próxima edición: 21 de julio de 2003 • Circula el primer y tercer lunes de cada mes