Sebastién
p.d. Que Dios guíe nuestros pasos en los difíciles tiempos que se avecinan,
porque hace más de dos años que estoy en el paro y "el estar así en
silencio, sin rumbo, se parece tanto a la nada"...
"[...]
...y aún flota en el aire el perfume a muerte, a miedo y a delación. Ha
pasado tiempo desde el final de la locura, pero el hombre es como una bestia
salvaje: el sabor de la sangre lo transforma.
Como ya dije, amigo, apenas pueda iré donde estás, porque deseo terminar
mis días en paz, con la seguridad de lo establecido. Pero no es el momento, los
caminos esconden peores amenazas que los lobos y los asaltantes; con la excusa
de la fidelidad o no-fidelidad tu cuello vale menos que un hierbajo. Asesinos
con gorros y escarapelas ajustician a gusto cuando ven alforjas llenas.
Nadie habla en voz alta, se murmura más de lo que se piensa.
Cuando encuentre un viajero osado que se anime a cruzar la frontera, enviaré
todas las cartas que he escrito para que sepas que estoy bien...
[...]
A cambio de techo y comida acepté cuidar al prisionero custodiado por las
dos mujeres. Quien estaba en este lugar antes que yo, partió en busca de
alimentos y no regresó. El bosque...
[...]
...las monjas cocinan. Si supieras lo que ha pasado por mi plato en estos
tiempos no lo creerías, el hambre no tiene paladar.
Yo soy el responsable de que el prisionero no escape.
Aún no lo he visto, las dos mujeres me lo impiden. Mientras una entra en la
habitación con el pote de comida y la jarra de agua, la otra en la puerta me
impide mirar, siquiera un momento, hacia el interior.
Conversamos poco.
Estos no son tiempos de palabras gratuitas, ni de sonrisas. [...] la herida
me robó la espalda vertical, he quedado cojo, con una pierna inútil. Cuando
llegan las lluvias un dolor terrible atenaza mi rodilla como si la muerte me
aprisionara sin piedad, reclamándome como soldado de sus huestes, pero lejos me
siento aún de su mudo existir.
[...]
...pareció la voz de un niño. Le pregunté a Henriette sobre el prisionero
y me respondió que Dios nos hace conocer las cosas que corresponde y las otras
pertenecen al misterio Divino.
Estas dos mujeres son como oficiales jóvenes: cumplen las órdenes sin el
menor desvío.
[...]
...no tuve dudas, su voz era clara, pedía algo a gritos. Fui en busca de las
mujeres y les exigí que me dejaran verlo porque todo guardián debe conocer el
rostro de su prisionero. [...] un pequeño muy delgado, en un camastro peor que
el mío; había restos de comida esparcidos por la habitación. Al verme se
acurrucó y empezó a llorar.
Nunca me gustaron los niños, pero creo que toda la muerte que se ha cruzado
en mi camino ha cambiado algo en mi espíritu.
Tomé el pote de sopa que traía Marie, lo puse en el piso cerca del niño y
las eché del cuarto. Luego me senté en el suelo con la puerta abierta y estuve
así, [...] lloró un rato, después quedó silencioso. Le pregunté si tenía
frío pero no me contestó. A media tarde Henriette apareció con dos tazones
más de sopa. Los puse junto al camastro y tomé para mí el que ya estaba
frío.
El pequeño se abalanzó como un cachorro...
[...]
...hace semanas que el pêre Bernard no llega con su caballo flaco
cargado con alimentos, quizás esté muerto al costado de un camino. El invierno
se acerca. Para poder comer carne tendré que reparar las viejas trampas que vi
en l’etable .
[...]
...no debo saber quién es el prisionero, pero no comprendo cómo dos
religiosas se convierten en carceleras de un niño; mas no es tiempo de hacer
preguntas.
[...]
...ayer Marie y Henriette le dieron permiso para que me acompañara a revisar
las trampas. Aún no hace mucho frío.
Anduvimos callados un buen trecho [...] al bosque, le hablé de mi infancia,
de los pájaros que cazaba en las ramas del viejo castaño. Él no parecía
escuchar, pero cuando acabé con un gesto impaciente me indicó que prosiguiera.
Un puente entre ambos se ha tendido.
Al volver a la ferme el perfume a marronniers asados le
iluminó la mirada y apresuró el paso.
[...]
...anoche tuvo calentura y habló en sueños, pronunció varias veces el
nombre de Isabelle. Hoy salimos de nuevo, el frío ha comenzado pero no
parece molestarle. Cuando estuvimos cerca del arroyo pensé preguntarle quién
era Isabelle, pero un violento ataque de tos lo dejó agotado.
Volví con él en brazos, oprimiéndolo contra mi pecho para calentarlo; su
respiración [...] ahora duerme frente al fuego. Descansa tranquilo pero no
está bien.
[...]
Las mujeres nos sirvieron sopa de hierbas como almuerzo.
[...]
...el frío es terrible, hace días que el cielo no termina de aclararse y ya
es de nuevo la noche.
Ayer lo traje dormido a mi habitación que es más pequeña que su prisión
nocturna; y además hay un brasero donde mantengo un buen fuego.
[...]
duerme en mi cama y yo lo hago sentado en la silla cuando me vence el
cansancio. La pierna duele mucho estos días.
[...]
...el invierno llegó antes este año, la nieve cae sin descanso y eso hace
más difícil revisar las trampas.
[...]
...tose cada vez más, aun dormido. El humo del candil estropea mi visión
pero me pidió que lo dejara encendido toda la noche.
[...]
...y hace días que comemos sopa de nabos. Paró de nevar, conseguí algunas
palomas. Esta noche el pequeño dormirá satisfecho.
[...]
...si tengo hermanos y dónde están mis padres. Inventé una historia llena
de niños, sirvientas y amas de leche. No me creyó pero no siguió preguntando.
No quise contarle de mis dos hermanos muertos cuando yo apenas caminaba, al caer
un puente viejo que estaban reparando en cumplimiento de la odiada corvée,
ni de mi padre colgado por ir ante el Seigneur acusándolo de asesino.
Tampoco mencioné a [...] que tomó a su cargo mi educación para [...] preferí
no remover esos recuerdos polvorientos.
[...]
...afuera el viento cruel quiebra gajos jóvenes y derriba viejos troncos
podridos. Se durmió hace muy poco, la calentura ha cedido. Escucho su
respiración, el crepitar de los carbones ardiendo y el rasguido de mi pluma
sobre el papel. [...] la tinta es un problema; estoy ensayando una mezcla de
aceite quemado, carbón molido y resina.
[...]
...está tranquilo, juega en el piso con un caballito de madera que le hice
anoche mientras dormía.
A menudo me pregunta a quién le escribo. Le digo que a un amigo, [...] es un
alivio.
[...]
...nieva de nuevo. El viento aúlla desde hace días. Ya no podemos hacer
nuestros paseos.
Su tos aumenta; cuando le viene un ataque lo abrazo, lo sostengo contra mí y
canto lo poco que recuerdo de mi niñez, hasta que todo pasa y se queda dormido
sin fuerzas.
[...]
...lejos está el château con sus caballerizas, sus sirvientes, sus
soldados y aquella tranquilidad ordenada. Nada queda en mí del Mentor de los
hijos del Seigneur, ni del famoso escriba reclamado desde otra Cour
para registrar las gloriosas memorias de [...] Todo murió con la primera
descarga de fusilería que sonó en algún lugar del Reino contra los paysans
armados con hoces y azadas.
[...]
A menudo escucho algún disparo lejano, en el atardecer. No quiero saber qué
sucede. No quiero más cambios. Temo por el niño y las mujeres...
[...]
...tanta debilidad me mantiene despierto a su lado. Le doy mi comida, antes
desmenuzo todo con mis dedos para que lo trague.
Henriette ha soñado algo terrible, pero sólo se lo contó a Marie. Las dos
lloran mucho y vienen a ver al niño varias veces por día para asegurarse que
está bien...
[...]
Hoy le bajó la calentura y me preguntó cómo era el mar. Le hablé de mis
años mozos en la costa. No sé cómo pero terminé contándole de Sophie y
aquellos tiempos lejanos. Cuando callé me miró un momento, sacudió la cabeza
y volvió a recostarse.
[...]
...cocinan y callan. Son tan diferentes a las religiosas que conocí durante
mi infancia.
[...]
...lloró mientras dormía y no aceptó que lo tomara en brazos. Avivé el
fuego, me senté a su lado, le acaricié la cabeza y le dije, durante horas, que
todo estaba bien.
Con un nudo en la garganta espero que amanezca.
[...]
Hace algunas jornadas un jinete agotado detuvo su marcha llamando a gritos a
Marie y a Henriette. Las mujeres me ordenaron esperar dentro de la casa. El
hombre no desmontó y pude ver cómo negaba con la cabeza todo lo que las monjas
decían.
A partir de entonces mucho cambió, cada vez que la carrera de un caballo se
oye a lo lejos cierran presurosas los postigos, apagan el fuego y comienzan a
rezar.
No dejo solo al niño en ningún momento, ni siquiera...
[...]
Ya no las siento como celadoras, ahora son...
[...]
Esta mañana desperté creyendo que estaba en el château, por un
momento me sentí feliz y confortado hasta que la tos del pequeño me trajo de
regreso a la locura que une, en una ferme derruida, a un niño sin
nombre, a dos monjas silenciosas y a este escriba sin fuerzas, credo ni Rey.
[...]
...el pequeño brasero no alcanzaba, le di mi abrigo para que se cubriera.
Más tarde Marie y Henriette hicieron lo mismo.
Parecemos tres espectros de un mundo perdido.
¿Dónde ha quedado la risa de este niño? ¿Dónde ha quedado mi fe?
[...]
Mientras escribo esto habla dormido, llama a Isabelle y la invita a
jugar en el gran salon des miroirs, a contar cuántos niños se reflejan.
[...]
En los últimos tiempos tengo dos sueños que se repiten: en uno estoy en
medio de una turba, frente a mí hay tropas uniformadas y a mi alrededor corren
hombres, mujeres y niños. Suenan gritos terribles, hay olor a sangre y a
pólvora. No puedo moverme, todos van cayendo hasta que soy el único de pie en
ese campo de muerte. [...] el silencio y el miedo. [...] lejos, lenguas de fuego
devoran grandes châteaux y bosques antiguos se sumergen en mares
cenicientos.
En el otro sueño aún estoy en el château, los demás han muerto. De
pronto las paredes estallan y regimientos de hombres con cabeza de buey irrumpen
en los pisos brillantes con una furia incontenible. Sin prestarme atención
pasan a través de los salones vomitando fango entre nubes de humo rojizo
mientras rasgan los tapices con sus pezuñas metálicas.
[...]
La vida retoma su ritmo, árboles, animales y flores recomponen la belleza de
la campiña, pero todo ocurre fuera de estas cuatro paredes.
[...]
...las mujeres y yo nos turnamos para sostenerle la cabeza en nuestro regazo,
porque sólo así parece descansar.
Con mucho esfuerzo anoche logré que bebiera un poco de agua. [...] no puedo
conciliar el sueño y por eso escribo, para conjurar los fantasmas agazapados en
los rincones de mi memoria y para olvidar el miedo a...
[...]
Miro a este niño luchando por respirar, acurrucado en mi cama, cubierto con
harapos; recuerdo mi primera infancia y por primera vez siento que todo debía
cambiar.
[...]
...delira y habla de inmensos parques, de juegos de agua, de estatuas, [...]
este niño, [...] temor.
[...]
...quedé y perplejo sigo. El pequeño gorrión me preguntó por qué existe
la muerte y qué hay detrás de ella. ¿Cómo este niño se plantea esta eterna
interrogante? ¿Qué habrán visto esos ojos que tan poco guardan del candor
infantil?
[...]
¿Acaso la sangre derramada se ha convertido en un argumento válido? [...]
siento solo y no quiero estar así. ¿Se hará costumbre esta orfandad?
[...]
...temo a la muerte y por ello escapé del château poco antes de que
la locura atravesara los grandes ventanales del Salón Personal del Seigneur,
[...] pero el estar así en silencio, sin rumbo, se parece tanto a la nada
que a menudo...
[...]
El mundo que conocí ha desaparecido, tan sólo cenizas y el eco apagado de
gritos habitan en mi mente. Al nuevo Orden lo respeto por miedo, aunque no lo
comprendo. Mis manos están ensangrentadas. He perdido todo...
[...]
El pequeño parece mejorar día a día, pero no abrigo esperanzas, conozco la
traición a la vida oculta en [...] mas callo.
El sol entra por la ventana e ilumina su rostro dormido. Quisiera poder
detener para siempre este momento de calma.
[...]
La calentura regresó. Delira una vez más: juega con otros niños.
Un ataque de tos modificó su rumbo, ahora menciona nuevamente espejos,
candiles y música.
¿Ya nunca más oiré mi partitura favorita?
[...]
¿Será Dios quien [...] al Rey?
He perdido la certeza de lo inamovible, amigo mío. He caído del barco y no
veo la orilla [...] ¿Qué suerte habrán corrido todos aquellos que vivían en
el château? Lo imagino y me espanta.
También extraño a Friedrich, el perro preferido de [...] Dios mío,
qué absurdo.
[...]
...está débil, me preocupa mucho.
Esta mañana Henriette se acercó sin ruido hasta el pequeño y acarició su
rostro sin despertarlo. Pensó que yo dormía. [...] estamos más delgados.
Sin conversarlo, los tres hacemos lo mismo para que él tenga un poco más de
alimento...
[...]
...los dos solos, su cabeza en mi regazo, el aire negándose a entrar en su
pecho de gorrión cuando un violento ataque de tos lo estremeció como nunca.
Desesperado lo abracé rogando a Dios [...] abrió los ojos, me miró sonriendo
con una lucidez extraña, y luego murió.
Marie y Henriette regresaron [...] derramó el agua y bajó corriendo las
escaleras, en cambio Henriette se acercó al camastro y de rodillas, muy
despacio besó el dorso de la mano del pequeño; luego la abracé y por primera
vez desde niño lloré, lloramos por todo lo que había terminado, nos había
abandonado y jamás regresaría.
[...]
Marie se marchó unas horas y regresó con unos jinetes y un pequeño carro.
Llegaron sin ruido. [...] supe que eran clérigos.
Uno de ellos [...] nos miramos largo rato sin hablar. ¿Qué íbamos a decir?
Era el antiguo Confesor del Seigneur. Alguna vez nos cruzamos en
[...] huyó como yo, mezclándose con los revoltosos para salvar su vida. Nada
había de la vanidad anterior. Frente a mí un joven con ojos de anciano
masticaba tabaco, más muerto que vivo, quizás por ver tanta sangre derramada
sin sentido.
Somos apenas mascotas sin dueño destinados a morir en silencio, de hambre y
soledad.
[...]
...sin hablar lo cubrieron cuidadosamente con una raída bandera blanca que
Marie sacó de un baúl con doble fondo. Estaba muy estropeada pero aún se
distinguían las tres flores de lis doradas. Mientras decían el responso,
ninguno dentro de la habitación llevaba la escarapela tricolor entre sus ropas.
[...]
...las mujeres quemaban la bandera, lo cargaron silenciosos en el carro.
Ellas partirán con el cuerpo del pequeño...
[...]
Fuera la campiña rebosa de vida y colores, pero yo estoy vacío por dentro.
Con el niño murió lo último que restaba en mí de aquel hombre que conociste
hace años, amigo mío.
Sé que jamás te llegarán estas cartas, pero no las destruiré, [...] en el
interior de un libro que tomé del château y que me acompañó siempre,
aun cuando la baïonnette se enterró en mi pierna [...] se lo daré a
Henriette porque ella me vio escribir muchas veces y no preguntó nada, y
además fue quien más...
[...]
El camino que me resta lo adivino corto. Me duele respirar y toso mucho, a
veces con sangre.
La muerte me llama y hacia ella voy para olvidarme lo poco...
[...]
Votre ami, Jean".
(Nota del autor: el presente relato se basa en la presunción histórica
de que el niño encerrado en la Prisión de Temple de París entre 1791 y 1795
no fue el verdadero Delfín, sino un mero sustituto a fin de evitar la
Coronación de Luis XVII por parte de los monárquicos si estos llegaban a
realizar una acción de fuerza para liberar a la familia real del poder
republicano).