La Feria del Libro de Miami se organiza de manera especial: durante la semana, por las tardes, se desarrollan actividades culturales tales como conferencias, presentaciones de libros, espectáculos de música, danza y cine, en el supermoderno recinto Wolfson del Miami Dade College, y el fin de semana (viernes, sábado y domingo) se celebra la llamada “Feria al aire libre” (Street Fair), donde un gran número de puestos de exhibición y venta de libros hace justicia al término “feria”. Allí, bajo el sol rajante de Miami y con un marco de palmeras y rascacielos, la multitud se congrega para mirar libros, adquirir sus títulos favoritos o simplemente pasear un rato.
México ha sido tradicionalmente un país de asilo de destacados escritores de España, Argentina, Chile, Guatemala, Colombia, Rusia, etc. No sólo México ha recibido a los perseguidos, sino a artistas que han visto en el país el sitio ideal para hacer y proyectar sus obras, profundizar en la vida, alcanzar la libertad posible. José Stalin, Francisco Franco, Augusto Pinochet, las juntas militares de Argentina y Uruguay, produjeron un gran oleaje de inmigrantes, exiliados, políticos que encontraron su patria en México.
La tierra / Amarilla / Libera sus signos / En los arcanos / Benévolos del río // Recogen los hombres / Que musitan / Entre la lluvia / Sus respuestas / Asidos al pasado.
No soy yo ni mi pinta de “bulé” aún sorprendido en medio de esta marea de mujeres que se va apoderando del ambiente, quien llama la atención de la minifaldera que se acerca a pasos agigantados, es uno de mis compañeros. Es hacia él —cuyo anonimato me permito— que se acerca la muchacha aquella; no tiene 25, tiene 28. Detrás de ella aparece —menos agraciada pero más decidida— otra amiga. ¿Sus nombres? Los supe, pero ya no me acuerdo. Reales o ficticios, tenían esas “i griegas” precedidas de doble consonante que resumen en “quiero ser” inconfundible. ¿Fanny, Jenny, Sussy?, no importa, lo único cierto es que una de ellas había salido la semana anterior con mi amigo (es decir, “salido” de la discoteca donde la conoció y “entrado” a su departamento).
Es algo que no deja de sorprenderme el comprobar muy a menudo, vía Internet, cómo en numerosos foros los adultos hablan sesudamente de cómo hay que educar a los niños a través de los cuentos infantiles, y lo curioso del caso es que da la sensación de que ellos nunca lo fueron, chiquillos quiero decir, por la manera que se expresan, que nunca lo fueron... o que lo han olvidado.
El autor de Respiración artificial suele asomarse con el mundo a cuestas: la realidad de su continente, la de su país toca y altera los sentidos. Monstruo sagrado de la novelística escrita en español, Piglia desdobla sus ímpetus y saborea las palabras de Oliden, las mismas que Bullrich exprime para ficcionar (qué dura realidad) el mundo de los escritores, la atmósfera cargada de tantos egos juntos. Esta enfermedad no taladra el discurso —y pensamos que la vida— de quien hoy es objeto de un estudio completo en edición de Jorge Carrión para la editorial Candaya, El lugar de Piglia (Barcelona, España, 2008), donde habita la crítica —¿sin ficción?— formulada por hombres y mujeres practicantes de la realidad, toda vez que la ficción, en este instante, les va de lado, para gracia del volumen que aludimos.
Secundino Bermúdez y Delgado, “Cundo”, nació en La Habana en septiembre de 1914 y murió en Miami el 30 de octubre de 2008, después de una activa y profunda vida creadora que lo llevara desde su adorada Cuba hasta remotos rincones artísticos alrededor del mundo y el reconocimiento internacional de destacadas figuras como David Alfaro Siqueiros, quien dijera: “Cundo Bermúdez representa audacia en las artes plásticas. Él sabe cómo construir de una manera sincronizada. Él construye y organiza a veces de manera milagrosa”.
La extraordinaria profesora Mariela Álvarez ha puesto a nuestra disposición un excelente trabajo que, gracias a su talento y creatividad, desarrolló hace algún tiempo (y que obtuvo un reconocimiento por parte de Educarchile, el portal educativo más importante del país), relativo al uso, disfrute y enseñanza de la poesía en la escuela.
Cuando era un imberbe inédito, especie de funámbulo de la lectura, que transitaba por los bares y cafés de la ciudad de Valencia, en compañía de escritores y poetas con cierta trayectoria literaria (e incluso libros publicados) utilizábamos al país, en nuestras tertulias y discusiones, como un esparrin para darle rienda suelta a nuestro boxeo retórico. Por supuesto al país lo ahormábamos a nuestra medida, le limpiábamos de todas sus heces, entuertos y descalabros políticos. Luego en el taxi, ebrios y cansados de tanto boxeo oral de sombra, entendíamos que el país era conducido a un mejor destino por la argumentación filosófica del taxista de turno, inigualable cantera ficcional, especie de Blacamán urbano capaz de “convencer a un astrónomo de que el mes de febrero no era más que un rebaño de elefantes invisibles”.