Los medios de comunicación seguirán la pista de la autopsia y todo lo concerniente al caso post Michael Jackson. Las urracas proseguirán escarbando donde se ve y no se ve, en el lado oscuro donde sólo llega la última luz de lo imperfecto. Buscarán el sitio donde fue sepultado MJ y con el tiempo lo verán deambular con su guante blanco en la mano derecha, gafas de aviador, uniforme de militar, imagen de ídolo de un país de Las mil y una noches, hablar de un nuevo pop que está preparando en algún secreto lugar de Indiana, en Gary, su pueblo natal. En las esquinas, frente a una gasolinera, subiendo un bus, en los escalones de alguna casa, en el porche, grabará sus últimos pasos, danzando más allá del más allá, retrocediendo en paso de pepsicola, esfumándose casi del escenario y volviendo sin inmutarse con su sombrero Rey del Pop, volando, volando.
Onetti imprimió a su escritura un tono trágico, con un color sucio, sin hacerle concesiones al sentimentalismo de saldo ni al realismo mágico anecdótico. Onetti fue un maldito de las letras a su modo, un iconoclasta que se instaló en la ciudad de Santa María (un Montevideo idealizado y pasado por una aciaga poética) para mover a sus personajes. Su estilo (aseguran los especialistas) emparentaba con Faulkner, Céline y Joyce. Como gran lector supo beber de buenas fuentes y se labró un estilo de prosa poética como pocas en la literatura latinoamericana.
La cruz más lejana del puerto, de Edilio Peña, revela el tejido de una familia cuya fatalidad transita con el cadáver calcinado de una mujer. Los cuatro personajes “responsables” de ese evento criminal, hermanos para las señas particulares que el lector sabrá descubrir, se imbrican en tensiones tan cercanas que quien entre en la historia será testigo de excepción de la telenovela en que se ha convertido el escenario donde la tragedia se desarrolla.
Ildefonso Falcones es un novelista barcelonés, abogado de profesión, que en el año 2006 tuvo su primer y sonado éxito al venderse de manera millonaria su ópera prima, La catedral del mar, incursión histórica en la época de la construcción de las catedrales. Se le comparó con Ken Follet, pero en mi modesto parecer el rigor histórico de Falcones, época, costumbres, es perfecto mientras que en Follet resulta bastante hollywoodense. Ahora, después de tres años, Falcones repite y lo hace hablándonos de la expulsión de los moriscos en la España de los reyes católicos, a través de las páginas de La mano de Fátima, obra muy documentada y que parece va a tener el mismo éxito que su antecesora.
Cada estación del metro de Tokio (telaraña que pareciera interminable y que funciona con la precisión de un reloj suizo) tiene una personalidad especial. El turista que tuviera el tiempo necesario podría dedicarse a bajar en cada uno de los paraderos, subir a la superficie y recorrer las calles de los alrededores para descubrir los muchos “japones” que alberga la ciudad (se dice que “Japón es mucho más Tokio”; habría que agregar que “no hay un solo Tokio” sino que la capital es de una diversidad sorprendente).
Vicente Pérez Rosales es uno de esos casos raros cuya literatura, pretendidamente memorialista y por ello fuertemente arraigada en contextos históricos y culturales muy determinados, superan la estrechez de los tiempos que recuerda y se instala como una obra brillante y atemporal tan extraordinariamente vigente como si no hubieran pasado décadas o hasta siglos.
Gioconda Belli ha luchado siempre para recobrar espacios tradicionalmente masculinos sin dejar de lado aquellos considerados como femeninos, lo que nos lleva siempre a un replanteamiento del sentido y la carga política de estos dos términos. En su última novela, sin embargo, Belli parece haber encontrado la suma y la síntesis de sus temas esenciales. En El infinito en la palma de la mano logra recrear los interrogantes acerca de la condición humana (hombre y mujer) con una visión original, en el doble sentido de la palabra. Como la autora misma lo cuenta en la nota introductoria, el tema de la creación de Adán y Eva y de sus descendientes como relato fundacional de la especie humana llegó a ella de manera casual, revisando unos libros en la casa de un familiar.
Conversábamos en un puente, mientras mirábamos el firmamento y tratábamos de ubicar ciertas estrellas de buen augurio. Vimos llegar a una atractiva muchacha, vestida con corta falda, montada en una motoneta. Detuvo su vehículo en la casa aledaña al puente. Nos lanzó una ojeada escrutadora e insinuante y tocó la puerta de la casa. Otras dos muchachas, en camisolas para dormir, salieron a recibirla. Las tres nos escrutaron unos instantes y riéndose penetraron a la vivienda. Le dije a Jorge: “Parece que hay cacería” y éste esbozó una pícara sonrisa aprobatoria.
En los últimos días del mes de marzo de 2009 se celebró en Ciudad de México, en la Plaza Tolsá y en La Ciudadela, lugares donde tradicionalmente se practica el baile, el I Congreso Internacional del Danzón, con la participación de bailarines, cineastas y especialistas originarios de Colombia, Cuba, Holanda, Italia, Venezuela, Guatemala y México. Espectáculo que terminó con una Gran Gala Danzonera en el Gran Forum (Metro Taxqueña) donde intervinieron Acerina y su Danzonera, Tres Generaciones, Dimas, Nueva Danzonera y otras conocidas orquestas e intérpretes del danzón.