Bettina PachecoBettina Pacheco

Hablar de Bettina es hablar de una mujer encantadoramente contradictoria, profesora de la Universidad de Los Andes región Táchira, editora de la revista Contexto, de crítica literaria; en fin, lo que podríamos llamar toda una intelectual, seria, responsable, comprometida firmemente con la literatura y más aun con la literatura escrita por mujeres. Feminista y femenina a morir. Amante empedernida del baile y, aunque no es constante en sus clases, se ha matriculado en danza árabe, tango y salsa casino, y algo ya ha aprendido. Le gusta todo tipo de música... una mujer que lleva la alegría por dentro, lo cual se le nota en su facilidad para sonreír y no es una sonrisa sólo de labios, es una risa que baja de los ojos hasta su boca.

Proveniente de una familia donde la independencia ha sido un factor importante y hasta decisivo, son personas que se quieren, se aprecian, el contacto entre unos y otros es cercano mas no son una familia chicle. Su infancia la describe como tranquila, sin grandes traumas, de hecho no la idealiza considerándola el paraíso perdido ni nada de esos tópicos. Para ella la edad de la madurez ha sido muy satisfactoria, por lo que no lamenta haber dejado la niñez.

Una mujer apasionadamente cerebral y analítica, al definirse a sí misma dice: “Ay, no sé, como una persona muy tranquila, bastante individualista, con una peligrosa tendencia al aislamiento (disfruto mucho de la soledad), aunque también con un gusto por compartir con las personas (muy seleccionadas por cierto), algo así como un juego de contacto y retiro, además... soy muy enamoradiza”. Por eso para ella el amor-pasión es una deliciosa trampa de la especie, una eventualidad hormonal, regalo de nuestro cuerpo y por tanto temporal. El amor universal es algo que existe, es más fuerte que el odio y es inmortal.

Reconoce que gran parte de nuestras vidas está condicionada por lo laboral, en ese contexto tenemos a amigos muy cercanos, hacemos celebraciones y fiestas diversas originadas por las efemérides que giran en torno a trabajo, a veces nos enamoramos de alguien que conocimos gracias al trabajo, etc. De manera que hay una integración entre vida y trabajo, sin negar que poseemos una vida familiar ajena al mismo, así que siempre vida y trabajo están muy relacionados.

Hablando de si la poesía es o no coto de una élite, ella piensa que sí pero de una élite de lectores, lo que le parece natural y no cree que cambie; no son muchos los que leen, así como no son muchos los que son astronautas, buzos, submarinistas, etc. ¿Hay una élite de astronautas y buzos? De la musa inspiradora dice que viene y que cuando llega y se la sigue comienza la fábrica. Y aunque el camino siempre se acorta porque el paso del tiempo es inexorable, aún “queda mucha tela qué cortar”. Lo que la desmotiva para escribir es el agobio del trabajo rutinario, según horarios que no compaginan con tu tiempo interior, pues es desmotivante. La vida con su devenir y sus sorpresas es muy motivante.

Bettina PachecoSu filosofía de vida es muy sencilla: “Vivir lo mejor posible, en medio de la tranquilidad espiritual, no tengo una visión trascendentalista, es decir eso de la fama y el triunfo, pues... me parece banal. Claro, hay que hacer cosas buenas, ‘barrer nuestro pedacito’ desde la familia, el trabajo y el rol que nos tocó en la sociedad, pero... muchas veces veo la vida como ‘pasión inútil’, así que hay que llevarla con calma y armonía interior”. Y con esa misma sencillez y si se quiere humildad asume que su aspecto místico no está todo lo desarrollado que ella quisiera, siente que debe cumplir unos cuantos años más, a partir de los sesenta y seis puede que logre “progresar” en esa dimensión. Y por lo mismo opina de Dios igual que los agnósticos: “Mi mente limitada no puede explicarlo ni concebirlo, por tanto no estoy en capacidad de negarlo ni afirmarlo”.

Sin duda Bettina es una mujer sumamente interesante, que si tuviera la oportunidad de ocuparse de otra cosa probablemente haría radio o tendría una librería y por supuesto bailaría sin cesar. Que le gustan las comidas “engordantes” por lo que debe controlar ese gusto, alienada como dice estar a no verse tan gorda (es decir gorda, pero no tanto: gordita). Y que como anécdota grata nos cuenta: “En Madrid estaba viendo en un cine la película Flamenco, de Carlos Saura, pero tuve que salir corriendo al baño, rápido para perderme la película lo menos posible. El baño estaba solo, una chica bellísima practicaba los pasos de flamenco frente al espejo (el acomodador me explicó que ella iba con frecuencia para ver la peli y salir a practicar). Por un instante tuve la impresión de que un personaje se había salido de la pantalla para hacerse de carne y hueso, como en La rosa púrpura del Cairo, fue una sensación muy extraña como de milagro o fantasía”. Y a la que le deseamos que algún día pueda estar en ese lugar de sus sueños, que es un sitio hermoso, en una ciudad pues ella se asume netamente citadina, pero que al frente tiene un mar, lago, canal o río que ella pueda contemplar y disfrutar desde su ventana.