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Niddy CalderónNiddy Calderón

A Niddy la conocí este año en el XIV Encuentro Binacional de Escritores celebrado en la ciudad de Cúcuta, Colombia. Llegó allí pues por Internet supo de la convocatoria. Es una chica muy joven. Una morena muy bonita y con una sonrisa muy cálida. Como toda central (las personas oriundas de los estados norte centrales de Venezuela) rápidamente congenió con el grupo e hizo amistades. Recuerdo perfectamente su rostro lleno de un asombro maravillado al contemplar lo que día a día iba ocurriendo en el encuentro, pues la mayoría de los asistentes nos conocíamos de anteriores ediciones y había familiaridad y bromas producto del tiempo. a pesar de algunos pequeños inconvenientes le gustó mucho todo el ambiente y prometió regresar el año próximo.

Niddy es docente y escritora, se ha desempeñado como docente en las facultades de Ingeniería, Educación y de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de Carabobo. Desde 2003 labora como docente del Programa Cátedra Abierta (Artes Plásticas) de la Secretaría de Educación de la Gobernación de Carabobo. Ha dirigido talleres de poesía en la Fundación La Letra Voladora, la Universidad Arturo Michelena y la Secretaría de Educación de la Gobernación de Carabobo. Ha participado en diversos talleres de poesía con reconocidos poetas y ha publicado el poemario Sonata con animales en 2002, con el cual obtuvo el Premio Nacional del X Concurso Literario Pedro Buznego en Maracay, estado Aragua. Su poemario Poemas (una risa que se ríe de mí) obtuvo mención de honor en el primer Concurso Interuniversitario de Literatura Simón Rodríguez, del Colegio Universitario de Administración y Mercadeo (Cuam), así como el premio del Concurso Mayor de las Letras y las Artes del Consejo Nacional de la Cultura (Conac, 2004).

La docencia y la escritura la apasionan, de hecho su trabajo tiene mucho qué ver con su vida. Actualmente trabaja en el Programa de Lectura y Escritura en las escuelas estatales carabobeñas y esto es porque se le ocurrió que los niños deben escribir y leer mucha poesía, entonces hizo un proyecto de taller de poesía en el aula, para trabajar formando a los docentes. En los talleres ha conseguido que pocos maestros son realmente lectores y menos de poesía, pero eso tiene que ver con que ellos a su vez seguramente no tuvieron la oportunidad de que alguien les mostrara la lectura como un acto placentero y no sólo para aprender. “Porque lo importante”, dice, “de trabajar con la literatura en el aula es que se manejan no sólo con procesos cognoscitivos, sino con procesos afectivos: la imaginación, los recuerdos, la ternura, la alegría, la tristeza; todo lo que es la interioridad del niño. Entonces estamos formando lectores y mejores seres humanos porque se estimula su sensibilidad, su asombro frente al mundo, su capacidad de conmoverse”. Hace un año formaron la Red de Docentes Promotores de Lectura en 272 escuelas y tienen muchas actividades relacionadas con la literatura para niños y docentes, como un Congreso de Lectura y Escritura y otro de Periodismo Escolar.

En la actualidad, además de escribir mucho y de disfrutar las vacaciones como le van correspondiendo, debe terminar la tesis de la Maestría de Literatura Venezolana, también quiere llevar al resto del estado Carabobo el taller Poesía en el Aula. “A largo plazo (no tan largo) quiero escribir otro libro para niños y quizás uno de relatos para adultos, porque es algo que nunca me había propuesto y los cuentos han ido llegando a mí sin buscarlos. A veces creo que la escritura está más allá de una, y quiero hurgar otros géneros a ver qué tal me va”.

Y como su vida y trabajo se mezclan de tal manera que llegan a ser una sola cosa, la literatura está en todo lo que respecta a Niddy: “Pienso en una filosofía de vida y siento que no tengo una en particular, creo que voy tomando un poco de cada circunstancia o persona que voy conociendo. Las personas nos enseñan mucho y hasta la gente que te hace daño te enseña algo, lo que no quieres ser por ejemplo. Asumo la vida con ironía y me dejo llevar con lo que me conmueve, dejo que las cosas fluyan aunque a veces me desespero porque creo que mi mente va más rápido y la vida tiene su ritmo. Mi vida sencillamente tiene que ver con la literatura, la poesía, las imágenes, con los talleres y la promoción de la lectura y la escritura”. Por esto mismo: “Siempre hay nuevos horizontes”, dice, “aunque a veces no los veamos. Creo que es necesario abrirse a lo que va llegando y sacarle provecho, carpe diem”.

No cree de a mucho en la musa inspiradora, más bien en un atinado manejo del lenguaje y ciertas herramientas que se van aprendiendo al leer y al compartir con otros escritores, hacen que se pueda escribir en cualquier momento u ocasión; claro que no deja de reconocer que hay momentos en que el creador está más propenso a escribir, cuando algo lo ha conmovido. “La musa siempre está allí, no es que ella va a venir cuando le da la gana, hay que llamarla, hay traerla al papel y transformarla, darle la forma que se nos antoje. Es una idea romántica esa de que sólo cuando la inspiración llega se puede escribir, pero en ésta época todo se desacraliza”. Tampoco cree en una posible “crisis” de la poesía: “las personas tienen crisis, las sociedades, pero la poesía es registro de imágenes, de instantes. Creo que cambia, se trasforma, inventa nuevas maneras de comunicar. No entiendo cómo sería una crisis de la poesía. ¿Sería algo como que la gente no escribiera poesía? Gustavo Pereira ha dicho que la poesía eleva los niveles de conciencia, quizás si eso cambia se pudiera hablar de crisis o tal vez no, quién sabe”.

Muy probablemente haya gente que la considere “intensa”, “extraña” y sobre todo “complicada”, pero como yo veo las cosas me parece una mujer muy clara en lo que piensa, siente y sobre todo es. Uno de esos pocos seres en que realmente se compagina lo que piensa con lo que dice y hace, se nota cuando oímos su particular manera de describirse: “Supongo que esta es una de las preguntas más odiosas que hay. Porque implica una revisión, una reflexión, un tocarse, pagar y darse el vuelto. Lo común es describirse lo mejor que pueda escondiendo la celulitis, los ronquidos o las manías. Pero, ¿por qué no decir los defectos? Te voy a contar algunos, pero que no salga de aquí. Defecto 1: fumo y sé que el olor de la ropa es espantoso, tal vez por eso no fumo más; 2: soy desordenada, mi cuarto es un mar de ropa y libros donde sólo yo sé nadar; 3: duermo mucho; 4: soy como una niña consentida y me gusta que me abracen todos los días; 5: algunos días no escucho a los demás; 6: soy exigente y entregada totalmente; 7. compradora compulsiva; 8: no perdono a la primera, me cuesta (pero, bueno, no soy la Madre Teresa de Calcuta); 9: no entiendo a los hombres y malgasto tiempo en intentar hacerlo; 10: odio levantarme temprano”, o cuando responde a la pregunta de si baila: “Sí. Tengo una amiga, Ingrid Chourio, quien dice que el que no baila, ¿para qué vive? Ja, ja, eso es exagerado, pero tiene algo de razón. El baile tiene que ver con disfrutar del cuerpo, de la música, de la vida, es una sublimación del sexo, te da una idea de la capacidad de disfrutar que tiene la gente. No creo que sólo quienes saben bailar muy bien pueden hacerlo. Conozco gente que es sorda de todo, bailan a su modo, lo gozan y eso es lo importante. Cada quien que baile como pueda, pero que baile. A mí me gusta casi todo y desde que fui a Colombia me gusta también el vallenato. No sé si soy una gran bailarina, a veces me pierdo en las vueltas, pero lo disfruto y muchísimo”.

Niddy CalderónLos ratos libres los invierte en escribir, oír música, leer, bailar. Caminar o hacer una rutina de ejercicios de yoga. Gusta mucho de compartir con los amigos escritores y artistas un buen vino, una guitarra y la noche. Una particularidad de Niddy es su gusto por leer obituarios, de hecho cuenta: “Me encantan, eso sí, los obituarios, no por morbo, me gustan por los nombres, veo el nombre del o la difunta y los de sus hijos, sus combinaciones, cuántos hijos, matrimonios, nietos, etc. Y los acrósticos que generalmente dicen las mismas cosas pero con diferentes nombres. Una vez publiqué en el periódico un texto que hice con Jenny Medina, Noris Nicollelo y Domingo González Melet, donde ofrecíamos nuestros oficios escriturales para cartas de amor, obituarios, acrósticos, etc., pero sólo una persona llamó y la atendió mi hermana que no sabía nada del asunto. Creo que los poetas pudieran hacer eso, vender acrósticos (risas). Porque los poemas no tienen mucha venta generalmente. No sé si las cartas de amor porque existen muchas en Internet incluso por motivo: reconciliación, declaración, etc., eso es la prostitución total”.

Una mujer racional y con los pies sobre la tierra, muy bien ubicada en el tiempo y en el espacio, pero que si la miramos bien notamos también que es una mujer toda sentimientos, emociones y sensaciones, esto puede descubrirse fácilmente al ver qué la motiva o desmotiva para escribir: “Me motivan los gestos de un gato, la sonrisa de un niño, el abrazo de un hombre que no teme mostrar lo que siente, el olor del malabar, el té de menta, las ocurrencias de los niños en clase, el engaño, el grito, la tragedia, los poetas creídos, las poetisas con pose, los seudointelectuales que no se engañan ni a ellos mismos, el aliento de un hombre que me ama o sus celos locos, la escritura misma, los ideales humanistas, la venganza. La escritura puede ser una pequeña venganza a veces. Me motivan muchas cosas y espero poder escribir sobre todas ellas. Lo que me desmotiva es que las cosas no me salgan bien y pronto, con algunas cosas soy muy impaciente y eso me quita el ánimo de escribir”.

La forma en que habla de su familia y su infancia muestra un inmenso amor que no sólo está en ella sino que es el reflejo de lo que ha recibido desde muy niña: “Mi familia es bella y cada día me enseñan: el amor y la paciencia. Mis sobrinos son muchas veces fuente de ideas para escribir poemas. Mi madre es una gran luchadora y un apoyo en todo lo que hago. Mis tíos también han sido un gran apoyo y a ellos les debo la palabra sarcástica, el mirar irónico, entre nosotros es natural hablarnos con cierto ácido. Mis tíos Plaza, una vez visitaron a mi tía abuela Ramona que vive en Lara, ella dijo que casi siempre que se veían era en un entierro, que por qué no aprovechaban y la velaban a ella de una vez... Y se acostó fingiendo estar muerta y mis tíos simularon un velorio con velas alrededor de ella. Mi familia son mis peores críticos porque a todo lo que escribo dicen que está lindo. Mi abuelo fue un educador muy querido por sus alumnas y compañeras, que luego de su desaparición seguían llamando por años a la casa, preguntando por él. Para mí él ha sido un bello ejemplo de amor, a él le debo gran parte de lo que soy ahora, despertó mi interés en el estudio y la lectura. Fue la primera persona a quien le leí mis poemas cuando tenía dieciséis años. Mi infancia está llena de juegos con mis hermanas. Jugábamos a que teníamos una juguetería que se llamaba El Elefantito Azul y teníamos muchos hijos que eran los peluches y muñecos. También jugábamos mucho a la escuela y a ser maestras. La natación cuando niña es un grato recuerdo, disfruto mucho nadar”.

Como buena sagitariana es un alma libre y un poco excéntrica. Dice de Dios: “Es pana. La idea de un ser trascendental que está a mi lado me reconforta mucho, es una necesidad. Orar me conecta con él, con mi interioridad. La idea de Dios para mí no va atada a un sistema religioso, aunque respeto al que lo tenga, siempre que sea sincero. Admiro a los ateos, a los verdaderos, están más allá de esa necesidad”. Al amor lo describe con una frase muy original: “No es algo que se pueda exactamente describir sino sentir. Creo que es una fuerza que puede empujar cada cosa que queremos lograr. Para mí es vital darlo y sentirme amada, por eso quiero que me abracen siempre, el abrazo me reconcilia con la vida, me hace fuerte, más joven, más bonita”. Cree que el espíritu se alimenta del arte, éste es un reflejo de aquél. Es un espejo. Como dijo, la oración da un contacto con la interioridad. Orar, encender una vela es más que cumplir con algo. La llama de la vela es fuente de imágenes según Bachelar, y también contacta con eso de nosotros que no tiene nombre.

Un ser a quien le gusta casi toda la comida vegetariana, el azul marino, el brandy. Que más que regresar a un determinado lugar quiere conocer nuevos y lejanos parajes. Que piensa que los seres humanos son bellos y complejos. Que cree que la gente debería soltarse más a expresar lo que siente, sin caer en excesos, claro. Para quien el domingo es: “Para dormir hasta tarde. Leer los suplementos literarios si alcanzo a comprar periódico. Algunas veces voy a hacer yoga en el parque Negra Hipólita. Los domingos me gusta cocinar (los demás días no) una buena pizza, pasta al pesto o inventar pescado con albahaca o cosas así”. En fin, una mujer libre de corazón que disfruta practicando el arte de vivir.