Dos poetas en concierto
El pasado sábado siete de diciembre la ciudad de San Cristóbal contó con la presencia de dos grandes poetas de la música contemporánea venezolana: Ilan Chester y Yordano, o Yordano e Ilan Chester —de cualquiera de las dos maneras está bien, pues entre ellos no hay uno mejor que el otro aunque sus estilos sean tan distintos y aún cuando ambos son músicos tan urbanos. El evento había sido promocionado desde hacía un mes aproximadamente y se llevó a cabo en las instalaciones del Centro de Convenciones del Centro Comercial Sambil.
La cita era para las nueve de la noche. Desde las ocho comenzó el público a llenar la sala, que estaba dividida a la mitad para diferenciar las dos áreas, la VIP y la general. Como suele suceder en este país, el espectáculo comenzó una hora más tarde. Me llamó poderosamente la atención la paciencia del público, en otras oportunidades y en otros espectáculos la gente rápidamente se incomoda ante el retraso y protesta, pero acá no sucedió así, la gente estaba como tan emocionada por lo que iba a presenciar que no dio mayor importancia al retardo.

A las diez subieron al escenario los muchachos y muchachas de Fundapanda, una fundación que se encarga de ayudar a jóvenes con discapacidad auditiva, que tiene una coral llamada Ebro formada por chicos discapacitados. Fue una muy grata experiencia el presenciar su desempeño. Con mucha seguridad se ubicaron en la tarima. Todos vestidos de negro y con las manos enfundadas en guantes blancos. Comenzó la música: varias pistas sonaron: José Luis Rodríguez y el Himno a la Alegría y otros varios artistas, los chicos cantaban con sus manos las letras de las canciones. Realmente resultó un esfuerzo hermoso y conmovedor.
A las diez y cuarenta se montó Yordano. El estruendo del público fue verdaderamente ensordecedor, parecía que el lugar se vendría abajo con el grito al unísono dándole la bienvenida. Durante casi dos horas se paseó por su ya conocido repertorio: Manantial de corazón, Perla negra, Días de junio, Aquel lugar secreto y presentó tres temas de su nueva producción musical, uno de los cuales ya es conocido del público por ser parte de la banda sonora de la telenovela Ciudad Bendita; luego siguió en el tour por su repertorio. Casi para finalizar cantó Por estas calles, ese emblemático tema de la telenovela del mismo nombre y los cuales, tanto canción como novela, son obligado punto de referencia al hablar de la década de los 80 en Venezuela. En un punto determinado del concierto Nené Quintero en la percusión se dio una fabulosa descarga con la que una vez más demostró por qué es uno de los músicos puntuales de este país. Cuando Yordano se despidió el público lo hizo retornar para interpretar un tema más. Lo único criticable fue que el sonido que no lo favoreció, aunque su talento gigantesco minimizó todo defecto existente.

Luego llegó Ilan Chester. De nuevo la ovación del público fue estruendosa. También Ilan estuvo alrededor de dos horas brindando lo mejor de sí y de su repertorio. Cantó sus infaltables como Es verdad, Marea de la Mar, Daniela, Por alguien como tú. Él también presentó un par de temas nuevos y de luego siguió por su repertorio de siempre. En su banda cuenta con un guitarrista espectacular llamado Román Peña quien también se dio una tremenda descarga con la que demostró sus capacidades. Como de costumbre Ilan se despidió con ese segundo himno de Caracas que es el Canto al Ávila. El público no lo dejó ir y hubo de regresar a interpretar dos temas más.

La verdad fue un espectáculo maravilloso, perfecto y hermoso. Ambos son músicos excepcionales y unos verdaderos poetas. Indudablemente que son dos estilos totalmente distintos de hablar del amor, de contar las vivencias. Las letras de Yordano están más cargadas de la tensión que producen los amores que más que vivirlos se padecen pero que no por ello son menos hermosos o sentidos, así como contienen una nota triste también son sumamente sensuales y en algunas partes muy eróticas. Las letras de Ilan en cambio, son como más optimistas, alegres y obviamente románticas o dulces, si fueran pinturas podría decirse que las canciones de Ilan Chester están llenas de sol, de luz y de color; mientras que las de Yordano se dibujan en la escala del blanco, gris y negro con profundos e intensos claroscuros.
Para ambos ha de haber sido muy emocionante encontrarse con un público que después de más de veinte años de haber salido ellos a la palestra musical venezolana, cantaba sus canciones como si estuvieran en aquellos lejanos días de la década de los ochenta. Hay que destacar que definitivamente el tiempo no ha hecho mayor mella en ellos, en lo que más podría notarse el avanzar de los almanaques, es en el blanco del cabello de Yordano y en el peso que Ilan ha adquirido y lo gris de su cabello, de resto siguen teniendo las voces intactas, se oyen prácticamente igual que como los oímos en aquel inolvidable concierto del Poliedro de Caracas. Aunque apegándonos a la realidad tenemos que confesar que esa noche viajamos en el tiempo. Era realmente impresionante ver la transformación de los asistentes.
Al principio cuando transcurrió esa primera hora, la del retraso, se podía ver a los grupos en torno a las mesas, con las botellas de whisky conversando animadamente. Aunque había bastantes jóvenes a los que se les notaba que no llegaban a los treinta años, la mayoría de los asistentes eran de cuarenta en adelante. Señoras y señores muy compuestos, arreglados, formales. Muchas de ellas con vestidos de fiesta, de hecho el color predominante de la noche entre las féminas fue el negro. Los hombres estaban un poco más informales aunque casi todos con chaquetas. La metamorfosis comenzó cuando Yordano hizo acto de presencia. Esa masa de adultos bastante circunspectos se convirtió por obra y gracia de la música y los recuerdos en un enorme grupo de veinteañeros que gritaban, aullaban y sobre todo no dejaron de cantar ninguna de las canciones. Cuando apareció Ilan ya el whisky había contribuido derribando las barreras de inhibición que la euforia no había terminado de tumbar. La gente aplaudía, cantaba, gritaba, pedía canciones como cualquier adolescente ante su ídolo. Fue una noche llena de calidez, recuerdos, amor, alegría, risas y sobre todo fue el vivir de nuevo, por unas horas, una época hermosa para todos.
Gracias a Ilan y Yordano por ese regalo de seguir vigentes no sólo en nuestros corazones sino también en la realidad de un escenario. ¡Bravísimo por ambos!