Ya son unas cuantas las entrevistas que llevo hechas para realizar estas Anagrafías. En la mayoría de los casos le envío el cuestionario al artista, y con base en eso y el trato que en algún momento hemos tenido surge el texto. En otros, como es esta, la entrevista la hice en persona, armada de un grabador, obviamente así resultan mucho más cálidas y amables. Tengo que hacer público y muy notorio que si bien todas las he disfrutado, sin duda alguna con esta entrevista es con la que más me he reído y mejor lo he pasado; testigos de excepción fueron la poeta Amanda Reverón y mi hija Constanza. Se realizó en las instalaciones del Círculo Militar de San Cristóbal, estado Táchira, durante los días en que se celebró el XV Encuentro Binacional de Escritores de Colombia y Venezuela. Hace unos cuantos años que nos venimos tratando con Ciro, quien siempre me pareció una persona muy amable y sobre todo muy comprometido y muy responsable con todo lo que tuviese que ver con la literatura. Es el presidente de la Asociación de Escritores de Norte de Santander, Colombia, institución a la que se ha entregado con empeño y dedicación. En la actualidad está trabajando en proyectos culturales de investigación, proyectos literarios y desarrollando algunas actividades pedagógicas también a nivel de docencia. Y al preguntarle sobre sus planes nos dijo: “Bueno, a corto plazo seguir gestionando los proyectos culturales, seguir escribiendo, eh... continuar en mi ejercicio docente y a largo plazo... pues en unos tres, cuatro años retirarme y dedicarme únicamente a mis hobbies, y pues también darle utilidad a mi vida para no ser un jubilado vacío”.
Es un hombre sencillo, amante del hogar, de la vida de hogar; eso lo comprobamos al oír la respuesta que nos dio al preguntarle sobre sus preferencias gastronómicas: “Me gusta mucho la comida criolla. La comida de la casa, la comida de la abuela con sus ingredientes. Todo ese ritual permanente que uno vive a partir del seno familiar. Por lo menos yo añoro mucho la comida de mi tierra, de Pamplona, y a eso me he arraigado, y tengo que ir a consumir cosas que solamente allá hacen, porque allá tienen el mismo sabor y digamos el mismo carisma especial para uno como nativo de esa tierra”. Ese arraigo a lo suyo es muy propio de su signo regente: tauro, que lo hace tener los pies bien puestos en la tierra al tiempo que es un ser sentimental y muy lleno de amor por los suyos. En esta entrevista hemos descubierto que Ciro es un hombre sumamente sensible, amoroso, tierno, dulce y esa enorme gama de sentimientos suaves y frágiles los esconde tras un sentido del humor muy marcado, que a cualquiera que lo trate sin ser un buen observador lo hará pensar que está ante un ser bastante frívolo y superficial; nada más incierto. Ciro esconde un mundo interior riquísimo pero muy delicado, muy susceptible a las heridas; esta es la manera como nosotros lo percibimos pero él se autodefine así: “Bueno, me describiría como una persona sensata... que busca colocar lo que tiene al servicio de los demás y buscando gratificar mi propio yo”.
Volviendo al ámbito de la poesía y la literatura, nos comenta que para él la poesía está más viva que nunca: “De pronto hay gente que acusa de crisis porque no entiende que el mundo de la poesía es el mundo de la vida, del amor, de las circunstancias cotidianas, del devenir permanente del tiempo, y lo quieren mirar simplemente como un hobby, como un pasatiempo, y la poesía es un estudio muy serio y responsable”. Tampoco cree que sea coto de élites: “El patrimonio literario es de todo el pueblo, eso no tiene distingo de ninguna clase social, ni raza, ni religión ni mucho menos”. Cuando comentamos sobre la musa inspiradora dijo que cree que viene y se fabrica. Viene, porque el hacer poesía, el escribir, nace con la persona, y se fabrica, porque el que no lee no puede escribir: “Uno tiene que construir a partir de ciertas experiencias su ejercicio literario”. Le preguntamos sobre qué cosas lo motivan o lo desmotivan a la hora de escribir: “Me motiva todo lo que tiene vida, sentido, alegría, color, que significa vivencia. Y de pronto me desmotiva la situación social, la miseria, el desempleo, la violencia, el desplazamiento y todos esos cánceres que nos han regalado nuestros gobiernos neoliberales”. Y con su proverbial sentido del humor nos comentó sobre sus horizontes intelectuales: “El camino se alarga. Es que yo pienso vivir hasta los cien años... apoyado en tres patas, la tercera va a ser el bastón”. Esperamos que sea así y que pueda llegar a sentarse con un buen vino (que es su bebida predilecta en todas sus presentaciones) en el lugar de sus sueños, que no es otro que “la Casa de la Poesía, donde hay inspiración, amor, ternura, colorido, viveza...”. Aunque si tuviese la oportunidad de cambiar su vida, de ser otra cosa, de hacer otra cosa, “buscaría un arte afín como la pintura, la escultura... algo que tuviera que ver con la recreación del espíritu y con la estabilidad emocional”.
Como cosa extraña, nos encontramos que Ciro es uno de los pocos escritores que saben y les gusta bailar. “Le cuento que me gusta la música tradicional que quedó de herencia de nuestra generación juvenil de la Billo’s, los Melódicos, Pastor López, Nelson Henríquez, toda esa musiquita sabrosa... Esa es la que permite sacarle brillo a la hebilla; la otra es muy dispar, no se puede arrimar a la pareja porque todo es a brincos”.
Indagamos sobre su aspecto místico, sobre su espiritualidad, y nos respondió como suelen hacerlo muchas personas con un alto nivel cultural, que han visto muchas cosas y a quienes ya no se les puede caer a mentiras en ese aspecto: “No soy lambeladrillo, ni chupamedias, ni jalabolas de los curas. Simplemente creo en Dios, oro cuando tengo la necesidad. Yo no me declaro fanático o alienado por la religión”. Y ya de Dios propiamente dice: “Es un ser maravilloso. Existe. Puede que no tenga nombre pero existe y es real”. Y por asociación: como Dios es amor, le preguntamos cómo lo define, qué y cómo es para Ciro Pérez el amor: “El amor es un estado maravilloso, demencial, trágico, en el cual nos suicidamos cada día, porque el amor nunca es absoluto, es relativo, uno va como los marineros, de puerto en puerto, buscando algo, y es bastante difícil encontrar la estabilidad total. Entonces por eso el amor es muy variable, muy cambiante. Dejémoslo así”. ¿Serán muchas las heridas de amor que hay en su corazón? Eso no lo sabremos jamás, lo que sí supimos es cuáles sucesos dolorosos marcaron su alma y su vida. Pero como el amor no es sólo el erótico, están los otros afectos, la familia, de ella nos dice: “Mi familia... tres hijos maravillosos... una nieta que es mi adoración y mi señora”, de allí enlazamos y le preguntamos cómo fue su niñez: “Mi infancia fue muy feliz aunque no tuve un hogar normal porque me crié sin padre, pero mi abuelo hizo las veces del padre y me realizó con todos sus sueños que me enseñó a vivir”. Supimos cuáles sucesos dolorosos marcaron su alma y su vida: “La pérdida de mi abuelo y de mi mamá que fueron especiales para mí. Mi abuelo porque me metió en este cuento, a partir de él empecé a gustar de la literatura. Él era un viejo que aprendió a leer autodidacta, pero en su casa había muchos libros y ahí empecé yo a entrar en el cuento de leer y leer y leer y meterme en la literatura”. Más o menos de esta misma época es una anécdota que nos contó, muy propia de un hombre apasionado por las letras y no por las ciencias exactas: “¿Una grata anécdota?, muy interesante. Resulta que cuando yo estudiaba era malísimo con las matemáticas y ya a punto de graduarme reprobé la materia, pero el profesor, que era más inteligente que el alumno, me llamó y me dijo con mucha sapiencia: ‘Hombre, a usted no le van a servir las matemáticas nunca en la vida, yo le voy a hacer un préstamo, el préstamo significa tres centésimas para que saque tres y pase, pero se las voy a cobrar en la vida’. Entonces yo aparecí pasando la materia y ese profesor todavía sigue mi ruta de vida y cada vez que me lo encuentro me dice: ‘Ya casi me va a acabar de pagar, pero todavía no me ha pagado todo’ ”.
Su filosofía de vida es bastante particular; mejor dicho, lo particular es la forma de definirla: “La vida es un hueco oscuro, negro y profundo en el que uno cae desde que nace, pero hay que tratar de salir arriba. Digo que la filosofía de la vida es gratificarse a sí mismo para poder vivir feliz”.
Un hombre con un alto sentido de la humanidad, muy consciente de los problemas que aquejan a nuestra sociedad, y de que si no se solucionan terminarán por llevarnos a la destrucción, esto es lo que él cambiaría de su vida, de tener el chance: “La problemática social. De verdad que sí, pero no la cuestión de rifitas de caridad y boletas para las hermanas de la presentación que ayudan con los ancianos desvalidos, sino un cambio de estructuras ideológicas. Meterle en la cabeza a los muchachos la idea de liberación. Encontrar una nueva patria pero una patria justa”.
La vida es lo más preciado que tiene el ser humano, por lo tanto se debe respetar, preservar y darle las mayores posibilidades para que se realice. Y de los sentimientos considera que es fundamental respetar los sentimientos de cada persona, porque en los sentimientos expresa todo lo que está dentro del corazón y del cerebro, para cautivarlo... para odiar.
Este es Ciro Pérez, un hombre sencillo, sin poses, un hombre real que siente, vive y ama la poesía. Que trabaja efectivamente en pro de esa poesía que ama tanto, de esa literatura que desde niño se le metió en las venas y que de allí no saldrá pues se volvió para él lo que la savia es para el árbol. Y Ciro es un árbol que rinde frutos palpables, uno es el Encuentro Binacional de Escritores de Colombia y Venezuela, evento en donde, sobre todo cuando corresponde a Colombia la celebración, se nota el compromiso de un hombre que cree en la literatura, en la integración, en las personas. Y que quizás hasta sin darse cuenta siempre está brindando un mensaje optimista con esa su constante actitud positiva y de seguir adelante pese a cualquier obstáculo que pudiese presentarse.
Jaime Echeverri, Ciro Pérez y Álvaro Miranda (noviembre de 2007).