Una de las palabras que siempre han definido a los artistas es pasión, y eso tiene de sobra esta maravillosa artista plástica tachirense. Una mujer de personalidad brillante, contundente, que por nada del mundo pasa desapercibida. Una mujer alegre, risueña, optimista, luchadora incansable. Una mujer para quien la vida siempre es un reto a enfrentar, un escalón que subir: es una dignísima y por demás representativa exponente de su signo zodiacal regente, que no es otro que Leo. Deslumbrante podría ser otra palabra para definirla, aunque ella lo hace de esta manera: “¿Cómo me ves tú? Explosiva, digo lo que siento, no ando en medias tintas, soy extrovertida, y eso me ha dado problemas que jode. Es mejor andar sola que mal acompañada”, y ciertamente es explosiva o lo que algunos otros llaman intensa.
Al momento de hacer esta entrevista Aurys continuaba en San Cristóbal, estado Táchira, pero ya fraguaba el proyecto de migración a predios que resultasen más comprensivos y amables para con su arte, y así nos lo dice: “Mi plan es irme de San Cristóbal, vender mi casa y vivir donde pueda desarrollar mi arte y que sea valorado como lo merezco, darme a conocer”, porque realmente su obra no es tan conocida en su terruño como debiera. Con ella se aplica perfectamente aquello de no ser profeta en su tierra. Desde mediados del 2009 recogió familia, enseres, nostalgias, cariños y recuerdos y se fue a vivir a la isla de Margarita; allá ya ha participado en un par de exposiciones y su trabajo ha sido bastante reconocido y la prensa lo ha reseñado. Ama estar viviendo a pocos pasos del mar, ya nos lo había dicho cuando le preguntamos cuál es el lugar de sus sueños: “Margarita. La isla más bella del mundo. Una casa desde donde se vea el mar”, y afortunadamente ha logrado ese sueño.
Aurys es una mujer de la que se puede aseverar, sin equívoco alguno, que ha vivido, como dicen los españoles, a su aire. Una mujer que ha viajado por diversas partes de Venezuela y del mundo, que lee, que observa su entorno, que se informa; y ese cúmulo de vivencias, observaciones y sentimientos es lo que plasma en sus cuadros. Con un colorido muy caribeño —de hecho sus colores favoritos son el azul y el naranja—, intenso y alegre, nos ofrece casas, poblados, calles y sobre todo mujeres, mujeres que en sus ojos nos hablan de amor, vida, tristeza, misterio... Mujeres cuyos rostros y gestos muestran amor, sentimiento que Aurys nos define de la siguiente manera: “Es todo lo que te rodea, el amor es la vida, es un detalle, una sonrisa, un gesto, una mirada. Es un café... Es decir te amo sin decirlo, es respeto, es una flor, el amor no debe ser sumiso ni obediente; al contrario, ser como debe ser y como merece que sea: AMOR”. No tiene un pintor favorito, pues son varios los que cuentan con su admiración, y así lo dice: “Arturo Michelena, y no es uno, son varios, Diego Rivera y su mujer Frida, Velázquez, y muchos más”.
Una mujer de avanzada, libre tanto de pensamiento como de hecho. Está profundamente atada a su familia no por deberes sino por el intenso lazo del amor, ellos son su núcleo, su base de operaciones. Guillermo, su marido, es además su cómplice de vida, su catalizador; cuando le preguntamos por su familia nos la describió con ese amor y esa pasión a la que antes hicimos referencia: “Bella. Me casé con un hombre adorable, gentil, honesto hasta la médula de los huesos, y lo convertí en artista, y tengo un hijo jodido pero inteligente, capaz, bohemio como somos por herencia los Olivares y artista también, empezó escribiendo y ahora lo dice todo solo con un clic de su cámara, y resultó excelente cocinero, ¿qué tal? Mis padres ya fallecidos fueron gente honesta, mi madre fue maestra desde los 14 años”. Esta mujer, tachirense de pura cepa, solía pasar las vacaciones escolares en la capital del país, por ello su manera tan caraqueña de hablar que puede confundir a alguno con respecto a su origen. De esta vivencia en Caracas, una ciudad absolutamente caribeña y por ende cálida, alegre y bonchona, trae la pasión por la música y el baile; de la primera nos confiesa que le gusta: “Toda, toda todita. Pero depende del momento. Soy admiradora de Chavela Vargas, esa mujer canta con los ovarios. La admiro por su valentía de gritarle al mundo su condición sexual en una época que decir esas cosas era pecado”. Y en cuanto a bailar: “Sí, me encanta. Lo flamenco me enerva la sangre, por mi parte materna llevo algo de gitana, de andaluza, y la música cubana despierta lo caribeño que tengo, un son cubano es algo divino y los tambores nuestros son para morirse”. Declara que no cambiaría NADA de su vida. Asumimos entonces que está conforme y a gusto con lo que de ella ha hecho hasta ahora. Habló de su infancia con una bonita mezcla de picardía y dulzura: “La viví con frescura y candor. No había grandes lujos pero había calor de hogar. Tuve unas tías sobreprotectoras a quienes puse en su sitio en el momento preciso, era traviesa y curiosa, me encantaba esconderme cuando se hablaba bajito para enterarme de secretos de familia que conservé por años y que ahora los estoy escribiendo en forma narrativa, algún día los leerás y vamos a reírnos un rato y hacer ¡oh! ¿ah?”.
Le preguntamos qué estaba haciendo en ese momento y su respuesta, que se mantiene vigente, fue: “Lo de siempre, amiga: pintando. Lo hago desde que a los cinco años descubrí la luz y el color y que podía plasmarlo en un papel”. “Pintar es algo que me hace sentir que soy parte de un mundo maravilloso”, y de regreso al tema de la creación indagamos sobre qué piensa de la musa inspiradora, si llega, si se fabrica o qué: “Yo no tengo musa inspiradora, es decir, la muérgana nunca se me ha presentado, y cuánto quisiera conocerla para ver cómo es y hasta plasmarla en uno de mis cuadros; y mucho menos puedo fabricarla porque como no sé cómo es... (risas)”. Su trabajo es parte de su vida y su vida la relaciona con él de la manera más armoniosa posible. Aún no siente que el camino se acorte: “Quizás si descubro a futuro que por ahí ya viene el Alzheimer pues diré: hasta aquí llegaste, amiga”.
Volviendo a los temas personales tuvimos la curiosidad de preguntar qué partes de su cuerpo le gustan más y menos, y con su singular sentido del humor nos contestó: “Las piernas me gustan porque son largotas y me han servido para correr que jode y no se han fracturado; mentira, me gustan mis senos y mi pelo es el desastre hecho pelo”. Luego nos fuimos a temas más profundos como lo son su filosofía de vida y su aspecto místico junto con su parecer de Dios. De este personaje cuya sola mención puede provocar controversia nos dijo: “Me eduqué en un colegio católico, con salesianas, en ese entonces el Dios que me enseñaron fue a respetarlo, a temerle. Hoy el Dios que me acompaña es el que me ama y me comprende. Cuando estoy pasando por un mal momento me alegro porque sé que Él no me ha olvidado, que he sido yo la que lo había hecho, conversamos y todo se resuelve. Dios existe”. Pero en lo tocante al misticismo y la espiritualidad afirma: “De mística no tengo nada y en lo espiritual todas las noches doy gracias por la luz del día, por el sol o la lluvia, por mi felicidad, por mi tristeza, porque he podido compartir, por mi familia, y pido por la paz del mundo”. Su filosofía de vida es absolutamente predecible: “Vivir plenamente el día de hoy porque no sé si el mañana exista para mí. Ser honesta conmigo y con los que me rodean”. Y concluiremos con la opinión que a ella le merecen vida, seres humanos y sentimientos: “De la vida que se debe vivir como si fuera el último día. De las personas que debemos ser más comprensivas y tolerantes, respetuosas y honestas, y eso nos daría la base para tener un sentimiento claro y positivo, que debemos amarnos primero a nosotros para poder así saber cómo amar a los demás”.