Cuaderno de Lhasa (extractos)

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IX

Los peregrinos van alcanzando el Palacio Potala a pie y en grupos. No cesan de hacer girar las ruedas de las plegarias. El mundo no puede detenerse y hay que ayudarlo en su rotación.

Se arrojan al piso los peregrinos. Se arrodillan y se postran frente al imponente edificio roji-blanco. Sus rostros tocan el suelo. Algunos se llevan las manos a la cabeza y permanecen así por interminables minutos. Imprecan, ruegan, lloran, se lamentan... ¿Los escucharán los dalai lamas desde sus tronos del pasado?

Mayores y doradas ruedas de las plegarias los esperan a las puertas de entrada. Impulsan a todas hacia los ansiados giros y el mundo se estabiliza en sus soportes de hierro.

En Lhasa, el tiempo, de tanto de dar vueltas, a veces marcha al revés.