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XIV

XI
El Palacio Potala desconoció el lunes que nos fue asignado. De la columna
sin caracteres a los escalones de piedra, la blancura de las paredes nos
retrotrajo al despertar de las nubes. Los leones de bronce proyectaron sus ojos
hacia la “Puerta de la Liberación” y ésta se abrió con un leve
rechinar de cinabrio y oro.
Alguien dijo que vio a Buda descendiendo del cielo y una completa felicidad
se había apoderado de él. Nosotros rogamos por un buen vaso de vino como
protección milagrosa para la salud.
Los techos absorbieron la luz solar y la depositaron en el “Salón de
Maitreya”. Arriba quedaron las botellas de donde beben el licor de oro los
dos místicos pájaros de cabezas humanas.