Cuaderno de Lhasa (extractos)

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XI

El Palacio Potala desconoció el lunes que nos fue asignado. De la columna sin caracteres a los escalones de piedra, la blancura de las paredes nos retrotrajo al despertar de las nubes. Los leones de bronce proyectaron sus ojos hacia la “Puerta de la Liberación” y ésta se abrió con un leve rechinar de cinabrio y oro.

Alguien dijo que vio a Buda descendiendo del cielo y una completa felicidad se había apoderado de él. Nosotros rogamos por un buen vaso de vino como protección milagrosa para la salud.

Los techos absorbieron la luz solar y la depositaron en el “Salón de Maitreya”. Arriba quedaron las botellas de donde beben el licor de oro los dos místicos pájaros de cabezas humanas.