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Acróbatas nuestros en Dezhou

Texto y fotografías: Wilfredo Carrizales

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Llegaron al banco de la ciudad de Dezhou con intención de cambiar dólares. Era domingo 17 de junio y a las nueve y media de la mañana el sol hacía estragos en las pieles desprotegidas. En la taquilla del banco les informaron que sólo cambiaban moneda extranjera de lunes a viernes. Entonces salieron del banco los seis acróbatas y un destino cultural. El sol había cambiado en unos grados su rumbo y elevado en notables grados su temperatura. El cercano “Parque Paisajístico del Nuevo Lago” atrajo a los acróbatas como un oasis en medio de la aglomeración de bicicletas, automóviles, quioscos de mercaderías y peatones. Bajo los árboles del parque y al pie de las colinas pedregosas artificiales jugaban a las cartas, despreocupadamente, numerosos lugareños en cuclillas, sentados y aun parados. A pesar de su aspecto “extravagante” los acróbatas casi pasaron desapercibidos. Treparon a la cima de las colinas y desde allí contemplaron la magnitud del lago y su parque y los modernos edificios que se desplegaban por los contornos. El cielo claro y despejado invitaba a disfrutar del panorama y a tomar fotografías para enviarlas a casa. Debajo, a escasa distancia, un puente elevaba su lomo para unir las orillas del lago y sus arcos se abrían ampliamente para dejar pasar a los amarillos dragones flotantes de donde salían melodías amorosas con voz femenina. Los acróbatas descendieron dispuestos a tener una entrevista con el puente. El sol apuntaba en su cuaderno de bitácora las impresiones del día.

 

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Los acróbatas subieron al puente. Admiraron el oleaje del lago y descubrieron a una cabeza calva que flotaba y avanzaba según le indicaba el viento. Se tomaron la primera fotografía en grupo y la aliñaron con risas y bromas del trópico. Algunos curiosos comenzaron a detenerse. El sol incitaba a hacer travesuras y ejercicios de acrobacia.

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Katay se paró de manos. Sus ojos se posaron en la cuadrícula de mármol por donde acababa de pasar un grupo de hormigas. De pronto el mundo estuvo al revés y los pies se apoyaron del cielo azul para trazar una vertical inusitada. El mediodía se acercaba con sus proyecciones y era necesario dejar un buen testimonio.

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El grupo organizó de inmediato una función benéfica. De ella se beneficiaron niños y adultos, paseantes y vendedores, uniformados y civiles. Fue beneficiosa para todo el grupo que, al fin, pudo hacer algo de entrenamiento y agregar su calentamiento al entorno. María Alejandra se apoyó en las manos de Katay y, de repente, se estiró hacia arriba, con verde e inversa razón, para comprobar la dirección del sol que caía con su plomada; Charlie y Yeison se imaginaron de una sola pieza y se ensamblaron para crear un gigante de dos cabezas y cuatro brazos, dispuesto a medir la anchura del lago; Kerlly, por acto de magia, se transformó en grulla estatuaria que descansaba en un solo pie para acumular los meteoros; Daniel se sirvió de una apoyatura y en la horizontalidad del día buscó la plenitud de su propia sombra sorprendida in fraganti.

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Luego, Katay trepó a la baranda del puente y encima del tope de una columnela desplegó al cocodrilo para regocijo de los circunstantes. El cocodrilo pareció querer caerse, pero dio un giro y sus piernas, como aspas de molino, lo mantuvieron en equilibrio mientras la reverberación se enfocaba en su figura. Durante tres minutos el saurio conoció la ingravidez casi completa y el puente intentó su propia contorsión.

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Un barquichuelo se acercó a la orilla a indagar. Kerlly solicitó un reposo. Con una mano ajustó un contrapeso y en la posición no muy diferente a la empleada para navegar, combinó armonía, aplomo y estabilidad. Los ocupantes del barquichuelo comprendieron que también se podía navegar en el aire con su propio cuerpo y propulsión.

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(Bajo el emblema de la ciudad de Dezhou, durante un intervalo, el sol fotografió al grupo y a un destino cultural agregado).

 

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Entre las rocas extrañas del lago crecían unos lotos de hojas planas. ¿Por qué no usarlas como escenario y probar su resistencia y adecuación a la audacia? Yeison quiso ver su forma corporal invertida reflejada en el agua. Parado de manos descubrió la mitad de la circunferencia que había dejado en Caracas. Rió de buena gana y la clavadista imitó con sus brazos el ángulo conseguido por él para que lo atravesara el futuro.

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El escenario quedó despejado. La clavadista sólo aguardaba su momento: tenía todo el tiempo de los mundos. Kerlly no podía desaprovechar la oportunidad. Comenzó a doblarse hacia atrás hasta lograr que sus codos quedasen horizontales sobre la plataforma. El agua se aquietó y un murmullo de admiración salió de los labios de los espectadores cuando Kerlly hizo de su figura una contorsión que juntó con audacia el rojo y el negro de su simbolismo.

 

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Acróbatas nuestros en Dezhou

El sol vecino del mediodía empezó a engancharse de las puntas de los altos edificios. Indicaba una hora precisa para la partida. El grupo acrobático subió al vehículo que los había traído a la ciudad y éste se puso en marcha, rumbo a la cercana “Escuela de Acrobacia” del distrito Wuqiao. Allá los recibió la niña acróbata actuando sobre el globo terráqueo. Allí permanecerán ellos durante un año y aprenderán las técnicas y las tradiciones en la cuna de la acrobacia china.