Con el ojo exacto me reservo la mirada y la hago indestructible y perdurable. Con el ojo vacilante la mirada cae en un nido deleznable.
2
Un pequeño gallo rojo sobre un piano: adagio al sol que brota del fuego de la nada.
3
“Consume. Sé silente. Muere”. Los muchachos corren a lo largo del muro y no leen la admonición.
4
En ofrenda a Ella se hizo arder la mansión con todos los sirvientes adentro. Sólo se salvó el cadillac blanco y un gato que presintió el hecho con diez minutos de anticipación.
5
Le vi llevarse la pistola a la sien, cerrar los ojos y contar hasta cinco. No sonó el disparo, pero su corazón continuó retumbando por largo rato.
6
Y el anciano de exuberante y larga barba escondía a una raposa dentro de la pelambre para que exterminara a los ratones que aún moraban en su interior.
7
Dos pájaros vendidos por un beso y unos labios que volaron con plumas hacia el lugar de los chasquidos prematuros.
8
La yerba reseca. Una moza que se arrastra al avistar una casa. La soledad que todo lo signa y aleja cualquier esperanza.
9
Felino tras los tomos de novela negra. ¿Descubrirá en cada volumen al asesino relacionado con las sombras?
10
La miro desde mis ojos de agua. Ella me observa desde sus pupilas de tierra. Nos completamos y tratamos de estar en equilibrio.
11
Las garzas han decretado la guerra a los hombres. Miles de ellas vuelan sobre nuestras cabezas y de un momento a otro dejarán caer su carga de mierda y revancha.
12
El niño trepó al árbol longevo para escuchar el sonido de la savia. Sólo oyó a los pichones de alondra dentro de un agujero en el tronco. Descendió rápidamente y ya en el suelo percibió que las raíces cantaban y que esa melodía le era muy familiar.
13
Los libros dentro de las gavetas. Las tijeras haciendo cruces. La voz en las afueras. Los anteojos sin gracia. Los víveres lanzados al mar. Todo sigue una secuencia, un orden que reina con escaso peso.
14
Piedra o piel. Quedarse oscilante sin acertar una respuesta. Arrojar los guijarros sobre los pellejos del agua diurna.
15
A la niña extraviada se la comieron ratas de montaña. Una estela conmemora el hecho y atrae a los turistas.
16
La ventana se abre y no se escucha el oleaje del mar que está enfrente, tan cerca. Se ha hecho un gran vacío y dentro de mi cuerpo todo se ha paralizado. Si al menos se manifestaran las sombras, si al menos acudieran sin preámbulos.
17
La flor atrapada entre las páginas largas de un libro que ya nadie lee. Con el tiempo, la flor será una hoja más y todo habrá vuelto al punto de partida.
18
Se sienta frente al piano y comienza a improvisar un blues. De repente, la suma de los días desciende en forma de espesa niebla y cubre la escena. El pianista continúa tocando como si nada hubiera sucedido. En ese momento podríamos darnos cuenta de que él es invidente.
19
Allá va la distancia amarrada a un horizonte que se mueve. Por ello, a la distancia nunca la tendremos con nosotros.
20
No sé qué me sugiere la palabra “nostalgia”. Acaso intenta evocar sucesos que nunca acontecieron o hechos que de tanto imaginarlos terminaron por malograrse.
21
Las sillas están vacías como siempre y la luz se refleja sobre las maderas pulidas. Son sillas que no fueron hechas para sentarse, sino para ser contempladas en las tardes sin esperanza.
22
Los pliegues en la tela me traen pruebas de la flexibilidad del silencio. Ahora mi aspecto debe ser asaz extraño como resultado de mi descubrimiento.
23
La armonía de la carne se evidencia durante los momentos de copulación. Fuera de esta circunstancia la carne se mantiene en desasosiego, como en ascuas.
24
Las puertas cuando están abiertas son más blancas que de costumbre. No es una ilusión, es una necesidad de expresar la esencia de sus naturalezas.
25
El pájaro se detiene sobre la mano del hombre dormido. Le picotea levemente las falanges y luego se queda quieto a la espera de una respuesta que tarda una infinitud en llegar.
26
Las sombras van delante de los cuerpos. Esto no significa que la emisión de luz provenga de atrás. Puede señalar que las sombras tienen prisa y quieren marchar a otro ritmo diferente al acostumbrado.
27
Una pared blanca. Un ojo la mira con deseo. Un punto negro aparece en el tope de la pared. Luego explota y un líquido oscuro se desliza hasta el borde inferior, dejando tras de sí un misterio, una incógnita nada locuaz.
28
Volver a llamar a las formas que se han desvanecido. Provocar esta emoción una tarde cualquiera. Sentir que un rumor colectivo te cerca, pero tú no haces nada para alejarte.
29
Cabellos negros tapiados por la nieve. Sólo sobresalen unas cabezas y el último relincho sobre la blanca reverberación.
30
La poseída no vivía más en aquella casa que se difuminaba entre la bruma. Ella ahora habitaba un espejo que distorsionaba las imágenes y producía una música que adormilaba.
31
Ojos del mar flotando en el espacio para mirarse a sí mismo y percibir el cansancio de su movimiento.
32
Ellos escaparon del peso de la oscuridad e iban ligeros a aliviarse en los depósitos del silencio y la perdida oquedad.
33
Ese pequeño gesto al levantarse brevemente la falda y mostrar un detalle más audaz de un muslo. Ese atrevimiento de tener cogido un ramo de flores blancas silvestres para que resaltaran sobre la tela negra. Ese tiempo transcurrido entre las dos camas que aguardaban un cuerpo caliente y lustroso.
34
El perro huye de su dueño. El amo anda tras sus pasos. Tres estatuas deterioradas los siguen con la mirada.
35
Dentro de un zapato viejo nace una flor. Nadie la sembró. Surgió del polvo y de las distancias acumuladas. Ahora debe embellecer al rincón que le tocó en suerte.
36
El anciano me miraba fijamente, mientras una gran ave negra aleteaba a sus espaldas y le alborotaba el blanco cabello. En ningún momento el anciano giró la cabeza ni el ave cesó de aletear.
37
El niño acaba de nacer y llora con estridencia. La madre llama a su marido y éste le mete al bebé en la boca un cigarro encendido. El niño chupa, suelta bocanadas de humo y luego sonríe feliz.
38
Mano que escribe poemas con pluma de ave extinta. Lo escrito pronto se desvanece. Sólo queda un ligero vuelo que da vueltas en el aire.
39
Sé que la pared se está derrumbando, pero no moveré un dedo para impedirlo. Cuando se haya caído por completo iré a contemplar los escombros y de entre ellos extraeré los huesos de los animales que la mantenían de pie.
40
Después de medianoche me otorgó un beso negro: sus labios traían el carbón de la cocina o el zumo escondido del chocolate.