El agua de los pozos te rejuvenece y te limpia por dentro, te trae beneficios contra el mal de la nostalgia y paz. Una vez bebida, el agua de los pozos correrá por tus venas y rememorará en ti el rumor de los ríos cercanos. El agua de los pozos repercutirá, con suavidad, sobre las paredes de tu corazón y lo llenará de cordura.
El agua de los pozos hace crecer las barbas y cuando se pone a hervir borbotea por horas y horas y no se evapora. Luego adquiere un sabor aun más dulce que lo emparenta con un vino que hubiese estado oculto dentro de una botija enterrada. El agua de los pozos gusta casarse con el agua de lluvia. A sus esponsales acude el rayo y las semillas de albaricoque que donan sus jugos. El agua de los pozos se torna blanquecina si dentro de ella se introduce una cuchara en el momento en que los céfiros se tiznan de cieno.
Agua de las mil leguas
El agua de las mil leguas fluye de preferencia hacia el oeste, porque así aleja la acritud que suele encontrarse en el levante. Esta agua disipa los venenos y fortalece el debilitamiento. Cuando pasa debajo de los puentes, a veces cambia de nombre, momentáneamente, y se llama entonces “agua que extingue el fuego tras las esclusas”.
El agua de las mil leguas se desliza imitando a extintas serpientes y en su avance forma burbujas que recuerdan perlas sonoras. El agua de las mil leguas se apropia de la escarcha de las riberas y le permite brillar en su interior para que atraiga a las nubes madres y al polen de las yerbas que mastican los caballos manchados. El agua de las mil leguas discurre y no se pudre y adquiere conocimientos de los territorios donde los astros se atascan en las murallas. Delante del agua de las mil leguas siempre corre un cardumen de peces que disuelve el tósigo de los recurrentes sueños.
Agua del rocío otoñal
El agua del rocío otoñal se caracteriza por ser dulce y otorgar tranquilidad al espíritu. Esta agua recubre los pastos y les ahuyenta los defectos. Si las personas toman esta agua, sus cuerpos se alivianan y sus músculos adquieren un esplendor que amilana a las flores y que se cuelga del color que portan las vasijas.
Agua del trueno patrullero
El agua del trueno patrullero es sumamente fría y por ello apenas tiene residuos de dulzor. Ella libera las vías del cielo y hunde en la oscuridad a la ponzoña de sables y cuchillos. Si esta agua se encallejona no produce larvas de insectos y capta el resultado de las nieves de primavera.
Agua de las cuevas
El agua de las cuevas salpica y esparce su energía antes de salir al exterior. Ella sólo hierve cuando se le agrega sal de hojas secas y durante largo tiempo permanece tibia. Si se la ingiere en estas condiciones los pulmones tremolan y la posibilidad de envejecer se retira a prudente distancia. El agua de las cuevas absorbe el licor de las rocas, con el cual después se pueden cocinar pequeños camarones hasta que sus cabezas se diluyan.
Agua de las fuentes heladas
El agua de las fuentes heladas carece de sabor y por eso cuando se la traga, en el estómago se siente una revuelta de aromas. Esta agua atenua lo punzante de la canícula y dispersa los calores que se concentran en el organismo debido al exceso de orinar tras los portones con los pies descalzos.
Agua de verano
El agua de verano no envenena porque un fruto gélido pervive en su seno. Ella acostumbra extraviarse durante los eclipses de luna y luego reaparece volteada, con todas las conveniencias a su disposición. Ella obtiene mucha vitalidad porque lame las orejas de los troncos y pulveriza las suciedades que se encuentran adentro. Esta agua es bueno tomarla cuando se pasea en una carreta por el campo y se lleva en una mano un espejo cóncavo.
Agua tibia de manantial
El agua tibia de manantial rompe la abundancia de calcio en los huesos y mejora la ictericia. Esta agua debe ser almacenada lejos de donde haya animales que van a ser sacrificados, ovejas o cerdos. Esta agua sirve para espantar los vientos que se introducen en el cerebro y para hacer decrecer las ampollas que se originan en las posaderas producto del mucho cavilar. El agua tibia de manantial oxida rápidamente a los relojes y perturba los horarios y hace heder las pelambres de los canes que comienzan a estar sordos.
Agua de maceración de granos
El agua de maceración de granos resulta ácida al paladar y levemente astringente cuando se la frota sobre las quijadas. Esta agua disocia fácilmente las amistades y las coloca en su justo medio. Las tijeras que se sumergen en esta agua quedan manchadas para siempre y si se corta tela con ellas se pudre de inmediato. El agua de maceración de granos le está prohibida a las mujeres que tengan demasiadas responsabilidades hogareñas: incontables casas han ardido por su culpa.
Agua de estallido
El agua de estallido atraviesa las llamas y se conserva incólume. Ella se alimenta de las enfermedades de los intestinos y de la lluvia que trepana los tuétanos. Esta agua puede ser beneficiosa para los pies agrietados, pero hay que consumirla con nudos de ramas remojados, so peligro de severa caída del cabello.
Agua de rocío inquieto
El agua de rocío inquieto se recoge normalmente al final del otoño. Es un agua espesa, con claras trazas de haber sido injuriada por los golpes de los meteoros. Esta agua entra en ebullición después de un largo periodo, por lo que se la recomienda a aquellos enfermos que padecen de gota, contumacia precoz e hinchazón de los testículos.
Agua de lluvia de los cerezos
El agua de lluvia de los cerezos es un agua sumamente extraña y muy difícil de conseguir. Con ella se lavan los lacrimales y se atemperan los sabañones. Mezclada con aguardiente barato provoca flatulencias que impiden concentrarse en la lectura de los autores clásicos y adormecimiento de los párpados con consecuencias deplorables.
Agua de la mitad del río celeste
El agua de la mitad del río celeste cae inexplicable y únicamente sobre los tejados. Por lo que las personas que tienen conocimiento de esto disponen, con antelación, tinajas de boca ancha debajo de los aleros para recolectar toda el agua posible. Esta agua puede usarse para lavar los corazones y espantar a los espíritus portadores de mefíticos vahos. Se recomienda no beber esta agua porque puede causar locura irreversible.
Agua de la escarcha hibernal
El agua de la escarcha hibernal sirve para rodear los alimentos y preservarlos de las malignidades de los efluvios que se escapan del antitiempo. Con esta agua se puede elaborar una bebida alcohólica que libera a las fosas nasales de toda viscosidad que bloquea la captación de los perfumes de las castañas puestas al fuego.
Agua del granizo
El agua del granizo posee un sabor cambiante de acuerdo a la coloratura de los vaivenes del firmamento. Su aroma se acerca bastante a la normalidad. Con dos litros de esta agua se logra que las maderas recuperen su armonía en los estados letárgicos.
Agua de la cuadratura y la receta
El agua de la cuadratura y la receta debe ser recogida al alba y con una cuchara de madera. Esta agua brilla tanto que estabiliza las inquietudes del hígado travieso. Tal agua es excelente para los tímidos, ya que les proporciona un magnífico fulgor en el esternón y les incita a contemplar los plenilunios escondidos entre garrafas de mistela.
Agua de las flores
El agua de las flores calma las ansias de querer ser dueño de todo. Después de ingerir esta agua, la persona emprende un remoto viaje y en el camino únicamente se alimenta de retoños amargos. Cuando el viajero regresa a su casa se lava las manos con la mencionada agua y un furor interno se le instala en las torceduras de la carne.
Agua brotada debajo de las gavillas
El agua brotada debajo de las gavillas se alarga en hilillos que se extienden como pelos de camellos. Cuando las cosas son impregnadas por esta agua exudan gotas de ámbar que luego se emplean contra las migrañas. Además tan prodigiosa agua pule las superficies y las libra de la mugre. Posteriormente esta agua crece y crece y se eleva tanto que llega a tocar el borde del carromato donde estudian los insignificantes sabios.
Agua que se calienta sola y se convierte en sopa
El agua que se calienta sola y se convierte en sopa no ha sido investigada a cabalidad. Sin embargo, se sabe que ella empieza a agitarse cuando desciende la niebla. Si se hace escupir a un gato dentro de ella se violenta aún más y tiende a exasperar al recipiente que la contiene. Quienes la han probado después de su conversión en sopa aseguran que es un caldo que tiene las propiedades de la calabaza y de los pichones de paloma engordados con nueces.
Agua de la clepsidra
El agua de la clepsidra originalmente es un agua que se filtra a través de las ranuras del techo y se precipita dentro de una marmita adecuada. Después que esta agua se trasvasa a la clepsidra adquiere unas extrañas cualidades. Es capaz de detener los ladridos de los perros con mal de rabia, producir violentas convulsiones en los paralíticos y hacer brotar furúnculos en los vigilantes nocturnos. El agua de la clepsidra, así mismo, resuena cada vez que cruza un aerolito el espacio.
Agua lameteada por las bestias
El agua lameteada por las bestias cura de inmediato cualquier picadura de alacrán, por feroz que sea. Esta agua hay que protegerla de los rayos solares, porque de lo contrario se volatiliza y causa graves daños en las pupilas de los amantes furtivos.
Agua salada por las mareas
El agua salada por las mareas no es tan amarga como generalmente se cree. Más bien se asemeja al sabor de la quina trasnochada o a un accidente que caria las encías. Esta agua tiene la virtud de nutrir a los escribas cansados que se intoxican con tintas de pésima manufactura.
Agua de aljibe anejo a una tumba
El agua de aljibe anejo a una tumba no conlleva a ningún perjuicio para quien la extraiga. Empero es necesario que esta agua sea sacada con cubos de madera sin duelas y en pocas cantidades. Para beber esta agua es imprescindible cerrar bien los ojos y pensar que se está dormido a bordo de un barco a la deriva. Cuando el agua llena la capacidad del estómago cabecea como una foca para demostrar que está feliz.
Agua del lavado de los tazones
El agua del lavado de los tazones es un agua excesivamente solicitada por los solteros debido a sus propiedades para aminorar las molestias del priapismo. Esta agua hierve a los ochenta grados centígrados, lo cual la convierte en una preciosa panacea líquida que también cura las aberraciones visuales, la ojeriza, los orzuelos y el estrabismo de los francotiradores. Según viejos médicos también es capaz de hacer desaparecer la cojera intelectual y la quebradura de los testículos.
Agua maltratada en un mortero
El agua maltratada en un mortero posee la transparencia y la luminosidad de los diamantes derretidos. Por ello es ideal para sanar los cambios en la estructura del habla y la tristeza provocada por los ensueños. Administrada con polvo de cigarras deflegmadas sirve para exacerbar los deseos de la carne. No obstante, se debe tomar la precaución de tener a mano pasta de cinabrio en caso de paroxismo amoroso.
Agua que mana de una tierra oscura
El agua que mana de una tierra oscura persigue a las mujeres al nomás acercarse éstas al predio del fluido. De esta agua se pregona que deja embarazadas a las hembras durante años y años y luego, repentinamente, se ven a numerosos riachuelos desplazándose por la espesura en busca de un torrente mayor.
Agua de salmuera
El agua de salmuera se emplea para enseñar a nadar a los patos antes de proceder a cortarles los pescuezos. Esta agua ayuda a eliminar las sustancias nocivas que se encuentran en los paisajes sometidos a las plagas de escarabajos lascivos. (Existen algunas referencias antiguas que le endilgan a esta agua atributos para desinfectar las ropas usadas en las ejecuciones de reos inocentes).
Agua de almidón
El agua de almidón entumece los pies si se la bebe de cara al sol y de un solo trago. Tomada a sorbitos puede hacer que un individuo tenga una manera prudente de hablar. Otras prescripciones comunmente aceptadas serían: promueve la ostentación y la espectacularidad, induce a guardar las apariencias, gratifica los puntos muertos de la memoria y da rienda suelta al envaramiento del miembro viril.
Agua de la brillante claridad
El agua de la brillante claridad se parece notablemente al agua de lluvia repentina. Sólo las diferencia la capacidad de extraer la quintaesencia de los halógenos para sublimar a las aves migratorias en vuelo. Esta agua está desguarnecida de olor, pero se mimetiza con las texturas cromáticas de las jofainas que la contengan.*
* Del agua de la brillante claridad existen numerosos elogios en los tratados más rancios sobre la melancolía y el delirium tremens.
Agua de jengibre salpicado de barro
El agua de jengibre salpicado de barro posee un empleo harto maravilloso: limpia las caras frontales de las viviendas con sólo asperjarla encima de ellas. Esta agua muta enseguida su consistencia y atrae a los clavos herrumbrosos incrustados en las jambas de las puertas. Los cuerpos frotados con esta agua pierden su virginidad y los flojos se tienden a dormir como si sus almas resbalasen por el suelo.
El agua de jengibre se zafa con ligereza al no más entrar en contacto con alguien que haya robado libros de ciencia ficción.
Agua de jarabe y hueso de santo
El agua de jarabe y hueso de santo es dulcísona. Voluntariamente ella se introduce en las comidas y les otorga un lustre que las eleva a otra dimensión. Esta agua se mantiene inalterable durante un lustro, a menos que se le desplome adentro un manuscrito emborronado por un poeta en un exilio sin repercusión.
El agua de jarabe y hueso de santo se une ocasionalmente a otras aguas menores y forma una serie que hermosea parte de los meses y los días y los compromete a mirar las direcciones como si se tratasen de penalidades bebibles.