Los escarabajos

Comparte este contenido con tus amigos

Textos y dibujos: Wilfredo Carrizales

1

Los escarabajos

Los escarabajos prometen escaramuzas a las vides y, de madrugada, encuentran sus borracheras en donde las habían imaginado. Comprimen sus cuerpos y, en movimiento corriente, llaman por sus antenas a sus discípulos para que les organicen la trama en los estercoleros.

El invierno empuja a los escarabajos a una lentitud sin fondo. Aun cuando la luz parezca alargarlos, comete el error de roerles los bordes. La desgracia se enrolla a su paso y los niños les desean para inmiscuirlos en la tolvanera. Pero no siempre todo ocurre en calma.

Siguen los escarabajos, con sus ojos, a los diablillos del bosque y, tan pronto como desaparecen, se rayan los dorsos para constituirse en familia selecta.

De los faisanes se apropian los escarabajos a tenazas llenas y aprenden a prevenirse de los coletazos de la impaciencia.

Tardíamente, detrás del otorgante escaramujo, se manifiesta el escarabajo con sus réplicas de flores asustadizas. Es tal la energía que despliegan los escarabajos en cada labor que la naturaleza se ve obligada a reemplazar las viejas formas por otras más cónsonas con los venideros periodos.

Entre las hojas otoñizas, los escarabajos se investigan, unos a otros, y buscan las impresiones para poder continuar poblando los continentes.

Se descubren, con demasiada frecuencia, escarabajos al borde de los lagos, a la espera de barcos para abordarlos y asilarse en islas donde no los conozcan.

Arman un jaleo los escarabajos con motivo de la caída de las primeras nevadas. ¿Cómo van a encontrar el camino de regreso a sus casas, si la dificultad se ha vuelto tan blanca y fría?

En quien más creen los escarabajos es en la persona fea y repugnante que les trae del mercado papas, con las huellas de numerosas larvas adentro.

A las claras, los escarabajos contraen nupcias en soledad, pues desprecian las reuniones de cofradía.

Mientras tienen pesadillas, los escarabajos mueren por lo bajo, mas rápidamente resucitan porque han dejado inconclusas numerosas tareas que no se pueden postergar.

Los pájaros no requieren devorar a los escarabajos. Ellos saben perfectamente que si se les ocurre tragarlos, de inmediato irían a parar hasta una historia de terror.

Por miles de años se han estudiado a los escarabajos para tratar de aproximarse un poco a la verdad de su existencia. Todos los estudios, sin excepción, han fracasado porque siempre comienzan por la misma e invariable pregunta: “¿Por qué estos insectos no huyen de su propia fealdad?”.

Nadie puede decir “este escarabajo mío”. Ser escarabajo significa colegir la libertad como un garabato bien hecho.

En las manos de la muerte, los escarabajos se limpian la fetidez. Por eso, ella les teme, a sabiendas de que los escarabajos tienen la capacidad de pasar a más graves acciones.

 

2

Los escarabajos

Los escarabajos marchan por la senda del progreso que han construido con ingentes esfuerzos y se oponen con tenacidad a cualquier intento de interdicción por parte de los representantes de la ley.

Cuando el sol está en su cenit, los escarabajos manifiestan su rencor contra los halcones y otras aves de rapiña que desean practicar con ellos y atraparlos al vuelo.

A algunos escarabajos les gusta sobremanera vivir dentro de las tumbas porque así sus cabezas adquieren un tizne de impresión momificado.

Durante las vacaciones de verano, los escarabajos, con suma aplicación, organizan excursiones con todos sus familiares hasta los desiertos que están más allá del horizonte del oeste.

A los escarabajos los captura la imaginación y los hace dar vueltas y vueltas en torno a las vías férreas que cruzan sus dominios.

Desde la oscuridad, los escarabajos adquieren corporeidad sublime y se deleitan royendo a la matriz de la noche para que malpara estrellas torcidas.

Los escarabajos saben ilustrar acontecimientos remotos, pues son poseedores de una potente memoria que los obliga a ello.

El día de su cumpleaños, los escarabajos consumen heces del vino y luego forman un escándalo que sólo se apaga al recibir el anuncio de castigo del vicario del Señor del Inframundo.

Los escarabajos tienen un instinto especial para arrollarlo todo, desde los problemas cotidianos, pasando por las querellas domésticas, hasta los diferendos fronterizos con otros insoportables insectos.

Almacenan, los escarabajos, con gran primor, variadas imágenes de los paisajes del subsuelo y posteriormente las subastan entre aquellos voladores que jamás podrán conocer tales parajes ignotos.

Son persistentes y resolutos los escarabajos. Asumen posiciones verticales a la hora que hay que asumirlas. Sin embargo, saben negociar y cuando ceden algo es porque ya han logrado un enorme beneficio.

No creen en mitos los escarabajos y aunque se prestan a alimentarlos y favorecerlos, a escondidas se burlan y se restriegan las patas encima de ellos.

Por las mañanas, los escarabajos hacen sonar unas pequeñas trompetas o añafiles y dan la clarinada para que la comunidad de insectos rastreros salgan a ganarse la vida o a producir estragos entre los hombres.

Se sabe que ciertos escarabajos han hecho vanos intentos por volar y se han adaptado alas postizas. Con tales muestras de coraje y audacia se han ganado el aprecio de gusanos y orugas.

A su paso, los escarabajos crean una moción universal y un inevitable temor en todas aquellas criaturas que propenden hacia la estabilidad y la raigambre.

Las relaciones de los escarabajos con los emblemas del poder no están muy aclaradas. No obstante, a sus nidos o madrigueras no cesan de afluir huevos, pupas, quijadas y salmos.

Durante las largas temporadas de lluvia, los escarabajos se comen las uñas hasta las inmediaciones de los puños y más tarde, en época de bonanza, relanzan sus esencias hasta una dimensión infinita. Así se contagian de autenticidad y no contradicen sus códigos de ética y virtud.