De esqueletos y otros recursos óseos

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Textos y collages: Wilfredo Carrizales

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De esqueletos y otros recursos óseos

Se entiende el esqueleto con la muchacha que finge llorar. Más tarde armarán un baile y rellenarán los huecos que mucho resalten. El esqueleto enamorado es una casa con proyectos de sermones, discursos y amonestaciones. Antiguamente su osambre sostenía lo específico de las vías, pero ahora no. En la actualidad levanta columnas rojas para romper los esquemas.

Desde que ama el esqueleto ha aumentado de peso. Ya no es tan flaco como antes y sus sonrisas no avisan en las actitudes de los entierros.

Cuando la moza no le hace caso él le envía apresuradas esquelas mortuorias y la urge a esputar sus resquemores. Luego se encuentran en un bosque y hablan de lo blando que resulta la pasión si se la espulga entre las costillas.

 

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De esqueletos y otros recursos óseos

Este esqueleto espera recoger herbarios en sus cestas trenzadas de prisa. Él sale de su huesa muy orondo en el instante en que la aurora lanza sus artificios color púrpura. Camina arrastrando su hueso fálico para ahuyentar a las hormigas. Sobre su columna vertebral trae recuerdos e imágenes que lo anclan en el pasado. Se sabe huésped de los herrajes y si llueve y se moja, pues cala en lo hondo de la humedad.

A veces descarga su artritis en los huertos y señala con sus dedos el lugar donde deben limpiarse. Ama las construcciones sin argamasa, los pasteles de santos y los mobiliarios heridos en la sangre. Por las noches se retuerce sobre su piedra y aprovecha para cernir las cenizas de unos parientes desconocidos. Se hace el duro al comprobar que las estrellas se le alejan, mas se flexibiliza para recoger temprano los rocíos de las frutas.

 

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De esqueletos y otros recursos óseos

Anuncia por el micrófono el fin de la guerra. Gracias a su trabajo ha recibido dos condecoraciones, un tiro en el cráneo y una esquirla en un ojo. Es optimista a todo trance y nada lo arredra, ni las lujaciones ni la necrosis. Reposa sobre envolturas de papel periódico para estar más próximo a los acontecimientos diarios. Descarga su sabiduría a través de las ondas hertzianas y junta los calificativos más apropiados al dar las noticias.

Entablilla los recortes de los acontecimientos a fin de que sean aceptados como un todo sin cesura. Aun le queda tiempo para balancearse en los trapecios y lanzarle piropos a las enfermeras. Sus dientes le crepitan a causa de su continua emoción. Suele decir que está muy cansado, pero nadie le cree porque se afana en su labor hasta que le suenan los omoplatos. Sus huesos son duros de roer y quien más lo sabe es su perro.

 

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De esqueletos y otros recursos óseos

Dentro del costillar se coló una lechuza y un oso enano. Un león quedó afuera porque a último minuto sintió miedo y desistió. El costo de la operación nunca se sabrá. Sin embargo, hay flechas que indican las líneas de flotación y la falsedad de ciertas formas. De costumbre se cimbra el esternón si arriba se prolonga la risa. Toda carga adicional le compete a las costillas y ellas lo resuelven en la bóveda.

Una vaca quiso suplir la función del cráneo vacante, empero sus mugidos fueron particularmente atroces y provocaron más espanto que atracción. Ante tal panorama el costillar aceptó de costado que lo pusieran sobre un barco que flotara de maravilla y que no se despedazara ante cualquier tormenta.

En los días presentes el costillar se esfuerza por salir indemne y en caso contrario servir de respaldo de una silla.

 

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De esqueletos y otros recursos óseos

Salta de gozo, loco y encoñado. Huevos y flores para sus queridas, mientras luce corona de lujo y zapatos a la moda. La alegría no le cabe en las quijadas y en tres puntos de su osamenta una deficiencia lo acapara. Desde su coxis se despliega la telaraña de su existir y la figura femenina que lo aguarda batida de azúcar y sostén. Su pelvis pasa de lo tibio a lo fecundamente calenturiento. Ya se disloca, ya se desensortija.

Grita y salta en pos de la mariposa de grandes alas y tierno trasero. Profano a todo dar, nada sacro, inflamado de oseína, se calcifica por ella y la liga. Así, del húmero al peroné, le refriega su pubis hasta trepanarle la fosa donde culminan los élitros. Molido, busca en vano su sepultura y sólo consigue caer dentro de la cesta de los escafoides viejos.

 

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De esqueletos y otros recursos óseos

Encima del tapiz donde combaten los dragones de la oscuridad reposa, sonríe y piensa en el agujero por donde se le escapa, a sorbos, el alma. La trama general es roja así como rojo es también su postrero intento de erección. (Una simulación de araña le cuida el cráneo fecundo y hábil).

Le importa el cuadrado de su armazón y el vómer y el radio para escuchar su programa favorito. Se emplea, de manera singular, en ser serrátil y en espantar los pericos con los pedazos de tarsos. De trato difícil, le molesta que le sacudan los alvéolos.

No por carecer de fuero anda a las zancadas y crepita cuando pasa sobre aguas. También sabe ser exigente consigo mismo y a resultas de ello habita en un ámbito piramidal, donde no le alcance la eburnación.

 

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De esqueletos y otros recursos óseos

El más simpático y afable del conjunto de los cofrades. El que más sabe de tuétanos y más conoce de meollos y demás sustancias presumibles. Ríe a placer y muestra su dentadura perfecta: obra de los excelsos odontólogos.

Aunque le amarillean las cuencas huecas y su aureola es de oro, a los huesos sólo llega una mínima porción de esas texturas. Las clavículas se pinchan hasta separarse, mas no se dislocan y permanecen calzadas y dulces, a la espera de una murmuración de marfil.

La lozanía de la calavera se emplea en preparar el escenario donde se escenifican las meriendas de las roturas. A hueso nadie tropieza con su propia osamenta y si lo hace le será señalado para siempre este error como descoyuntamiento precoz.