
VI
Cayó una profusa nevada al término de la mañana. Alborozados, los niños aplaudieron y emergieron de sus aulas de clases. Traían pequeñas palas y unas carruchas, todas de madera.
Comenzaron los niños a amontonar la nieve cerca de unos arbustos. Pronto el montón hubo alcanzado una altura y anchura considerables y mediante la destreza en el uso de las palas, los niños fueron dándole forma a la figura de un Buda sentado.
A mitad de la tarde el Buda ya reía, feliz y con futuro. Su voluminosa cabeza pelada se distinguía a la distancia por un inusual brillo. Miraba hacia el cielo como rogando que no volviera a nevar. En su amplio abdomen los niños colocaron ramas de pino rotas por el peso de la nevada.
El tiempo se tornó aun más frío y gris. Los niños debieron recogerse en sus hogares. A la mañana siguiente descubrieron que el Buda de nieve había crecido notablemente.