En la Gran Calle,
lejos, hacia el este, afuera,
¿quién me cuida?
Pienso: “el amor es una cosa simple”.
¿Cuál es mi nombre cuando esto considero?
¿Arturo, Samuel, Lotario o Teobaldo?
Si la muchacha a quien más deseo
me ofrece cuerpo y alma,
le limo las uñas de los pies
como vi hacer en Shanghái.
Luego le digo que siga
a mi tormentoso corazón
hasta el lugar más hermoso
de la Gran Calle,
¡ah, de la Gran Calle!
2
Dentro del silencio de oro
encuentro una historia china de fantasmas
y me torno duro junto con mi miedo.
Me acuerdo de ella;
¿dónde está ahora?
No hace mucho
dejó de jugar
y el viento continuó soplando,
la abrazó
y yo me perdí en ella.
3
Me vuelvo tan sentimental
cuando estoy sobre ti.
Bien sé que tú me necesitas
y la evidencia la trae
el significado de la noche lábil.
4
¡Qué maravillosa me pareces tú
en el tiempo que desdobla al mundo!
Danzamos en un perfecto dúo
y los sueños encuentran su vía libre
como un sol de medianoche,
al descampado, perdiendo sentimientos.
Mi corazón te escucha de nuevo
y mis pensamientos ruedan y ruedan
sin que nadie lo sepa.
Necesito sólo una de tus pequeñas ayudas,
pero únicamente me otorgas
un pálido esquema
de las cosas dejadas atrás.
5
Justamente, como amigos,
todo lo que me pasa contigo:
agosto en avenidas oscuras
y el verano que se expande.
Yo ignoro en cuál tiempo
tú andas o estás o barruntas.
Si yo pudiera perderte
lo haría en plena umbra
de un parque abandonado
y danzaría luego fuera del espacio
donde se labra el sol del estiaje
y nadie notaría mi ausencia
a pesar de mí mismo.
6
Fácil caí en el amor
y en ese modo
yo recordé el suceso que abrió
aquello llamado repetición.
Las estrellas se juntaron como piedras
y una leve tentación se impuso
y ya nunca más el amor
tuvo necesidad de ninguno de los dos.
7
El amor se disuelve en música
y en magnetismo devendrá
para levantarte como un gladiador
y te verás embarrado
y creerás
que tu fiebre es sacra.
Tú estarás en cualquier lugar,
por ti, por tus artes de alquimista,
y le rogarás al amor
que te dé siempre una melodía
y caminarás con el mejor de los dioses.
Ustedes se detendrán juntos
con hojas de té partidas.
Por amor, cariacontecido,
tendrás tiempo para decir ¡adiós!
y tornarás, contrito, al jardín de los granados.
8
No sabes por qué crees en Santa Lucía.
Eso puede ser un amor inspirado
por un ave que se marea,
aquélla o ésta,
ninguna cercana a lo sagrado.
Un pescador te traerá perlas
para que me recuerdes y me sueñes
y en la recóndita armonía
de la danza de tus arterias
el eco del corazón ingrato
resonará por los años que te queden
por vivir y para vestir de lluvia
a un imprevisto rapsoda.
Yo ignoro todo de ti
y lo mejor que puedo hacer
es desearte con una distancia desconocida.