El reciclador sin memoria

El reciclador sin memoria

El plagio es más antiguo y resistente que las cucarachas que lo practican. Es el abrazo silencioso de la boa constrictor que va engullendo su presa en silencio, casi sin dolor, y la mantiene a su placer, en un tradicional ritual de su propia sobrevivencia. Es un vicio que se puede apoderar de la maquinaria recicladora que convive con cada Escritor y si no sabe administrarla con imaginación, honestidad, sabiduría, se apodera del mismo y lo convierte en carroña, algo así como desperdicio de una obra ajena.

Hace ya mucho tiempo que se viene hablando de un caso. Acusaciones, abogados, recursos, y van saliendo pruebas como pequeños demonios encantados. Sorprende a algunos cuando son autores tan premiados internacionalmente, absolutamente bañados por el sagrado río Ganges, escoltados por faraones en el Nilo, y abren las puertas de templos y palacios sólo con mirarlos o abrir la boca. Pequeños dioses de reputadas editoriales. Seres que viajan con su ángel a rendir culto a la palabra, dictar cátedra y son jurados de concursos que todo el mundo jura que son transparentes.

Pareciera ser que el caso ha llegado casi a su fin, porque cada día aparece un nuevo plagio que ya no conmueve a nadie. La rutina es así de cansona. Se convierte en lo inevitable, aquello que sucederá a pesar de. La sanción ha llegado por haber plagiado a 15 autores en 16 artículos escritos. Un récord nada despreciable para Guinness. Pero, ¿quién sería el menospreciado, el Patito Feo del grupo que no tentó al plagiador? Se habla de 177.500 nuevos soles, una moneda que alumbra, se apaga y vuelve alumbrarse cuando se le inyecta más calor y luz. Son exactamente 57.258 dólares. El hombre tiene recursos, dijo que la ley peruana no puede sancionar lo que se hizo en territorio extranjero.

Ya le llaman autor copy paste (copiar y pegar). En realidad es un entusiasta de la obra ajena y eso no se debiera sancionar, si no se incurriera en el delito de reescribirla. Borges hablaba de otra cosa. Lo de él era pura ficción dentro de la ficción, complicidad, pero no entrar con las manos en saco ajeno. Plagiar a sus amigos además es un acto de doble carroñería. A un diplomático es un abuso de la pobre imaginación. Al hombre pareciera interesarle el lado B de la literatura.