James Holmes, de 24 años, estudiante de postgrado en Neurociencias (Medicina) de la Universidad de Colorado, vestido de negro, cubierto por un casco, pantalones y un chaleco antibalas, de una máscara antigás, armado con una escopeta, un fusil y otras dos armas, irrumpió en uno de los 16 cines del Century 16 de Aurora, en las afueras de Denver, Colorado, 9 o 10 minutos antes de que una sala abarrotada de personas se dispusiera a ver la película del momento: El caballero oscuro. La leyenda renace, y sin motivos esclarecidos, asesinó a 12 personas, dejó a otras 71 heridas de bala, 11 de las cuales se encuentran hospitalizadas en estado crítico. Entre los heridos, cuatro son militares. Un marino que estaba en el cine se dio por desaparecido. Falleció una periodista deportiva, Jessica Redfield, que hace unos días había escapado de un tiroteo en Toronto, Canadá. Como todos estos actos ciegos, confusos, masivos, producen en un principio confusión no solo para los protagonistas, sino la información que se desliza en las primeras horas y días, hasta que las investigaciones tomen su curso definitivo, tampoco es del todo confiable. Otras cifras hablan de 58 heridos, a pesar de que las autoridades dijeron 71 en un principio.
Holmes, nativo de San Diego, vestía la medianoche de ese fatal día como Bane, el terrorista que enfrenta al Caballero oscuro, con una máscara antigás, y previo a la masacre lanzaba un par de bombas lacrimógenas que desorientaron a sus víctimas, que pensaban que era parte del espectáculo, de la presentación del largometraje. El terror se apoderó en segundos, en la noche más oscura en el verano de Aurora, en un suburbio de Denver. La gente corrió perdiendo sus zapatos, confites, dejando celulares en el cine. Se supo después que el fusil semiautomático que cargaba el asesino se trabó; si no, las muertes habrían sido mucho más, porque la potente arma dispara entre 50 y 60 cartuchos por minuto.
La policía cree que actuó en solitario, que no hay indicios de terrorismo, aunque James Holmes avisó que su departamento está con cargas de explosivos y ya se sabe que costará horas desarmar el complejo sistema creado por él. El Joker de Denver, en opinión de alguna de las autoridades, es un perturbado, “una aberración de la naturaleza”. Lo cierto es que escogió el día del estreno del último Batman y atacó no precisamente en Ciudad Gótica, sino en un tranquilo y apartado pueblo del oeste de Estados Unidos. En uno de los estados de la Unión, integrados por una población de unos 312 millones de habitantes, y se estima que existen más de 300 millones de armas de fuego.
Un final trágico para un Batman que despide su saga en un mundo cada vez más caótico, urgido de algún tipo de salvación, aunque sea en el celuloide, ya nadie se siente seguro.
Colorado vivió en 1999, en la escuela secundaria de Columbine, Condado de Jefferson, en las cercanías de Littleton, una de las grandes masacres en Estados Unidos, cuando dos alumnos asesinaros a 14 compañeros y un profesor, además de dejar un saldo de 24 heridos. Michael Moore documentó en el cine la tragedia bajo el título de Bowling for Columbine y denunció la proliferación escalofriante de armas en Estados Unidos. Eric y Dylan, los asesinos de Columbine, querían aparecer en una película de Tarantino o Spielberg. Diversos cineastas de Estados Unidos, inclusive Finlandia y la propia TV norteamericana, recrearon después los hechos directa e indirectamente.
En Aurora, Denver, con los cadáveres aún frescos y la incertidumbre en el rostro de las autoridades, no son pocas las preguntas que se hacen los protagonistas de la noche infausta en el Century 16, como la comunidad y el mundo.
El New York Times, a medida que transcurren las horas, ha elaborado un perfil de Holmes, y lo califica de un muchacho tímido, solitario, becado y graduado con honores de la Universidad de California-Riverside. ¿Cuántos solitarios hay en Estados Unidos y en un mundo llenos de solitarios?
La única fotografía que se le conoce y ha dado la vuelta del mundo lo muestra como hipnotizado, hechizado por algo desconocido, eso que no sabemos que hay dentro de la persona. Tiene un aire del joven Mr. Spock, alucinado por planetas que conocen el infinito y no se detienen. (Ya se ha incorporado una toma de fotos ante los tribunales, con el pelo rojo-naranja del Guasón, el enemigo histriónico de Batman). Mira desde el limbo, perdido en sí mismo y nadie sabe hacia dónde gira su mente, desde la medianoche fatal de Denver.
Desde un primer momento nos inclinamos por la influencia de los videojuegos de guerra, tan populares y que calan hondo en la psiquis de los jóvenes, que viven la experiencia como si fuera real. El asesino de Aurora, presunto desequilibrado genial, ahora sabemos que le gustaban los videojuegos, esas máquinas programadas que roban el espíritu, alienan, y se instalan como ausencia de conciencia, y la ficción convierte en gelatina gaseosa la realidad. Máquinas que gatillan el inconsciente y traban el orden establecido, anidan en las cavidades íntimas de quienes se vuelan de la realidad real.
Hoy pasé por una sala de videojuegos tercermundistas, subdesarrollados, pretenciosos, con la dosis mortal suficiente, y me detuve en los rostros evaporados por la violencia ficcionada, la muerte artificial. Escapan y se convierten en extraños de sí mismos. La ficción les corta el cordón umbilical con la realidad. Sueñan con devastar territorios desconocidos y habitantes sin nombre, erigirse en conquistadores. Tienen el control de lo desconocido, un caramelo feroz para una mente que disfruta un desquiciamiento gozoso. El impacto mortal es su adrenalina.
No teníamos ningún indicio, porque el sospechoso carecía de todo antecedente policial y se creía inclusive que llegó a Colorado procedente de Tennessee, por la placa de su automóvil. Con el correr del tiempo se ha ido conformando un perfil más acertado. Holmes usaba el número 16 en su uniforme blanco del equipo de fútbol de su colegio. 16 son los cines, pero escogió el número 9 para atacar. Esa sala y lugar han quedado estigmatizados en el aparentemente tranquilo pueblo de Aurora, pero Hollywood deberá repasar su propia película. Al día siguiente, los cines y restaurantes se llenaron más de lo esperado, en “señal de resistencia”. El consumismo de la muerte impide la reflexión, el espectáculo se sigue apoderando de las mentes. A partir de su detención y desmantelamiento de su arsenal explosivo en su apartamento, los periodistas siguen informando del “posible sospechoso”. Los cables procedentes de Estados Unidos hablan que el enmascarado de Denver, en su primer día de preso, escupe a los guardias y a quien se le acerque. Un par de días después, las personas han comprado más armas en Colorado.
“If people would just rise up and say ‘Damn it, this is not the America I’m going to live in. This is too great of a country to let this happen again. I am not going to let this happen again’ ”, dijo Michael Moore. “Si la gente se levanta y dice: ‘Maldita sea, esta no es la América donde voy a vivir. Esto es demasiado grande para un país y dejar que vuelva a suceder. No voy a dejar que esto vuelva a suceder’”.
Del epilogar
Se sabrán más cosas / la muerte ya habló / por mí / ayer / mañana / No sabemos cuándo / volverá / ocasiones no faltarán / La muerte es muerte / actual / se dispara sin disparador / es un comic de comic / Tiene alas propias / municiones en cantidad / pum, pum, pum / cae la vida en algún lugar.
No pasa mucho tiempo y el pañuelo se va abriendo. Los distintos actores, escenarios, están acomodándose y, sobre todo, ocurren pistas impensadas, dignas de la mejor saga de Hollywood. Mientras algunos piden la silla eléctrica, que fue utilizada por última vez en Colorado en 1976, hay quienes hablan de alienación y ello significaría que el Joker de Denver podría pasar el resto de su vida en un psiquiátrico. La última gran revelación, tiene unas horas, es que James Holmes es un hombre de cuidadosas pistas. Previo a la masacre, envió con anticipación por correo a un psiquiatra un cuaderno con dibujos y detalles de cómo cometería sus crímenes. La correspondencia no llegó a su destinatario, solo fue abierta el pasado lunes y la información fue dada a conocer por las autoridades estadounidenses. El psiquiatra de la Universidad de Colorado fue quien dio la alarma tardía al FBI y la policía, cuando él se enteró. Hubo un primer paquete con un contenido no definido y tampoco peligroso. El paquete estuvo en el correo desde el pasado 12 de julio. Algo se rompió en la mente del brillante estudiante de San Diego, escindió y disparó. Los próximos días y los expertos tendrán que entrar al verdadero escenario, la mente, motivaciones, que tuvo Holmes para actuar. Mientras no se rompa su silencio, ni sabremos la dimensión y profundidad de este drama. Cada historia tiene su propio protagonista. ¿Tenía conciencia de la realidad? Una gran X a despejar.
La saga continúa, tanto en las pantallas como en la vida real. Se seguirán escribiendo nuevos capítulos, deben haber no pocas historias por contar. El protagonista quizás cuente la suya, que es la principal. Mucha información ha entintado los diarios y rodado por el ciberespacio desde el primer instante de los trágicos sucesos de ocurridos este verano en un cine de Aurora. Los acontecimientos están muy frescos para conocer las verdaderas motivaciones de su autor. Hay 11 heridos en los hospitales aún luchando por sus vidas, en mayor o menor grado. La historia se ha repetido en Colorado. ¿Qué hacer ahora?, es la gran interrogante a despejar.
Despido esta nota, cuyo curso desconocemos, con una afirmación de uno de los protagonistas de la novela de Haruki Murakami, Sputnik, mi amor: “No puedo discernir una cosa de otra, algo que existe de algo que no existe”. Esta frase pudo pasarle por la mente al Enmascarado de Denver previo a la masacre.
Rolando Denver, interrogado por nosotros, se mostró perplejo, desconcertado, sin interés de responder pregunta alguna, y se sentía en su mirada que las interrogantes entraban y salían, como abriendo agujeros sin nombre. Estuvo y no estuvo allí, para ver y no ver, el futuro.
En Aurora, Denver, Colorado
En Aurora, Denver, Colorado,
la noche es clara noche de verano,
están tensos los jóvenes cuerpos alegres,
si los filmara con una cámara oculta
me deslumbrarían sus frescos tallos dorados
Bajo el claro tiempo del estío,
la nieve ya dejó Denver
detrás de los relucientes cristales del verano
Los ancianos no abandonan sus porches
en las noches de Colorado,
puede que la luna llena no entusiasme
a televidentes y fanáticos de los videojuegos,
y sueñen con la noche digital de Denver,
donde todo estaba escrito en sus pantallas,
la vida y la muerte a un golpe de dedos,
juegos de guerra
Esta no dejará de ser una magnífica noche de Colorado,
es clara en Aurora, Denver, Colorado.