Ha caído en mis manos un libro de poesía extraordinario, ya desde su título nos sorprende y nos intriga, me refiero a La novela terrígena (Pequeño Dios Editores, Santiago, 2011), del escritor chileno Mario Verdugo. En efecto, lo primero que hace el título es engañarnos respecto de que es una novela y luego nos sorprende con un adjetivo poco usado por estas latitudes, “terrígena”, ya que acá en Chile solemos usar el vocablo “telúrico”, para referirnos a aquello vinculado a la tierra.
Se inicia la obra desde una cita de Mariano Latorre, donde el destacado criollista chileno argumenta en favor de la narrativa terrígena, reforzando con ello el engaño de que nos encontramos ante un libro de narrativa. Sin embargo, empiezan a aparecer los poemas, numerados del 1 al 100 (¿capítulos?), van exigiendo cada vez más que el lector desentrañe las alusiones, aproximaciones y misterios que propone en cada verso.
En palabras del crítico K. Ramone, “La novela terrígena es un libro que lleva la alusión hasta extremos sin remilgos. Pocos libros logran tan bien ese juego-duelo del complételo usted a ver si es tan gallo”. Opinión precisa que comparto plenamente, pues los versos sugieren, más que afirman, y aparecen significados elusivos, misteriosos, que sin embargo se tornan cercanos, como si estuvieran ocultos tras un velo, inminentes, acechantes, listos para asaltarnos desde una semántica distinta, oculta tras la cortina que hay que descorrer.
Veamos un par de ejemplos.
En el “capítulo” 2 nos encontramos:
La misma noche lúgubre en que
Abraham Maslow les fue presentado,
todo el chalet que habían construido se
desmoronó como una pirámide de orujo.
En el “capítulo” 67 leemos:
Aquello que sus mañas taimaba, lo
lo que en sus tardes se encaramaba, eso que
borboteaba sobre sus noches y las
mal-rimaba.
o este otro, el 78:
Nubes cretinas que destapaban el sol
cien veces por segundo: viejo truco de
carmelitas, juego sucio de mercedarios.
Pueden apreciarse las alusiones, los sentidos elípticos, los significados sugerentes, la semántica oculta. Una delicia literaria.
La novela terrígena no es, en ningún caso, una lectura fácil, no es una obra que abra sus significados a la primera lectura, sin embargo atrae, atrapa, su lenguaje funciona como un acicate y nos deja pegados a la hoja impresa, tratando de atrapar ese significado ulterior que asoma por las hendijas entreabiertas del verso.
Para los amantes de la verdadera poesía, La novela terrígena es una obra que puede llegar a ser una experiencia notable, porque posee tantos sentidos posibles en cada verso, porque el buen texto poético, el muy bueno, debe permitir tantos sentidos como sea posible y motivar tantas lecturas, relecturas y nuevas lecturas que siempre lograrán escudriñar un poco más en los vericuetos semánticos de la poesía.