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Argenis Daza GuevaraSin ninguna extensión bajo palabra

I

Reviso con angustia el polvo de mis libros. Busco un enlace con el pasado, una luz que me lleve hasta la orilla de Sin ninguna extensión bajo palabra, de Argenis Daza Guevara, editado por La Espada Rota en su Colección Estación Durable, Caracas, 2006. Me topo con Actos de magia luego de muchos intentos, de muchos estornudos. Regreso a la dedicatoria que el mismo Daza Guevara escribiera en 1964 para Fortunato Segovia, “con un abrazo de su amigo”, seguramente alguien de aquellos años quien luego dejó el poemario a la vera de un mercado persa de alguna avenida caraqueña. Así llegó a mis manos, sucio de óxido, de lluvia y sol, con las marcas de tantas manos poco diestras a la hora de asirse de la vida y de la muerte.

Esta vieja edición lleva el sello de En Haa, y fue impresa en la Tipografía Vargas el 28 de junio de 1964. Este trabajo del poeta, nacido en Tumeremo en 1939 y fallecido en caracas en 1994, apareció luego de Espadas ebrias (1959). Estamos frente a unos poemas que forman parte del olvido de este país, de este desasosiego en el cual hoy vivimos. De Actos de magia recojo esta impronta:

Enceguecido el odio,
al encuentro de un tiempo violeta
sobre el hombro de una tempestad sin sangre
no de barro y vino
tiramos el cuerpo en el hoyo de las leyendas
y todos los estandartes de guerra
se abrieron en la falda del beso.
En la mañana acechaban nuestra memoria
ya desligada de toda existencia
y apenas errante
como una brújula de piedra.
Mas sobrepuestos a sueño y polvo
elevamos la más grande vocación de amor.

Somos regentes de estas posesiones
donde a veces el mar sacude su pelo de águila
y hunde la espada del sol en ciudades de oro.
De los reinos y los ángeles
prestos a la magnificencia de único ritual,
invertimos muerte y vida
y toda razón nos asiste.

(“Las posesiones”)

Un salto, una mitigación mediterránea, dado tanto tiempo agotado: tierras separadas por las aguas de la desmemoria. La voz del poeta Argenis Daza Guevara, asistida por el zumo surrealista, acude al ser, a lo más hondo de su peregrinación interior.

 

II

Este milagro —todo buen libro de poesía lo es— encuentra lugar entre nosotros en 2006. Es decir, se trata de unos poemas que su autor nos sopla a los oídos desde su lejanía. Esta primera edición, elaborada con la misma sencillez del poeta, nos lleva por los laberintos de un hombre que no se salió de su ruta verbal. Jamás se dejó vencer por las marcas de su creencia política: sus poemas viajan por el interior del espíritu, revisan sus estrías y regresan airosos al aire que todos respiramos. De aquellos tiempos, de los años 60, no hallamos nada en las páginas de Sin ninguna extensión bajo la palabra. Y como lo señala el título, la palabra continúa el camino de sus hojas anteriores, de sus trabajos iniciales. Es una poesía cuyos adentros nos muestran la floración permanente de una sensibilidad muy especial. Poesía aérea y terrena. Poesía del tiempo y el espacio, de la infancia dibujada a trazos rápidos. De la madurez nocturna. De la angustia existencial. Del surrealismo enriquecido por el color universal de nuestra localidad interior y mundana.

En el poema “Subterfugios” advertimos algo de lo anterior:

El comienzo es la mitad de actitudes rituales
Calle invertida
brazos sin cielos de amor
ya lo profundo vuelve a no ser desolación. Constancia
si el movimiento es huida y estás en mi
turbulenta arremetida
aparte de significaciones construidas a manera de
subterfugios.
Persistencia:
Cada comienzo es la mitad
y cada actitud negación del fin en los principios.
Mientras hilan tramas conmovedoras, llenas de pasajes
siniestros, de personajes invisibles, de caballeros
asesinados sobre tableros de ajedrez, nuestra flaqueza
al descubierto, los ramos obsesivos ante el good will
de la civilización occidental como sin un perro
fuera la belleza tomorrow morning nada queda por hacer.

Un poeta cuya misión fue darle fuerza al espíritu, convertirlo en testimonio del humano ser. No se puede obviar, entonces, el significado de una obra que aún suena en los oídos de muchos que alcanzaron otros paisajes.

De la sucesión de sonidos, de la aventura de vivir entre palabras, nos dejó:

La ciudad llena de hechos.
El ritmo de los relojes como acto de muerte.
la distancia secreta fuera de un ojo mágico.
Excepto la negación propuesta.
A nada alcanza el principio ni la mitad del eje.

Se ven barcos, nombres de amor, lejos, aferrados
a cielos gigantes. Cada principio conduce a encontrar la vida
más allá del salto hacia el centro de la ingratitud
y toda pérdida, a semejanza de un descubrimiento
notable, afirma el sentido de ser el menos diestro entre
las sombras. Síntesis del ejercicio puro refleja
la conciencia sin referir ningún significado a las voces del
recuerdo. Las emanaciones luctuosas del día,
mientras cae, después de la danza, la apariencia conservada
junto a los trofeos de casa.

Si existe indicio de algo nuevo
menesteres precisos devienen en oportunidades de
guerra.

Argenis Daza Guevara no dejó de reflexionar desde la poesía. Este último libro es la mejor muestra de su enganche con el pensamiento, con esa destreza para entrar y salir de la cripta verbal. Sin embargo, la mal llamada realidad nunca dejó de estar allí, como un cancerbero. La ciudad, el hombre, el amor, sentimientos encontrados, roídos por la fuerza de la ingratitud. Algún descubrimiento, la renovación de la vida, la violencia.

Seguimos la lectura, en silencio, atando los cabos de la memoria. De Actos de magia hasta este Sin ninguna extensión bajo palabra: un canto al día que “auspicia la inclemencia” y sacude el presente con “la multitud excede el cálculo de tanta realidad imprecisa”.

He aquí entonces el milagro, la alegría de sabernos parte de esta persistencia.