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“Salomón”, de Gustvo Luis CarreraSalomón

I

Trama singular que recoge el ingenio de un personaje, mitificado y hasta convertido en factor de comportamiento de una sociedad, Salomón, de Gustavo Luis Carrera, es el relato —in extenso— de la vida azarosa de Salomón Rivas, compañero de cuentos, en un lugar preciso del mar, del Rey Salomón, protagonista de El cantar de los cantares. Con esta novela de Gustavo Luis Carrera, luego de Viaje inverso —historia donde el tiempo es el narrador, ubicuo, espía de un espíritu que se revisa constantemente, tiempo sin tiempo, desintegración de la anécdota— crea el espacio donde la oralidad es la memoria de una región universal.

 

II

(Me leo en el Quijote y en Gran Sertón: veredas. Paseo por el imaginario de la oralidad).

Salomón se aventura en el lenguaje. La imaginación en un recorrido por una biografía terrestre que en medio de tanto tránsito nos entrega este oriental de Cumaná.

Valiéndose de una combinatoria de técnicas, esta novela de Carrera cuenta la historia como si se tratara de un reportaje periodístico, pero con el aval de una voz oculta, acotada por un discurso que reafirma las historias de Salomón Rivas. Pero Salomón tiene la capacidad de darle la entonación de la tierra, de la región que habita. Esa voz vuelve, entra y sale, es una suerte de oyente que intenta organizar el torrente, los cuentos que sin concierto alguno vagan por las 350 páginas del libro. Escenas que empujan a Salomón a retomar el hilo, en un flashback recurrente.

 

III

La oralidad en nuestra novela tiene juego en algunas muestras contemporáneas, en esa otredad consciente del narrador. Es el lado entrañado de una cultura que quiere colocarse al lado de las grandes proporciones. De vieja data, la oralidad tiene fundamento en las consejas y relatos venidos de todas las culturas. Hacerla libro, o mejor dicho, que sea técnica para la elaboración de una novela, es una hermosa y persistente aventura.

La tradición oral en Venezuela, el substrato de su permanencia nos conduce a revisar lingüísticamente los códigos de su vigencia. Pero en la novelística, en la narrativa de los últimos tiempos recorre un protagonismo importante. La voz del narrador queda relegada a una espacialidad intemporal. Detrás de quien “habla” está otra palabra, en este caso, aunque enmascarada por la “confianza” del narrador dueño de la técnica, pero también este narrador comporta una categoría de personaje que atiende a los “saltos” e imprecisiones del personaje narrador de sí mismo. Los hablantes se imbrican para construir sintomáticamente el cuerpo de la historia.

 

IV

Salomón Rivas adquiere la personalidad del Rey Salomón cuando dice haber hablado con él. Entre la alucinación, la “mentira” de los “cachos” orientales, el juego de la vida y el tiempo que transcurre en un país que viaja en la palabra, Gustavo Luis Carrera “arma” un libro de excelente factura, una lectura hacia el interior de un hombre, habitante de la aventura de cualquier parte del mundo.