La gran lección de Camus fue que la rebeldía tiene límites si lesiona a otro ser humano, si se le causa daño a otro individuo y restringe, reprime o mutila su libertad, o como él lo escribió: “El revolucionario es al mismo tiempo rebelde o entonces ya no es revolucionario, sino policía y funcionario que se vuelve contra la rebelión. Pero, si es rebelde, acaba por levantarse contra la revolución”.
No es que sea ahora amante del género ni como escritora ni como lectora, aunque respete a quienes disfruten de él lo mismo que en mi adolescencia hice yo; encuentro que las historias de amor nunca acaban bien, a lo sumo, y eso en otras épocas, el amor se podía transformar en amistad o en aburrida y pacífica convivencia, y muchas veces me he dicho que de no haberse suicidado Romeo y Julieta en un romántico impulso juvenil, su maravilloso idilio hubiera concluido ahogado por la monotonía conyugal.
El agua de los pozos hace crecer las barbas y cuando se pone a hervir borbotea por horas y horas y no se evapora. Luego adquiere un sabor aun más dulce que lo emparenta con un vino que hubiese estado oculto dentro de una botija enterrada. El agua de los pozos gusta casarse con el agua de lluvia. A sus esponsales acude el rayo y las semillas de albaricoque que donan sus jugos. El agua de los pozos se torna blanquecina si dentro de ella se introduce una cuchara en el momento en que los céfiros se tiznan de cieno.
El mercado de Portobello es una calle de una docena de cuadras que bajan y suben por lo que alguna vez fue una verde colina. La primera impresión que me dio fue la de hallarme frente a un “mercado de pulgas”, esos lugares donde es posible hallar de todo un poco y en los que las curiosidades son más frecuentes que los productos convencionales. Empezando en la parte más elevada uno puede encontrar una variedad infinita de cosas. Desde una tienda de viejas máquinas de coser hasta otra donde venden planos y mapas antiguos y, entre una y otra, relojes viejos, máquinas de escribir, instrumentos musicales usados, muñecos, juguetes, implementos antiguos de golf o boxeo, miniaturas, cuadros y pinturas, ropa de pieles sintéticas y reales, alfombras, vestidos, bisutería de todas las formas y colores, zapatos, zapatillas, muebles, libros, adornos de todos los tamaños y cuanto quepa en la imaginación.
No nos queda nada de la verdad. O nunca existió. Abultada por referencias e imágenes virtuales, la sometemos a una camisa de fuerza. La utopía es una loca sacándose los piojos. Un recogelatas frente a una computadora que ha asimilado todos los emblemas postmodernos. Los personajes históricos son travestis. La memoria ha sido desechada y lanzada a un vertedero maloliente.
Es difícil describir la devastación que hemos visto por la televisión chilena, de la geografía que uno ha recorrido en la adolescencia y juventud, aquellos veranos espléndidos y tiempos memorables. La tierra sureña, el Sur, donde Chile se reparte entre el mar, su gente y los sueños que siempre superarán a los propios sueños.
Después de meses de suspirar en la ventana, una noche la princesa desapareció. Se deshizo en suspiros. Aunque la vieron con un hombre en el puerto, en la corte todavía se aferran a la versión de los suspiros.
Como corresponde a un artista y pensador que constantemente merodeaba el tema de la muerte, Bergman tuvo siempre muy presente la suya propia. Ya en el año 1995, el cineasta sueco escribió su testamento, legalmente certificado por dos testigos: toda su herencia: sus propiedades, sus muebles y objetos privados, los archivos con todo el material cinematográfico; todo debería subastarse al mejor postor. El dinero acumulado se repartiría luego, por partes iguales, entre sus nueve hijos. Como él mismo lo expresaría, “sin peleas, sin discusiones, sin sentimentalismos”. Nada para sus ex mujeres, sus demás familiares, ni para los amigos. Todo debería venderse y pasar sin intermediarios a manos de los hijos.
La Fundación Futuro, a través de la Revista Ventanal, dio a conocer los resultados de la encuesta Lo Mejor de Chile, donde se buscaba reconocer las cosas maravillosas que tiene nuestro país, haciendo un alto en los problemas, el estrés y las preocupaciones diarias. Diez mil personas eligieron los patrimonios culturales chilenos.