Carlos Zerpa y el furor del kitsch
La trayectoria artística de Carlos Zerpa ha mantenido una coherencia arrebatada, desde sus inicios hasta el presente. En ningún momento su obra ha perdido un ápice de ingenio, frescura y esa irreductible capacidad hostigadora que la caracteriza. Mi valoración por su trabajo estuvo signada, durante bastante tiempo, por innumerables prejuicios. Lo tenía recuadrado como un impostor, un hortera sifrino de clase media con veleidades de artista contestatario y contracultural. A pesar de dicha miopía traté de no perder la huella a sus intervenciones en el acontecer plástico nacional.
La propuesta artística de Zerpa explota con creativo acierto el mal gusto, la crítica corrosiva y la obra como un puzzle sin entrecomillados ismos. Su propuesta conceptual, para nada complaciente, busca estremecer al espectador en sus gustos de pedrería falsa. El kitsch, el mal gusto, lo orillero, lo camp tiende a mineralizar el gusto y la sensibilidad sobre objetos cotidianos, películas, melodías, cantantes, etc., que se quedan en la medianía más aparatosa. Lo kitsch en la vida mundana y silvestre es el resultado de una sensibilidad perezosa, de una manera indolente de percibir el mundo en términos de estilo. Zerpa explora las posibilidades estéticas del kitsch y crea obras que dejan al descubierto esa forma peculiar de entender la vida. Lo kitsch es una actitud neutra ante la existencia. Por ese motivo el arte retoma esa visión despolitizada para convertirla en una premisa que toma partido y deja cualquier ambigüedad de lado, enfrentando así al espectador con sus falsos destellos sensibleros.
Carlos Zerpa es pintor, escultor y un artista no convencional que filma películas, realiza uno que otro performance e interviene los espacios. Sus obras apelan a todos los formatos del arte actual; haciendo hincapié en lo cursi, el mal gusto, el fetichismo de la religiosidad popular y en ese sincretismo cultural de colores chillones donde se mezcla lo indígena con Disneylandia. Es una obra abierta a muchas lecturas, para nada novedosa, pero sí corrosiva y con un fulgor rechinante que busca situar al espectador ante la obra de arte como un hallazgo y una premisa en cual se dejan al desnudo las taras de un mundo barnizado de “normalidad” pintoresca y ordinariez a gran escala.
Cursó estudios de diseño visual en el Instituto Politécnico de Milán (1974-76), serigrafía y fotografía en la Escuela Cova de Milán (1976-77) y diseño artesanal en el Instituto de Expresión Colombiano (Bogotá, 1977). En 1970 participa en su primera muestra colectiva en la Segunda Muestra de Pintores Jóvenes, Rotary Club (Valencia).
En la plaza de la Urbanización “Los Sauces” (Festival Juntemos las Manos) presenta, para el año 1978, el performance Señores y señoras, buenas noches; así como las películas en súper 8 Orda Indiana, Efectos, 12 minutos y Film blanco. De ese mismo año data su obra postal La carpeta, un sobre contentivo de dibujos y fotocopias.
Para el año 1979, en la Sala del Ateneo de Valencia, presenta el video-performance Yo soy la patria. En el año 1980 inaugura su exposición “Cada cual con su propio santo” (Teatro de La Campana). La muestra es una radiografía despiadada sobre el santoral criollo. José Gregorio Hernández, La Última Cena, la Virgen María y otros santos sirven de leitmotiv a Zerpa para desnudar, con ironía, nuestros gazapos religiosos, nuestros altares caseros atiborrados de santos de yeso y estampitas. Para ello se vale del dibujo, el collage, la fotografía, la fotocopia, la pintura y la escultura. La exposición se exhibe después en la Casa de la Cultura de Maracay y a los pocos días es clausurada por petición de las autoridades eclesiásticas, que consideran la muestra una burla insolente a la religiosidad popular. Su performance Welcome Ms. Nation se presenta en el XV Avant Gard Festival Charlotte Moorman de Nueva York. Para el año 1981 participa en bienales internacionales de arte como la XVI Bienal de Sao Paulo y la IV Bienal de Medellín en Colombia.
Radicado en Estados Unidos, cursa estudios de técnicas gráficas en el Arts Student League en Nueva York. En 1985 exhibe sus nuevos trabajos en una exposición titulada “Grrr” en el Museo de Bellas Artes. Esta muestra subraya sus propuestas estéticas anteriores. Esta vez la violencia le sirve como referencia para patentizar ese mundo desgarrado de la calle. La muestra conjuga cuchillos, navajas, antijoyas, dibujos, esculturas, instalaciones y ensamblajes donde la violencia gratuita y sin sentido tiene la palabra. En la obra de Zerpa la originalidad pierde relevancia para dar paso a referencias plásticas en boga, o que han marcado algún hito. No desaprovecha nada y todo adquiere en su trabajo una revaloración inusitada. Los simples cuchillos de cocina, de ser objetos comunes y cotidianos, se trasmutan en una ala desplegada. Las balas se trasforman en una calavera. Las antijoyas llevan implícitas esa ferocidad de implacable belleza que al marqués de Sade sin duda habría fascinado. Los santos populares ya no tienen esa majestad mística y son sólo sátiras gráficas, viñetas, collages humorísticos. Sus instalaciones y performances exploran el patrioterismo subalterno, con bandera incluida, el juego, lo superficial y lo cursi en su estado más grave o irrisorio. Sus esculturas se ensamblan a partir de objetos cotidianos (una silla, un gabinete, una mesa) donde confluyen objetos diferentes hasta crear una escultura barroca, recargada de una simbología lírica que más que decorar el espacio lo llena de imaginación desbordada.
Otras veces el performance es una indagación sencilla del entorno. Un ejemplo de ello es el performance Bunny and Bear. Marrón grande en Caracas. (1996). Zerpa explica: “El 29 de junio de 1996 llegó a Caracas el maestro de ceremonias, Sean Gibbons, trayéndonos desde los Estados Unidos de Norteamérica los vestuarios (a formal wear) del proyecto de arte conceptual, de la artista norteamericana Suzanne Ragann Lentz, titulado ‘Animal Crackers’. La idea estaba en darnos el vestuario diseñado por ella para que realizáramos un performance y esculturas vivientes de lo que luego se llamaría Bunny and Bear. Marrón grande en Caracas. Performance. Un traje acolchado color rosado de conejo (Bunny), que endosaría María Eugenia Gil, y un traje acolchado de color azul de oso (Bear) que endosaría Carlos Zerpa. Nos vestiríamos con estos trajes y nos dirigiríamos a un café de la urbanización Las Mercedes en Caracas, como dos parroquianos más, a pedir y degustar un café muy oscuro con leche que aquí llamamos ‘marrón grande’. La idea era que se tomaran fotografías del performance, las cuales serían remitidas a Suzanne Ragann Lentz, quien las seleccionaría y las ampliaría a tamaño natural y las mostraría junto con los trajes originales utilizados en el performance A formal wear for Bunny and Bear y también al lado de otras fotografías de parejas invitadas alrededor del mundo, que endosaron también estos trajes e hicieron sus acciones de tomarse una taza de café en otros lugares distantes (Vietnam, París, Nueva York, Roma, Chicago, Río de Janeiro, Miami, etc.).Fue una acción muy sencilla, nos vestimos como ‘el osito azul y el conejito rosado’ salimos juntos y tomados de la mano de la Galería de Arte Euroamericana
y atravesamos la calle, nos dirigimos a un café restaurante llamado El Tajín, en la urbanización Las Mercedes de Caracas... Nos sentamos en una mesa de la terraza y pedimos primero dos bloody marys, pero que en vez de tener apio o celery tuviesen zanahorias, hablamos con el mesonero y con el dueño del restaurante; la gente se agrupaba para vernos y entraba al lugar, hicimos pulsos, reímos, nos tomamos los tragos, nos comimos las zanahorias, consultamos el menú y pedimos ‘dos marrones grandes’... Le pusimos azúcar, degustamos el café, pagamos la cuenta y la gente maravillada se agrupaba para vernos mientras salíamos del lugar, haciendo que el tráfico automotriz se detuviese... Entramos al lugar de donde salimos y dimos por finalizada la acción... that’s all folks!”.
Sobre el panorama actual de la cultura en el país Zerpa ha dicho: “La cultura en Venezuela siempre ocupó la última gaveta del mueble. Hoy en día ni siquiera ocupa la última gaveta. Ni siquiera está debajo del mueble. Sencillamente no está. A mí me da risa cuando se habla del cierre de los museos porque no hay dinero. El problema va más allá del dinero. Aun si dieran todo el dinero que necesitan los museos, el engranaje cultural no funcionaría. Y es que vivimos en días de negación total. Hay amigos míos muy inteligentes, amigos que respeto, un respeto que por cierto voy perdiéndoles a pasos agigantados, que están como hipnotizados por esta mal llamada revolución cultural. Son personas que están aferrados a sus cargos, mendigando limosnas para mantener abiertas las puertas de los museos”.
A pesar de este desolador panorama cultural, Carlos Zerpa prosigue sus pesquisas estéticas. Su trabajo constante le ha permitido un lugar prominente en el acontecer estético del país y, aunque el reconocimiento de su trabajo le tiene sin cuidado, sabe a la perfección que la obra, a fin de cuentas, y la respuesta del público, siempre tendrán la última palabra, y no el jefe cultural de turno.
El artista en la actualidad trata de convertir la calle en su mejor estilo. Necesita beber de la vida para estructurar una obra abierta y despierta que no dé tregua al espectador. Una obra que sea una síntesis de lo visto en el arte, pero que al mismo tiempo sea un descubrimiento novedoso y actual. La obra de arte en la actualidad es más tiempo que estética novedosa, es más imaginación creadora que academia. Zerpa ha tratado con su obra de llegar al hueso de un lirismo vivo donde resuena la metáfora de la calle, ha tratado de hacer de la obra un argot del juego y para ello se ha dado una vuelta por los vertederos de basura de la vida buscando los elementos para elaborar su obra, para reciclarlo todo y descubrir la metáfora caliente y falaz de este mundo desechable, de este mundo apuntalado en esquemáticos pudores y cándidas creencias. Zerpa sabe que el mal gusto es una innegable lírica cuando se asume como un juego estético, como un saber irónico sobre esa vida decorada con la escenografía de un teatro pobre de provincia, como un furor imaginativo, barroco, redundante y de colores chillones.
Señora Patria, sea usted bienvenida
Performance Art
Carlos Zerpa y Yohami Zerpa
Festival Juntemos las Manos
Plaza de la urbanización Los Sauces
Valencia, Venezuela.
Video Performance
Carlos Zerpa
Video: Margarita D’Amico, Luis Goncalves y Alejandro Kira.
Muestra de Video del Festival de Caracas
Universidad Central de Venezuela.
Caracas, Venezuela; 1979.
La alienación de un individuo, su lucha por el poder, su amor desmedido por el dinero... acciones repetidas hasta la náusea y sin sentido, un falso honor a la patria y una fuerte esclavitud por el tiempo.
Trabajo con símbolos y acciones, expresando la alienación del hombre actual, sus ansias de poder, como la TV y el tiempo medido por un reloj, lo van envolviendo hasta hacerlo su esclavo, muestra el trabajo sin sentido, el no saber qué hacer, repitiendo siempre el mismo acto... angustioso, pero para no llegar a nada, el falso patriotismo, el fetichismo... culminando con la ascensión de este hombre al poder desde donde calla a todos con una lluvia de monedas, con una tormenta de dinero... pan y circo, pan y circo.
La calle es dura... allá afuera la ciudad tiene afilados colmillos.
ZZ
Era aún temprano y ya había izado su bandera... comenzó entonces a levantarse lentamente así como lo hacen los gatos, miró la hora en sus relojes, esa hora que por los tiempos de los tiempos le guiaba, esos relojes que le martillaban la hora en la cabeza y lo llenaban poco a poco con su tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic.
Se levantó lentamente y quiso hacer algo para justificar su vida ante el dios dinero y como trabajo escogió el sacerdocio de la posesión, esa acción la prolongó y la hizo perdurar durante mucho tiempo, la prolongaba con sacrificio porque pensaba que sólo así podría lograr lo que tanto anhelaba, “el lugar prometido... la tierra prometida”, así que alzó su mano derecha y puso la izquierda sobre su corazón y se juramentó, y escogió como consejeros espirituales a los que se meten en las casas a través de la pantalla luminosa, y a ellos adoraba, seguía, rendía culto y pleitesía, sobre todo les obedecía ciegamente y les invocaba al comenzar el ritual girando un botón... a ellos se ofrecía a sí mismo como “ofrenda viva”.
Él selló su boca con adhesivo adherido, para no hablar cosas prohibidas y para hacer que fuesen ellos quienes hablaran a través de él, abrió sus ojos desmesuradamente y de una manera extraña, para que ellos vieran el mundo a través de él, y despojándose de su mísera personalidad se dio por entero como instrumento para la obra de esos seres, ya no siendo más él, sino ellos que vivían a través de él.
Despojó su mente y no dejó nada de él y día a día repetía una frase dada y salmodiaba su mantra: “Money, money sbaja money saca muna yes... sbaja oof! money, money sbaja money saca muna yes... sbaja oof!”.
Él solo ahí mutilado, solo, adoctrinado para que a como diera lugar sólo se planteara una lucha de competencias, para utilizar a sus semejantes como peldaños de una escalera que sólo conduce al éxito, a la fama, al poder, cada vez más alto, más alto... trepando en su auto pedestal en un yo, yo YO, YO profundo (que no era un tal YO sino “ellos”).
Trepando llegó a la cima y protegido por una banda que le cruzaba el pecho, por una cinta-bandera, un traje lujoso, un rito y una acción sin sentido, da un grito a viva voz y dice: “Yo soy el que soy el que había que venir y del que hablaron los profetas”, deificándose a sí mismo y proclamándose maestro de todos los tiempos, recogió seguidores y discípulos regalando consignas prefabricadas, regalando limosnas, regalando dinero... 500 centavos y 500 papeles.
Luego abrió las puertas de su casa-templo y se dirigió a la muchedumbre que lo rodeaba para escuchar su mensaje, su camino, verdad y vida... les habló con la dulce voz que acostumbran utilizar las fieras disfrazadas de palomas, y les dijo: “la realidad es una... que ustedes están en mí como yo estoy en quienes me envían, bienvenidos a esta su casa, dejen su YO afuera... señora Patria, sea usted bienvenida... señores y señoras, buenas noches...”, mientras masticaba suavemente una de las monedas.
Mete sus manos en el bolsillo y lanza al aire una lluvia de centavos de cobre...
Los adultos y los niños, se apresuran cual “piñata” a recoger los centavos del piso.
El performance ha terminado.
Emerge como un “Ángel Furioso”
Luis Manzo
Caracas, 1979
Patria... patria... patria... así hasta el infinito, con dolores y llantos, risas y burlas.
Señora Patria, existe tan sólo en los libros de primaria, en el culto a la bandera o en el “Gloria al bravo pueblo” de pie, firmes hasta el aburrimiento.
El gran culto fetichista, la imposición sistemática de valores patrios, sólo sostenidos por una constitucionalidad incongruente, hacen juego con las estampitas de José Gregorio Hernández y la Virgen de Coromoto y ese culto a los muertos tan profundamente arraigado en nuestro pueblo.
Carlos Zerpa se juega el pellejo y él lo sabe, convencido de que, en definitiva, la patria somos todos (Yo soy la patria), y de que este rito idolátrico e insustancial tiene cabida sólo por las ansias desmedidas de poder, de posesión, de ser incuestionablemente los más poderosos.
Claramente el trabajo de Carlos Zerpa es político, ya que él asume de plano aquello de que la patria está en cada uno, pues cada cual está afectado por lo que acontece.
Maneja los símbolos tratando (y definitivamente lográndolo) de expresar la castración del hombre, su desmesurada ansias de poder, su atesoramiento del tiempo y del dinero, su triste esclavitud, su no saber qué hacer, pero seguir haciendo hasta llegar al grito de angustia, cuando es ya demasiado tarde y tan sólo queda una salida: callar, amordazado y ciego con una sola idea fija: poseer más y más.
Señor dinero... Patria... patria... patria... así hasta el infinito, con dolores y llantos, risas y burlas...
Entonces encendió los tubos y de la gran caja el maestro de los maestros le enseñó el camino a seguir, le enseñó con detalle las acciones, pero cuando en un momento de lucidez intentó decir algo, el gran maestro habló: “tú debes hacer... NO pensar... y así hasta el fin de tus días...”.
Estamos ante un trabajo conmovedor, sólido conceptualmente y válido desde el punto de vista de creación, no hay transacciones fáciles, tampoco histerismo panfletario, al contrario hay una dureza que va muy junta con la pureza, con la emoción, con la necesidad de estar unidos por las fuerzas irreductibles, por acciones valientes, por amor e igualdad.
Carlos Zerpa emerge como un “Ángel Furioso” cargado de amor hacia el hombre, su circunstancia, hacia la tierra.
El rito que hoy presenciamos es algo más que eso. Es el grito profundo del hombre por encontrar definitivamente esa grieta que lo lleve a la luz y a la comprensión. “Señora Patria, sea usted bienvenida... Señores y señoras, buenas noches...”.
El video
Señora Patria, sea usted bienvenida
Carlos Zerpa
Video: Margarita D’Amico, Luis Goncalves y Alejandro Kira.
Muestra de Video del Festival de Caracas
Universidad Central de Venezuela.
Caracas, Venezuela; 1979
El sonido que se escucha desde el comienzo al final es un repetirse de la palabra PATRIA (patria, patria, patria, patria...).
La cámara toma al performer a medio cuerpo.
Está sin camisa y delante de él hay una mesa.
Sus dos manos descansan sobre un reloj de alarma que marca las 12.
Quita lentamente sus manos del reloj.
Toma un cilindro de plexiglás transparente y lo pone sobre el reloj despertador, quedando éste adentro.
Coloca al lado del cilindro una campana hindú.
Mete una imagen sobre papel, un cromo popular de Simón Bolívar entre el cilindro y el reloj.
De una caja pequeña de madera, saca lentamente una cinta con la bandera de Venezuela.
La deja caer desordenadamente dentro del cilindro y encima del reloj.
De otra caja pequeña de madera, saca lentamente una cinta más gruesa con la bandera de Venezuela.
La deja caer también desordenadamente dentro del cilindro y encima del reloj.
La cámara toma libremente las cintas al caer, el reloj y el cilindro.
Toda esta acción dura 20 minutos.
Mete entonces el Performer su mano derecha en el cilindro y extrae las banderas liberando el espacio interno.
Solo queda la imagen de Bolívar y en primer plano la imagen del reloj que marca ya las 12 y 25 minutos.
Mete dentro del cilindro una bandera enorme de Venezuela y de inmediato la saca.
Saca del cilindro la imagen de Simón Bolívar y la sustituye por una del Sagrado Corazón de Jesús.
Al cumplirse los 25 minutos caen sobre el reloj y dentro del cilindro cientos de monedas de un bolívar, cubriendo y llenando todo el espacio.
La cámara muestra la lluvia de monedas y luego congela el cilindro lleno de monedas.
Close up congelado de las monedas.
Opinión
Nuestro violento Carlos Zerpa utilizó de nuevo nuestros cánones religiosos y políticos para echárnoslos en cara en sus performances “Patriamorfosis” y “Señora Patria, sea usted bienvenida”.
Marco Antonio Ettedgui