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Soneto Francisco Gavidia
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¡Cómo el ardor del entusiasmo engaña! Y tú, soñando, con audacia loca, Intentabas salvar de roca en roca, La sobria altitud de esa montaña...
Aquí el súbito escarpe, allí la huraña,
Y bien, si es la verdad; sépalo el mundo;
Noche en tu frente; en tus entrañas, fríos,
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