Arcas
Los manantiales brotaban desde el fondo del mar
y las compuertas del cielo se abrían.
El arca era de madera de ciprés
y estaba calafateada con brea
por dentro y por fuera. Las aguas crecían
mucho sobre la tierra, cubrían
los montes más altos; y en el arca
ellos se abrazaban entre bestias puras
e impuras, entre cestas con carne
de pez y de cordero, frutas y panes.
Y la piedra aún limpia de sangre,
la respiración innumerable, la paloma
y el cuervo dormidos en sus jaulas,
cenizas últimas de un mundo
junto a las que ellos se acostaban, temblando.
Larga espera por el alba y los caminos.
Afuera la lluvia no encontraba reposo.