Como Baldanders1
Se abrazan y mientras lo hacen
adquieren las formas de un roble,
de un prado cubierto de trébol,
de estiércol, de una flor, de una rama florida,
de una morera, de un tapiz de seda,
de muchas otras cosas y seres,
y luego, nuevamente, y por un instante,
de un hombre y una mujer.
Cuando parece que se tienen, que se conocen,
ya son diferentes, ya son otros.
El amor, como Baldanders, es un monstruo sucesivo.