Contra Hesíodo
Un hombre no debe lavar su piel con agua
que utilizó una mujer; aunque temporario
le sobreviene un
castigo miserable.
Los trabajos y los días.
Lavo con tu agua mis muslos y mis manos.
Breve mar blanco y denso:
el agua se hace alta al cabo de tu cuerpo,
un poco antes de la noche,
entre un pez sin ojos que volaba
y otro, de ojos rojos, que aguarda.
Y no toda sentencia es verdad.