Jorge Luis Borges Borges y Cortázar: tan lejos y tan cerca

Laura Pintos

El 24 y el 26 de este mes, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar cumplirían 100 y 85 años, respectivamente. Si bien tuvieron posturas casi enfrentadas en el terreno literario y en política, sus vidas registran ciertas similitudes que los unen más allá de compartir la particularidad de ser los dos escritores argentinos más reconocidos en el mundo.

Jorge Luis Borges nació el 24 de agosto de 1899 en la ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Palermo, donde transcurrió su infancia. En 1914 viajó con su familia a Europa para instalarse en Ginebra, Suiza. El 26 de agosto de ese mismo año, nació a unos kilómetros de allí, en Bruselas, Bélgica, Julio Cortázar, cuyo padre era funcionario consular. Los dos regresaron a Argentina y siempre —a pesar de su formación europea y de nuevas residencias fuera del país— se presentaron como argentinos y se sintieron como tales.

Borges heredó de su padre Guillermo, abogado y profesor, la ceguera progresiva y el gusto por los clásicos anglosajones, y de su madre, Leonor, quien lo acompañó hasta su muerte, antepasados como Laprida, Soler y otras figuras de renombre de la historia argentina. Cortázar tuvo como único y lejano pariente famoso a Ernesto "Che" Guevara, su primo noveno, y durante muchos años fue profesor en escuelas secundarias del interior del país y luego traductor. Borges, en tanto, integró el selecto grupo de Proa y otras revistas porteñas y fue bibliotecario municipal.

En 1951 Cortázar se radicó en París, casi simultáneamente con la aparición en Buenos Aires de su primer libro de cuentos, Bestiario. Nunca más vivió en Argentina y 30 años después adquirió la nacionalidad francesa, pero desde el Viejo Continente miraba permanentemente lo que sucedía en su país. Se convirtió en un militante de los derechos humanos y en un admirador de las revoluciones ocurridas en América, especialmente en Cuba y Nicaragua.

Borges se quedó en el país a pesar de declararse antiperonista y varias versiones afirman que apoyó a la dictadura militar, aunque él dijo, mucho después, que en realidad no supo ver qué estaba pasando en Argentina. Entre 1955 y 1973 fue director de la Biblioteca Nacional.

La ensayista Beatriz Sarlo explica la brecha que había entre las dos posturas políticas al decir que "durante años, muchos en la izquierda argentina pensamos que Borges era un caso incómodo: gran escritor lejano de los problemas ideológicos que nos interesaban".

La obra de Borges fue descubierta por sus compatriotas sólo después de mayo de 1961, cuando el premio Formentor, concedido por el Congreso Internacional de Escritores, difundió su nombre en los medios masivos. En esos años también comenzó a conocerse ampliamente a Cortázar, quien se sumó al "boom" de la novela latinoamericana de los '60 luego de publicar, en 1963, "Rayuela", con la que rompió con las formas tradicionales del género e intentó una renovación y una revolución del lenguaje. Borges y Cortázar tenían diferentes estilos pero compartían esa preocupación por las palabras; el primero buscando la precisión del idioma, el segundo ampliando su alcance.

El autor de Ficciones, de presencia formal y gustos austeros, afirmaba que había nacido para la literatura y que no imaginaba otro oficio que el de escritor. Cortázar, en cambio, amaba a los gatos, el mate y la música, especialmente el jazz y a Charlie Parker. "Si pudiera elegir entre música y literatura elegiría la música; si alguna cosa lamento es no haber sido músico", confesó el hombre con eterna cara de niño y cuerpo de gigante.

Tuvieron varios amores, pero parecieron haber encontrado la felicidad en sus últimos años: Borges con María Kodama, su joven discípula y asistente, y Cortázar con la escritora canadiense Carol Dunlop, a quien le llevaba varios años de ventaja, a pesar de lo cual ella falleció un año y medio antes que él.

Los dos escritores —ignorados por el Premio Nobel— eligieron volver al suelo europeo que los había cobijado en su juventud para morir. Cortázar fue vencido por la leucemia el 12 de febrero de 1984, a los 69 años, y sus restos descansan en París, junto a su mujer. En esa ocasión, Borges dijo de él: "fue un excelente escritor. Los cuentos que tiene son excelentes y la fama que lo acompañó la tiene bien merecida". El autor de "El Aleph" además reveló un lazo olvidado entre ambos: "hace muchos años, cuando Cortázar era aún desconocido, publiqué un cuento suyo en la revista ‘Anales de Buenos Aires’ y lo ilustró mi hermana, Norah".

Borges emprendió el viaje hacia Suiza y hacia la muerte en 1986. El 14 de junio, un mes después de casarse con Kodama, falleció y comenzó la leyenda y la disputa por sus derechos de autor y por la publicación de obras que el escritor había destinado al cesto de basura.

Sin embargo, todas estas cuestiones son anecdóticas, son detalles biográficos que coinciden o se oponen por obra del azar o del destino. Los libros que dejaron Borges y Cortázar prescinden de su autor, han pasado a formar parte del patrimonio literario argentino, hacen su propio camino como los hijos al crecer. Son los únicos hijos que eligieron tener el escritor del bastón y el del saxo.