Reconvenciones del cuervo a sus críticos

Nos calumnian desde Esopo
o antes.
Falsamente, Noé
dice que no volvimos a su muladar.
Comentan que empollamos en nido ajeno,
que somos hábiles ladrones
o necios y vanidosos
embaucados por la zorra.
Y les advierten a los niños
no acercarse
como si confundiéramos sus ojos con las joyas.

Olvidan
nuestra piedad por los ascetas,
que Odín nos permite
la montaña de sus hombros,
que nunca más, repetimos
El descrédito nos lanza piedras:

Está la estampa de uno de nosotros
trepada irreverente al cráneo
de quien nos reconvino con su juicio.
Somos las urracas —dicen—
hermanas de las brujas,
que sin paciencia nos mecemos
en la misma soga de los ahorcados.
¡Krauh!, Tiresías nos adora;
él mismo es un cuervo
graznando sus vaticinios.

Qué sería del alba sin la noche,
qué de aquéllos a quienes la poesía
sacará los ojos.