Una larga metáfora

De pantalones cortos,
un niño languirucho
corre por los renglones
de su cuaderno.
Torvo su paraíso,
subió a la cruz
con una esponja
de amarga hiel
y la acercó a los labios
del Nazareno.
Corvo, amó la hilacha
de sus días de oro
y los fue desenredando
del sueño a la palabra.
Una mano es un pico,
un pico es una pluma.
Y los renglones donde el niño
languirucho salta,
vibran con los versos
o las huellas furtivas
de su agria memoria.
La anterior es una metáfora,
una larga metáfora
para llamarme cuervo.