Epílogo

El primero de septiembre de 1939 el ejército alemán invadió y ocupó Polonia. Al saber la noticia pocos franceses le dieron importancia. Papá era entonces un hombre rico, vivíamos en París y la familia poseía una fábrica de perfumes que exportaba a gran escala.

Pese a toda su riqueza se preocupó, siempre supo que Francia sería un objetivo alemán en el avance de su guerra expansiva en Europa. Cuando vendió todas sus acciones en la fábrica lo llamaron exagerado y loco. A pesar de todo retiró el dinero que tenía en los bancos, pagó sus cuentas, liquidó sus envíos y guardó el efectivo en la casa. Habló con parientes y vecinos y preparó todo en caso de una posible huida.

El diez de mayo de 1940, cuando yo tenía cinco años, Alemania invadió Francia y todo el país se transformó cayendo en un profundo caos. El 14 de junio de ese año el ejército alemán desfiló por las calles de París, yo lo vi desde el jardín de mi casa.

El 22 de junio el gobierno francés capituló, dividiendo al país en dos mitades; al norte el gobierno alemán, al sur el gobierno colaboracionista de Vichy, al mando de Pétain. Sin embargo se consolidó una resistencia civil y militar en contra de Alemania.

En el exterior, desde Londres, al mando del general De Gaulle, se creó un ejército de resistencia militar, que fue reconocido legítimamente por otros países en 1942. Y en el interior se creó un ejército de resistencia civil, en el que muy pronto nos vimos involucrados voluntaria o involuntariamente aquellos que íbamos huyendo.

En 1942, cuando estaba por cumplir mis ocho años, Alemania ocupó toda la Francia metropolitana. Se intensificó entonces la relación entre el gobierno colaboracionista francés y el ejército alemán, y a partir de aquel momento la policía francesa ayudó a los alemanes a detener a los judíos y enviarlos a campos de concentración donde sólo sobrevivió el 3% de ellos. Entre los detenidos se encontraron mis abuelos.

Durante los siguientes dos años se intensificaron las acciones del ejército de resistencia, tanto el militar en el exterior como el civil en el interior de nuestro país. Hasta que el 6 de junio de 1944 tropas aliadas estadounidenses, inglesas, belgas, holandesas y francesas desembarcaron en las playas de Normandía, atacando al ejército alemán por sorpresa. Mientras, el ejército de resistencia (donde venían mis padres) avanzó desde el Sur, cerca de Marsella. Y el ejército ruso avanzaba desde el oeste.

Finalmente, el 25 de agosto de 1944, cuando yo contaba con nueve años, el ejército aliado llegó a París, donde hubo alegría, desfiles y abrazos. En septiembre volvieron nuestros padres.

Habíamos perdido todo, la casa, el dinero, gran parte de nuestra familia, las inversiones de papá, su fábrica y sus negocios de exportación. Pero papá jamás se quejó, comenzamos de nuevo a vivir como una familia y poco a poco reunimos nuevamente a los parientes que habíamos creído perdidos.

Las hostilidades terminaron en 1945, cuando yo ya había cumplido los 10 años. El país quedó desolado, miles de kilómetros de campo destruidos, innumerables pueblos y ciudades bombardeados, carecíamos de agricultura y ganado, pero sobre todo el saldo pagado en vidas humanas aún hoy no puede contarse.