más de la Filosofía

Schopenhauer asegura que consiste en reflejar universal y límpidamente la moral del mundo y habilitar sus decretos en conceptos permanentes, Morris la define como organización sistemática que comprende las creencias cardinales, y Adorno percibe en la filosofía el intento de sopesar lo sopesable desde el ángulo de la futura redención. ¿Qué supone real?, lo perfecto, estable, estructurado, racional y cierto, ¿y apariencia?, lo imperfecto, inestable, desestructurado, irracional y falso, ¿el sofisma legendario?, los repetidos empeños de eludir el derecho de unos adversarios así. Pitágoras comparaba la vida con las fiestas de Olimpia, adonde los comerciantes acuden por cuestiones de negocios, los jóvenes por el placer de divertirse y los desocupados por curiosear lo que ocurra; de los filósofos, Tertuliano escribía que "los filósofos son los patriarcas de los herejes", ¿acaso no refutan los valores, no encadenan el papel de la autoridad a sus circunstancias temporales?

Fries establece que el camino hacia la verdad pasa por ceñir su fuste a los elementos subjetivos extraídos por la observación de uno; no, no poseemos más órganos de investigación filosófica que la extrospección y la introspección, ¿no llaman la atención los fulgurantes mensajes del profeta frente a las calmas disertaciones del filósofo? De semejante disposición, el filósofo construye su filosofía, no crea, sólo coloca ante nosotros lo infinito en lo finito —jamás lo finito en lo infinito—, sostiene lo que ya admitíamos, ni explica ni deduce nada, masculla quizá paradojas, nunca paralogismos, impone su disciplina en las evidencias que descubren; del trato con tamaños eslabones ¿no saca de provecho una militante apropiación de la tradición?, con las más altas sombras de los palacios de la memoria mantiene una relación apasionada que durará hasta la muerte: lo dijo Fichte, "no somos los legisladores, sino los historiógrafos del espíritu humano".

Recordamos de Gramsci que "se puede imaginar un entomólogo especialista, sin que todos los hombres sean entomólogos... pero no se puede pensar en ningún hombre que no sea también un filósofo, que no piense; porque precisamente, pensar es una cosa del hombre como tal". De Pascal aprendimos que el pensamiento constituye la dignidad específica de la persona, después asimilamos que pensar en lugar de los demás ensancha la manera de pensar, ¿no crecemos entonces por encima de las condiciones concretas?, con Feuerbach concluimos que quien piensa lo interminable piensa y afirma la interminabilidad de la potencia del pensamiento, ¿no lo sitúa más allá del Cosmos? Y ¿qué significa pensar?, ¿un engarce y agregado de nombres soldados con la palabra es ?, no y no, señor Hobbes, en Platón "es un discurso que el alma hace por sí consigo misma, en torno a los objetos que examina. Me parece que cuando el alma piensa no hace más que dialogar consigo misma, interrogándose y contestándose, asintiendo y negando". Auscultemos el pensamiento en movimiento de Schleiermacher, que considera la combinación de un pensamiento dado con más pensamientos dados —eurística— y la reducción de una multiplicidad a unidad —arquitectónica.

¿Quiénes filosofan?, los que procuran satisfacer sus yoeidades con viejas insatisfacciones e inquietudes: quemando la escoria de su carnalidad inferior en el ardor de los sueños más arriesgados, respetando la huella que dejan, discutiendo, analizando, sacudiendo, eligiendo, organizando, promoviendo el aliento favorable que imprime a su atmósfera, ¿al menos no tiran de la filosofía espontánea presente en el lenguaje, en la base del sentido común, en la religión popular? Avanzamos enzarzados en un esfuerzo gradual que pretende abarcar la totalidad de los aspectos dentro de un conjunto coherente de armonía, ¿los más importantes no llegan a menudo de puntillas?, luego se repliegan sobre ellos, adquieren un espesor característico, desarrollan una cronología, leyes y una integridad muy suyas. Si los que demandan pruebas indiscutibles para solventar sus indecisiones acaban confesando serios fracasos ¿por qué andan en constante exposición a las amenazas más oscuras?, los protagonistas del intelecto informan de la única ciencia que produce conocimiento y que ilustra cómo utilizarlo en su beneficio: exclusivamente en la filosofía, el acometer coincide con explotar lo que acometemos, ¿no atinaba Séneca con que "la filosofía enseña a obrar, no a hablar"?, armado de una saludable tolerancia, el postrer enunciado, ¿no cabría entero en una página en blanco?

En el fragor de la reflexión autoconsciente comenzamos a saber que sabe algo del saber de los saberes, ¿la doctrina del orden no corresponde a los capítulos del principio?; en los siguientes organizamos críticamente las aserciones de hecho, estimaciones de idoneidad, prescripciones de conducta de la cultura. Preguntemos a los que redactan libros acerca de la finalidad de la filosofía ¿progresan tropezando?: por blandir aproximaciones particulares contra los extremos y las estrecheces que apremian por cualquier flanco, por desafiar las medias tintas, por romper con los compartimentos estancos y conectar contenidos en una generalidad más amplia bajo un estado de correlatividad recíproca, gozan de una expansión libre de la visión del orbe y de la existencia que colma las exigencias del cerebro y las urgencias del corazón —la fuga precipitada de sus limitaciones dibuja una lucha dramática por la independencia más que un auténtico ahondamiento de sus raíces. Aristóteles considera que la filosofía encauza la pura contemplación de lo necesario, Wittgenstein aprecia su norte en una clarificación lógica que de otro modo notaríamos turbia y confusa. Probablemente, a través de la elaboración de un proyecto trascendente recuperemos la licencia de planear y ejercitar una función terapéutica, despejemos dudas, adivinanzas, perplejidades y desconciertos, ¿representa la filosofía el aire que la teología respira?, ¿no asevera Gioberti que "Dios es, en sentido riguroso, el primer filósofo"?