del Lenguaje

La escritura parece no representar la objetividad que refleja, la partitura tampoco parece representar la música... ¿Y el lenguaje?, difunde y concierta los pensamientos —en el lenguaje, Wittgenstein advierte la representación lógica del mundo. De afirmar que deberíamos callar lo que no debemos comunicar, reduciríamos sus posibilidades por no haber más preguntas, y restringiríamos lo que podríamos captar, meditar y exponer. ¿Y la lengua?, repite lo que el corazón piensa —bajo las varias lenguas palpita una poética, y ahí depositan sus sedimentos los ritmos más universales de la existencia inteligente.

Por pesar los caminos a menudo un peso insoportable, unos cuantos marchamos del centro de los sucesos desnudos a la periferia, donde nos enfrentamos con los límites que levantan las sentencias tomadas por sensatas, ¿no violentamos el dictado de tamañas construcciones vedando las imágenes faltas de sentimientos y los sentimientos faltos de imágenes? De intimar conjuntamente con fondo y forma, abundaríamos en la antorcha que despeja tinieblas, ¿un describir cada vez más rico no acaba con que el asunto también ocurra más rico?; en esos parajes discutimos los que gustamos del borboteo de las pilas claustrales, ¿no gozamos con los argumentos indecidibles que hoy llamamos antinomias o paradojas y que la Edad Media denominaba insolubles?, recuerdo aquella de Cicerón, "si tú dices que mientes, o dices la verdad y entonces mientes, o dices mentira y entonces dices la verdad" o esa de Epiménides el cretense, que dice que "todos los cretenses son mentirosos".

¿Las normas de composición de oraciones no imponen una frontera a lo que quisiéramos formular?, el total de las cosas anda ligado por reglas, nada aguanta aislado, ¿la relación sintáctica no imita el análisis de la percepción?; de olvidar que una frase reúne más realidad que sus ingredientes descubriríamos una realidad aún desconocida, ¿y acaso compensa ir más allá de concebir una realidad conocida?, los desafortunados que forzaran el último amarre romperían la cuerda, amargarían el dulce juego que dan las palabras y rodarían a lo que carece de equilibrio, ¿cabe definir "barbero" como el que afeita a los que no se afeitan solos?

¡Ojo con los recreos lingüísticos!, ocasionan calambres mentales; no en vano Pedro Damián apuntó que el demonio ofició de primer gramático de la historia, ¿mientras tentaba a Adán y Eva, no declinó "dios" en plural? Juraría que tratamos con el cristal que opaca lo que en la intuición resulta evidente y enredamos lo que intentamos aclarar; en pro de disipar confusiones y extraer pautas, pongamos empeño en confeccionar un álgebra con que entendernos —considerar esto una pérdida de tiempo implica ignorar lo que encarna la lógica.

¿Que qué nos atrae del lenguaje?, la perspectiva de anchar lo cercano por extender la amplitud del habla, ¿no sospechábamos de su labor intermediaria entre lo innegable y el hombre?; de decir, diremos justo o falso, ortodoxo o heterodoxo, según los términos en que expliquemos con sinceridad las ideas —razón y verbo mantienen un alto parentesco.

Epicuro acertó doblemente en su visión del lenguaje: con su característica de producto espontáneo y con inscribir su motivación en una exteriorización acústica de las emociones que experimentamos en determinadas circunstancias; Abelardo insiste en la procedencia algo arbitraria de los nombres, ¿no deja constancia de sus significados cambiantes y de sus ambigüedades?; Herder situó la raíz del lenguaje en la condición humana, ¿no estropeamos el instinto que guía por senderos seguros a los animales?, suplimos la inferioridad con introspección, ¿y su uso libre no llevó a inventar el lenguaje?; Hamann lo identificó con "revelación misma de Dios y Naturaleza", no con una simple articulación de sonidos. En referencia a un "discurso escrito", ¿no mencionó Sócrates un "jardín de letras"?; al igual que las piezas de ajedrez, tales figuras cumplen su función por su aspecto y no por el material empleado —como las conciencias difieren por el tallado. A semejanza de la urdimbre con la lana, las consonantes circulan por las vocales a modo de lazo, ¿no crean palabras distintas al combinarlas de manera distinta?; ¿clarines de guerra?, por primar los provechos privados sobre el bien público surgen por doquier acusaciones, envidias, odios, sediciones... luego caemos en la cuenta de los defectos sociales que procuramos, y proponemos arreglos que no propician más que nuevas discordias, ¿expresiones y hechos no pasan por manos de quienes aprenden y por quienes no demuestran ni pizca de interés? Las palabras coinciden con los cuerpos pintados en que poseen la apariencia de seres vivientes sin capacidad de respuesta, ¿saben esgrimir sus propios valores cuando sufren insultos inmerecidos a causa de que sus acepciones más profundas no rebasan lo que lamenta, sueña y desea el que las pronuncia?, de ver, veamos a través de la luz y no reparemos tanto en ella. Porque las palabras no tienen más efectividad que el resto de los fenómenos, concluyo con brevedad el capítulo copiando a los pájaros que cesan en sus cantos por cerrar el pico... ahora queda abierta la mayor comprensión: lo indudable interviene con susurros de escondite; ¿el fin de las palabras no consiste en ocuparse de elementos extraños a las palabras?, ¿extraña que impriman movimiento y conduzcan a sus lectores hacia otros útiles? Durante los espaciosos silencios del papel, la queja no cogerá vacaciones, únicamente permanecerá aplazada, ¿asombra que vuelva, pluma en ristre, por ejercicio de proyección y de reabsorción de una vitalidad?, ya que los números sirven para calcular, ¿las palabras no servirán para pensar?