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más de la Experiencia Schelling aseveraba que "el experimento es una pregunta hecha a la naturaleza, a la que la naturaleza está obligada a contestar", ¿jugaría con aquella "probeta de experimentación de la existencia" que redactara Kierkegaard?, los ensayos preparados y adaptados al fin que pretendíamos obtener integran los instrumentos de la mente, ¿no implican una habilidad que coloca al hombre cara a cara con la realidad?, muestran la copresencia de un espíritu complacido y de un cuerpo contemplado. Herbart pinta una apariencia de "algo que es", llena de polos opuestos, ¡cuán enfrentados medimos los modos que delatan las órbitas privadas y públicas!; Kant identifica apariencia con conocimiento sensible —anterior a los planteamientos abstractivos— y experiencia con conocimiento reflejo —fruto de la comparación de múltiples apariencias—, Locke indicó que de una a otra cota subiríamos por la vía especulativa, ¿Nicolás de Autrecourt no coronó el penoso avance con la forma propia y última de lo clarividente? Obviamente, las hipótesis demandan validación por observación o prueba, pero forcemos a que ambos referentes actúen de canon y guía constante en las explicaciones racionales y no sólo sirvan para corroborar resultados, ni para decidir entre diversas alternativas factibles; apostemos por un pensamiento que organiza y orienta la industria y por una industria que estimula y canaliza el pensamiento, ¿no pesa bastante la garantía de Herbart de que el intelecto abogara a menudo por esa inquietante concordancia? Aunque en el incansable empeño de aprehender el Cosmos desarrolláramos métodos que remaran bien en los meandros de recónditas circunvalaciones cerebrales, no suscitaríamos más que nociones ficticias sin la interacción con los alrededores por culpa de nuestra humilde cuna, ¿y de qué manera sortear el escollo si en vez de preceder, siguen a los fenómenos?, apenas emulan conocimiento, en absoluto conocimiento. Pedro Aureolo funda el conocimiento en que "es preciso adherirse al camino de la experiencia más que a la razones lógicas, ya que en la experiencia tiene su origen la ciencia y las nociones comunes que son los principios de las artes"; también reseñamos que el lento peregrinar de Maine de Biran obedece más a una puesta a punto de su intimidad personal que a las exigencias de una exposición discursiva, ¿quién lo prevería de antemano?; no, la lógica no constaba con mando en plaza, ¿acaso no tememos por peligrosamente dogmáticos sus primeros pasos?, no obstante, salva de numerosos caprichos del azar, ¿y qué viene después de tamaña intolerancia?, el escepticismo, ¿y tras la crisis?, durante el acerado tránsito a la crítica conviene señalar los límites de la razón. ¿De qué límites hablamos?, a pesar de que el entendimiento más vigoroso no cimente las bases, ni consiga construir un simple concepto, ni destruir ninguno de los adquiridos, con frecuencia erige una arquitectura majestuosa y eleva hasta el firmamento las cimas del saber, ¿y no aseguraba Leonardo da Vinci que "la sabiduría es hija de la experiencia"?, un puñado de ignorantes la acusan de falacia, ¿y a qué indagar más allá de su ambiente corriente?, ¿del lado de acá engañó en alguna ocasión?, no. ¿Con qué bitácora las mejores cabezas evitaron los rompientes?, nunca con el puro argumento, recurrieron continua e incesantemente a lo sucedido y descubrieron la ley que justifica del "esto ha sido" al "esto será"; ¿y no "es una ley que todo tenga una ley"?, tratamos con el axioma sustancial del determinismo empírico: la insoslayable concatenación de lo ocurrido a sus condiciones. ¿Con qué varita mágica sacamos de usanzas singulares los preceptos cardinales que constituyen los pilares imbatibles de obras tan prodigiosas?, proponemos a la masa gris el inventario humano y las pautas de utilización del material; ¿de qué manera proceden las ideas?, semejante a un motor que impulsa el campo de investigación a la máxima armonía en tentativas ininterrumpidas, ¿no extienden sus fronteras de acontecimiento en acontecimiento y de causa en causa? Entonces, ¿la causalidad no goza de necesidad intrínseca?, ¿y el no entrar en contradicción —único testigo de certeza— no define la conexión causa-efecto?, ¿cuestión de nimia probabilidad?: de que el fuego huela a fuego, no deducimos que queme, calificamos la combustión de consecuencia plausible —no evidente—, tampoco repugna que el fuego se desplace hacia el centro y produzca frío, ¿y no constatamos que siempre tiende a separarse del centro y a producir calor? Aparte de atender a cualidades y accidentes, ¿compete a la práctica alcanzar la esencia de las cosas?, Galileo escribe de la revelación inmediata de lo creado en su verdad, ¿renunciaría por mucho que discrepe con la autoridad?, Galluppi insiste en la exploración del "yo" y en la exploración de lo "fuera de mí", ¿tal bagaje no lo descomponemos con el análisis y lo recomponemos con la síntesis? No contamos con un mecanismo a priori que fije la posibilidad de nuevas experiencias, exclusivamente la experiencia fija la experiencia, establece topes y da cuerda a los paradigmas morales en el terco vaivén de la vida, ¿no empujan a imaginar un "mundo invisible"?, ¿cabría trascender?, de sus relaciones con el entorno visible llegaríamos a inferir unas cuantas características generales, nadie lograría una comprensión positiva. Tschirnhaus sitúa la raíz del conocimiento en la praxis como conciencia interior, ¡qué cartesiano!, ¿y por qué no responsabilizar de su progreso infinito al ejercicio de la norma del deber ser?, Ockham no duda de que a través de ella accedemos a los misterios del alma y que gracias a la intuición percibimos directamente nuestras intenciones, voliciones y estados más profundos, ¿qué salida impondríamos a una búsqueda que no aceptara lo anunciado desde el cielo?, la de que no tomara por consejera más que a la proximidad misma —requisito de libertad en cualquier indagación filosófica. ¿Negar que podamos abordar lo inacabable supone que no creamos en él? |